Karaoke en Palm Springs

EL LUGAR era un descubrimiento, una doble sensación de regocijo. Claro. Todos, o casi todos, alguna vez nos hemos puesto a cantar bajo la regadera y hasta en una reunión familiar hemos castigado a los parientes cantando a destiempo una canción a través de la pantalla del karaoke.
Pero esto era otra cosa.

—I feel good… So good, ’cause I got youuuuu… I feel nice, like a sugar and spice…

La canción de James Brown sonaba tan real, tan profesional, que el hombre que la cantó en el “Peabody’s Café & Bar” de Palm Springs provocó una segunda ronda de aplausos.

—Vamos, vamos a entrar… Se ve que tiene buen ambiente —había insistido la Chulita, luego de ver el desfile navideño de luces, y de cenar.

Nos había tocado una mesa enfrente de donde los aficionados pasaban a cantar sus rolas. Foto: José Fuentes-Salinas

Nos había tocado una mesa enfrente de donde los aficionados pasaban a cantar sus rolas. Foto: José Fuentes-Salinas

Ya era tarde. Acabamos de cenar en “Brickworks Bistró and pizza”, donde nos chupamos una botella de Ruta 22, un vino Malbec argentino. Andábamos levemente flameados, como para regresarnos al hotel a descansar. La chulita tenía que trabajar desde temprano el domingo y esa era mi preocupación, pero su insistencia en ir al karaoke fue mayor. Y es que desde hacía rato el sonido del desmadre que traían los cantantes aficionados llegaba hasta el balcón del restaurant donde cenábamos.

El karaoke estaba en su mero apogeo.

Había una mesa exactamente enfrente de ese pequeño escenario, donde frente a una pantalla iban pasando Beyoncé, Linda Rostandt, James Brown, Bruno Mars…

Rodeado de fotos en blanco y negro, y con spotlights rojizos, de pronto estábamos a expensas de las miradas de algunos de los artistas que alguna vez vivieron en Palm Springs: Marilyn Monroe, Frank Sinatra, Dean Martin, Cary Grant, Jane Mansfield…

En la esquina, el DJ iba recibiendo los papelitos azules con el nombre de las canciones que los aficionados querían cantar y los iba colocando en una en lista con que los iba llamando.

Pasaban solistas, duetos y hasta tríos que lo mismo celebraban un cumpleaños que el simple gusto de llegar al fin de semana enteros.
Los cambios a veces eran radicales, y de una rolita de Barry Manylow se pasaba a un rock pesado, o al mismo rey del soul, James Brown.
— Copa, Copacabana… Her name was Lola, she was a showgirl… She would merengue and do cha-cha…

Una aficionada canta "Copacabana" de Barry Manilow en el "Peabody Cafe & Bar" de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Una aficionada canta “Copacabana” de Barry Manilow en el “Peabody Cafe & Bar” de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Todo cabía en un desmadre sabiéndolo desmadrar. Relájate valedor —me decía—  no la hagas de tos que la noche es tuya.
El vodkita Ketel One con jugo de arándano y la cervecita nos la chiquiteábamos muy despacio aunque no fuéramos a manejar.

Aún con todo ese regocijo sabíamos que al día siguiente habría que levantarse temprano para la conferencia.
Daba gusto ver a las amigas vacilarse a sí mismas, a los viejos sin atributos salir a cantar una balada, saliera como saliera, daba gusto ver de pronto a un joven agarrar el micrófono y cantar como Led Zeppelin o U2.

Incluso fue sorpresivo que una mujer que había permanecido silenciosa en un rincón sin pistear, y que hubiera parecido la dueña del lugar, casi al último se levantó sigilosamente a cantar “Blue Bayou”, y se fue.

Casi al final, una mujer que había permanecido callada se levantó a cantar "Blue Bayou", antes de irse en "Peabody Café & Bar". Foto: José FUENTES-SALINAS

Casi al final, una mujer que había permanecido callada se levantó a cantar “Blue Bayou”, antes de irse en “Peabody Café & Bar”. Foto: José FUENTES-SALINAS

Yo hubiera querido también contribuir a la alegría de todos, pero el DJ no se sabía el acompañamiento para una rola de El Kommander: “Y no se me quitan, estas ganas malditas de abrazarte…”

—José Fuentes-Salinas, 7 , Dec., 2016.  tallerjfs@mail.com

Palm Springs: entre colinas rocosas y galerías

EL MOTIVO: trabajo. Ustedes saben: aquí hay hoteles y en el desierto las ideas fluyen sin tantas tentaciones, por eso se organizan conferencias. Pero no, no se trata de un monasterio. Vea usted, ahí a espaldas de la calle principal están las colinas rocosas donde en un día de suerte uno se puede encontrar con un correcaminos o una zorra perdida, y usted puede encontrar un cielo abrumadamente azul que contrasta con moles rocosas y yerbas aguantadoras a los calores de los mil diablos. Pero en el invierno, la temperatura es templada, y se puede uno fácilmente perder en un café, luego de hacer una caminata por las colinas. Pregúntenmela y les daré mi opinión. Yo vengo aquí por el cielo, por un cielo azul intenso que no se ve ahí cerca en Los Angeles o en el Inland Empire. Por la mañana, el azul es tan intenso que uno duda de la exactitud del lente de la cámara. Las colinas rocosas y las plantas del desierto lo que les falta de agua y verdor, les sobra de arte. Una caminata está llena de formas que van distrayendo la vista a cada paso, y, ya, desde lo más alto se puede ver la ciudad de Palm Springs y las hileras de palmeras que bordean las calles.

Yo vengo aquí por el cielo, y por el aire limpio, lo más básico para pasear para alguien que batalla todos los días con el tráfico de las autopistas que producen esa capa opaca beige sobre las ciudades.

El azul del desierto es de una gran intensidad por su limpieza, algo que contrasta con las formaciones rocosas del desierto. Foto: José Fuentes-Salinas

El azul del desierto es de una gran intensidad por su limpieza, algo que contrasta con las formaciones rocosas del desierto. Foto: José Fuentes-Salinas

Pero no vaya usted a pensar que uno se la pasa mirando el cielo.

Terminado el paseo, llega la hora del desayuno, de la ducha, para meterse al Museo de Arte donde, aunque sea de a poquito, uno se encuentra con una escultura de Picasso o de Henri Moore, o unas piezas de barro de México que los coleccionistas millonarios donaron al museo. El Museo de Arte, ¡ah el arte moderno!… Uno se puede lo mismo encontrar con un montón de bolsas negras de basura en el centro de la galería con pretensiones de esculturas, o una puerta recargada en la pared con un pedazo de alfombra que uno pensaba que era el olvido de un albañil, y resultó ser una obra de arte, o bien, se puede encontrar con un cuadro de Tamayo o una escultura de Felguerez.

Las colecciones del arte moderno del Museo de Arte de Palm Springs son extraordinarias comparadas con el tamaño de la ciudad. Foto: José Fuentes-Salinas

Las colecciones del arte moderno del Museo de Arte de Palm Springs son extraordinarias comparadas con el tamaño de la ciudad. Foto: José Fuentes-Salinas

—¿Le puedo pedir un favor? —le pregunto a una visitante— ¿se puede poner ahí para tomar una foto?.

—Si, claro. ¿Es usted artista?

—Pues, en eso ando —le digo con una risa Cantinflesca.

La interacción con los museos es una de las rutas no explotadas. En el museo de arte hay una pareja de viejos bombos sentados en una banca. Muchos creen, por un buen rato, que están vivos. Luego se acercan a tomarse fotos con una expresión de sorpresa. A mí me gusta tomar fotos de las sombras que se proyectan y de la forma en que el arte se mezcla con las personas. Me gusta también tomar fotos de detalles de las pinturas, como aquel pedacito de un oleo del Siglo XIX, donde se ven juntos un caballo, un búfalo y un apache, muertos en el suelo. Me aburren las pinturas donde se exaltan las figuras de los invasores, como el General Custer, aniquilar a los nativos americanos (ya he visto demasiadas películas de ese tipo). Pero me impresiona ver ese penacho largo y ese collar de garras de oso.

Debo de aceptar que tener un museo así, en medio del desierto no es poca cosa. Para lograrlo tuvieron que morirse varios millonarios, que al final de sus días se aburrieron de sus colecciones y se les ablandó el corazón. En una de las salas, solamente para que nos dé envidia, están las enormes esculturas de Henri Moore con las fotos de los grandes jardines con lagos artificiales

Al fondo se ve una figura reclinada (1956) del escultor Henri Moore, dialogando con el Judas (1906) de Eugenio Pellini. Foto: José Fuentes-Salinas

Al fondo se ve una figura reclinada (1956) del escultor Henri Moore, dialogando con el Judas (1906) de Eugenio Pellini. Foto: José Fuentes-Salinas

¿Para qué sirven los museos? —me lo he preguntado muchas veces.

Ya sé: para sensibilizarnos y, al salir, podamos percibir la belleza a nuestro alrededor, ya se trate de un muro de pintura descascarada, o una enorme roca con pretensiones de escultura.

Pareja de barro procedente de Colima, México, fechada alrededor del 200 BC. en el Museo de Arte de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Pareja de barro procedente de Colima, México, fechada alrededor del 200 BC. en el Museo de Arte de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

—Palm Springs, CA.,  3, Dec., 2016. José Fuentes-Salinas. tallerjfs@gmail.com

La sastrería y los oficios de casa

CADA FAMILIA heredaba un oficio a los chamacos. Imposible no hacerlo. De ahí vienen los primeros apellidos: Sastre, Zapatero, Miller, Carpintero… El oficio casero era la primera linea de ataque para ganarse la vida. El mío fue relacionado con la ropa, con la costura, con la sastrería. “A ver Jonás, dale a este chamaco un pedacito de tela para que se enseñe a sobrehilar”. De los retazos de tela que siempre iban quedando en una caja de cartón debajo de la mesa salía el material elemental para empezar a usar las agujas XXX. Y así, mientras en el Cine Bertha de enfrente se escuchaban Los Churumbeles de España con su “Gitano Señorón”, ahí en la sastrería, empezaba a sobrehilar un pedazo de casimir inglés. Y ya, después de un rato de iniciar un brevísimo párrafo de la sastrería, nos íbamos a la casa.

Tenía unos 8 años. Nunca llegué a sastre pantalonero, ni mucho menos a sastre cortador de trajes. Pero si aprendí a sobrehilar y a hacer ojales que quedaban como culo de gallina, pero servían para que la abertura para los botones no se deshilara. Hoy, en eso pensaba mientras cosía a mano un pantalón Levi’s que me gusta mucho y que me resisto a jubilar. Entre otras cosas, porque he aprendido de las consecuencias ecológicas de la moda. Se necesitan cientos de galones de agua para producir algodón, además de la contaminación de los pesticidas. Para producir el algodón necesario para una playera se necesitan 2,700 litros de agua (worldlife.com).

Nuestros padres y madres, sin saberlo eran grandes ecologistas: nos enseñaban a reparar las cosas para que sirvieran por más tiempo, y antes de tirarlas las revisaban para ver si se podrían usar para otra cosa. Mi madre usaba las latas para hacer macetas para sus plantas y mi padre hacía que la ropa sirviera para todos, desde el hermano mayor al hermano menor, y cuando de plano era solo una hilacha se usaba de trapeador. Una vez que sabía que necesitaba un pantalón, me dió uno de sus pantalones para que lo descosiera, para volverlo a cortar para hacerme uno. No me podía quejar: era un casimir inglés!…

En otra ocasión, mi hermana me hizo una camisa de recortes de casimir muy elegante de manga corta. El único problema era que con la lana sentía que traía una lija en el cuello.

Hoy sé que los elegantes quilts vienen de esa idea de usar los recortes que sobraban de otras costuras.

Y, hace un momento, cuando me puse a coser un pantalón Levi’s que me gusta mucho, las imágenes de mi padre, de mi hermana, de mi familia, me acompañaban para hacer una buena tarea de echar puntadas y hacer nudos.

—José FUENTES-SALINAS,  Long Beach, Ca., tallerjfs@gmail.com

En parte por responsabilidad ambiental, en parte por comodidad y por nostalgia, coser un pantalón recupera el oficio de la familia. Foto: JFS

En parte por responsabilidad ambiental, en parte por comodidad y por nostalgia, coser un pantalón recupera el oficio de la familia. Foto: JFS

Regreso a las colinas de Palm Springs

Lo que fue ya no es.
Han borrado el paisaje que pinté.
No en la manta, en la tierra.
Las máquinas devora las faldas de las montañas.
Rocas y polvo se hacen calles privadas.
Pero en el desierto habrá piscinas.

-II-
Las plantas secas, racimos de neuronas, hacen sinápsis con sus sombras.
Las plantas secas se van desmoronando como las rocas que abrieron sus raíces.
-III-
Entre azul y beige, rocas y ramas sorprende en la planicie.
Subo un poco a las colinas y la mañana es otra.
Dos amigas conversan a lo lejos.
Yo y mi sombra nos entretenemos con piedrecilla es suenan al pisarlas.
Hace tiempo que me vengo enamorando de este paisaje.
-IV-
No sé que vengo a buscar aquí, ausencias de rastros, quizá.
Alguien me acomodó un par de rocas en la parte más alta para observar la ciudad.
Pero aquí no hace falta nada, aquí sobran descansos.
-V-

Rocas y yerbas tienen formas perfectas que contrastan con el azul intenso en Palm Srings. Foto: José Fuentes-Salinas

Rocas y yerbas tienen formas perfectas que contrastan con el azul intenso en Palm Srings. Foto: José Fuentes-Salinas

Trazos de aviones,

rayas blancas en lo azul,

se juntan garabatos,

graffiti celeste, caligrafía abstracta.
-VI-
Cambio de ruta en sábado.
A unos pasos de las colinas está el museo, bodega de abstracciones, antojo de millonarios, lo que en las colinas no tenía nombre, aquí tiene autor y etiquetas.
Pregunto: cómo podré saber dónde hay más belleza? que lío.
-VII-
Entre lo que se arregla y lo que no se arregla entre lo que se encuentra y lo que se olvida en el horizonte, cuerpos solidificados en polímeros y óleos.
Entre el antojo del coleccionista y lo que pide la vista del visitante, la imaginación.
“Tenemos más de lo que podemos mostrar”, dice el empleado del museo.
Si el arte sirve de algo es para enamorarnos de la realidad.
-VIII-
Regreso a la casa.
Los árboles de la calle se desvanecen del verde al ocre.
Como un perro callejero, no me canso de observar.

—José Fuentes-Salinas, Palm Springs, 8 de diciembre de 2015. tallerjfs@gmail.com

De cómo la tecnología cibernética ha alterado la interacción de las personas con el mundo.

 

USTED se levanta a las siete de la mañana un sábado. Lo primero que hace es tomar del buró el teléfono celular, ese aparato que hoy también es: reloj, despertador, telégrafo, cámara fotográfica, calculadora, periódico, “egoteca”, fototeca, buzón, oficina… Ve en la pantalla que son las siete y se da cuenta que dormido lo suficiente y que no amaneció con dolor de cabeza porque supo controlar los tragos anoche -dos copas de Shiraz a lo máximo. Luego revisa si alguien publicó algo importante en el Facebook. Lo apaga. Se pone unos pants, va a la cocina, se sirve un vaso de agua y se va a la esquina del estudio. Abre las ventanas y ve que los árboles están cambiando de color y soltando las hojas rojizas y ocres al suelo. Todo está muy callado si acaso a lo lejos se oye un poco el tráfico. Será que para los consumidores no les alcanzó el viernes negro? -se pregunta. Pensar en que ahorita mismo el supermercado podría estar lleno de clientes le disuade de ir comprar dos o tres cosas que necesita para la semana: un rastrillo para rasurarse, una pasta dental… Sentir que no se ha rasurado le recuerda que anoche la reunión se interrumpió cuando su esposa, en el teléfono celular, descubrió que acababa de morir el líder cubano Fidel Castro, el mandatario que sobrevivió a 11 presidentes norteamericanos. Le recuerda que anoche su vecino se tomaba una foto con un habano sin saber que el personaje del siglo XX que los hizo famosos se moría a los 90 años en la isla.
Usted no sabía si hacer un comentario de la avalancha de información en la Internet, en las llamadas redes sociales. Eran montones de cosas repetitivas, retórica anticastrista, procastrista, e intentos de objetividad. La verdad es que el propósito original de la tecnología cibernética de comunicación se estaba perdiendo. Obtener fácil y rápidamente información era un propósito que chocaba con la avalancha de mensajes poco elaborados que distraían y atascaban el flujo de información. Todo esto tenía un gran gasto: su tiempo. En otros tiempos, digamos que hace 20 años, si hubiera puesto su bata el sábado y salido a recoger el periódico a la calle. Con un café sentado en el sillón, escudriñaría las páginas para leer y rápidamente revisaria lo que realmente le interesaba. Sin clicks, sin conexiones al Wi-Fi, dando vuelta rápidamente a las hojas, encontraría titulares tales como: “Murio Fidel”, Cual será la relación entre Washington y La Habana?, Fidel ya no gobernaba”…
Por la ventana del estudio ve cómo se empieza a nublar el cielo. Han anunciado lluvias. Si todo el día está nublado, usted que se levantó temprano habrá sido de los afortunados en haber podido disfrutar un poco de sol.
El sol vuelve a salir en un agujero de nubes, las nubes se recorren un poco. Todos estos últimos años la sequía ha jugado con la esperanza de los residentes del Sur de California. Varias veces se ha anunciado una temporada lluviosa, varias veces ha prevalecido la sequía. Algo parecido se hizo con la muerte de Fidel. Varias veces lo anunciaba unos cuantos medios, varias veces se desmentían los rumores. Esto se incrementó en el 2006, cuando su hermano Raúl asumió el poder que él tenía. Para muchos, no ver a Fidel en público era suficiente para sospechar que se estaba muriendo.
Desde que derribó la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, para quienes nacieron en los cincuentas, para los “baby boomers” tardíos, Fidel fue la referencia de lo que ocurría en la política latinoamericana y norteamericana. Fidel acusa, acúsan a Fidel, Fidel es la causa… Pero acaso ninguna isla o país de 11 millones de habitantes ocupó tanto la imaginación política de una generación, con el Che Guevara, Camilo Cienfuegos, con la cultura de la isla: Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Eliseo Diego, Cachao…
Escribiendo y escribiendo, empezando a ver salir de sus casas a los vecinos, usted se da cuenta que la interacción con el mundo ha cambiado abismos, desde que se empezó hablar de la revolución cubana.
Del siglo XX al siglo XXI:
* se cambiaron los relojes despertadores por los teléfonos celulares.
* Se cambiaron las bibliotecas por los teléfonos celulares.
* Se cambiaron las conversaciones por los telegramas de los teléfonos celulares.
* Se cambiaron los álbumes familiares por las fotos guardadas en los teléfonos celulares.
* Se cambiaron los correos en buzones por los correos en los teléfonos celulares.
Aún con todo eso, poco sabemos cómo se distribuye la comida en el mundo, cuántas toneladas de bananas y aguacates llegan a un país rico procedentes de un país pobre, y cuantos teléfonos celulares venden un país rico a un país pobre.
En un día de acción de gracias, nuestra gratitud está desarmada de argumentos: no sabemos bien quien nos da.
Y usted que hace años interactuaban reposada y reflexivamente, con papeles, tinta, abrazos, palabras… Hoy, interactúa costosamente con un aparatito que le podría abrir bien los ojos al mundo, pero usted insiste en verlo con los ojos cerrados, casi en un parpadeo, y en blanco y negro…
Por la ventana se ve que las nubes han desaparecido. El azul, y ocre de los árboles son una invitación a llenarse las manos de yerbas.

"Estudio" Foto: José Fuentes-Salinas

“Estudio”
Foto: José Fuentes-Salinas

-26 de noviembre de 2016.

 

—José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com

La triste historia de las cucarachas y su relación con las instituciones

HAN EXISTIDO por 300 millones de años. Son algunos de los animales más exitosos para adaptarse. Se adaptan incluso a los seres humanos, la especie que ha producido los peores venenos y ha jugado con la mortífera radiación. Hay 3500 especies de cucarachas en el mundo. Y aunque algunas sean sumamente inofensivas, las señoras y señoritas, los señores y los señoritos se asustan cuando ven una cucaracha en su cuarto.

Al mismo tiempo, una cumbia centroamericana, les compuso una letra en que las compara con lo más erótico del cuerpo femenino.
“Te pica la cuca, la cuca te pica, te pica en la lengüita”…
Las cucarachas americanas son muy institucionales como algunos seres humanos.
Les gusta estar en áreas protegidas cerca de los desperdicios de comida y la mierda, aunque pueden sobrevivir sin comer hasta dos o tres meses.
A la cucaracha americana le gusta vivir en edificios institucionales grandes y emigran de una compañía a otra en los meses cálidos, dando grandes sustos a las muchachas y muchachos que se baja los pantalones cerca de la taza del excusado.
Desde los tiempos del caballo de Troya, las cucarachas han retenido en su memoria genética la estrategia de invadir los hogares. Entran a escondidas en cajas, maletas, muebles y otros tiliches.
Sin embargo, no hay que sobre estimar sus habilidades.
Después del descanso de fin de semana, entré al baño de la oficina y una cucaracha que se habia salido de la cañería pataleaba desesperada boca arriba con una pata fracturada.
Como en movimientos de Jiu Jitsu y lucha grecorromana buscaban inútilmente ponerse de pie y echarse a correr, mientras yo la filmaba y me reía de sus inútiles esfuerzos.

...la cucaracha pataleaba boca arriba con una pata fracturada... Foto:JFS

…la cucaracha pataleaba boca arriba con una pata fracturada… Foto:JFS

18 de abril de 2016.

José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com

Los abusos a un pavo desde el punto de vista vegetariano

LO PUSIERON en un campo de concentración.

Le cambiaron su identidad, su nombre:

de gua-jo-lo-te, lo dejaron en pavo.

Le arremedaron con burla

sus escandalosos reclamos:

—¡chom-pi-pe, chom-pi-pe…!

Le cortaron el cuello

y lo desplumaron para “dar gracias”.

Ya muerto, le inyectaron

vino y vinagre

para que aflojara el cuerpo.

Le sacaron el corazón y tripas,

y lo rellenaron de tantas cosas.

Le hicieron creer

que era el centro de atención,

pero al día siguiente

nadie quería la otra mitad

de lo que fue su vida.

En el refrigerador, frío

como en una morgue

el resto del pavo

aún esperaba una mordida.

...Le cortaron el cuello y lo desplumaron para "dar gracias"... Foto: JFS

…Le cortaron el cuello y lo desplumaron para “dar gracias”… Foto: JFS

 

 

Le hicieron creer que era el centro de atención, pero al día siguiente ya nadie lo pelaba... Foto: JFS

Le hicieron creer que era el centro de atención, pero al día siguiente ya nadie lo pelaba… Foto: JFS

José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com

The Shopping Season: entre el Viernes Negro y La Navidad

#Thanksgiving, #ViernesNegro, ##Navidad, #ComprasNavideñas, #Malls, #Amazon, #OnSale, #ShoppingCenters… Los “hashtags” de la temporada le producían alergia psicológica. Cuando en la temporada de fin de año iban apareciendo estas categorías, le empezaban a salir ronchas de nostalgia. Como mecanismo de defensa, su mente regresaba a aquella época en que no existían todos estos conceptos. Se trataba de un regresión, de una idealización de un pasado que nunca fue así, como lo explicara Freud. La alergia lo llevaba a una época en que los conceptos eran #aguinaldo, #ponche, #posadas, #cosechas, #amigos, #vacaciones, #Jaja…

Una vez leyó que todas las culturas del mundo, en todas las épocas se mueven por ciclos, y en la última parte del año, los rituales se encaminan a juntarse y compartir, para sentir que el año tuvo sentido. Los croatas se juntan en un lago y sacan una gran cantidad de carpas que mantienen vivas hasta la cena navideña. En algunos pueblos rurales de latinoamérica engordan un guajolote y luego lo sacrifican para cocinarlo. En los orígenes de los regalos, las tribus se juntaban para intercambiar los excedentes de sus cosechas, o de su economía. Eso fue el origen del concepto de regalar: compartir los excedentes, antes que endeudarse para dar lo que no se tiene. La actividad manufacturera o agrícola concluía el año con unos cuantos excedentes, un costal de nueces, un collar de piedras labradas. Toma y daca.

Entró al Centro Comercial de Torrance, California. Se entraba por la tienda que tiene maniquíes de madera estilizados con un estilo cubista, y camisas cercanas a los cien dólares, bolsas “de marca”, que es solo una forma acaso boba de distinguir una mercancía de otra. En esa tienda de ropa, cosméticos, zapatos y relojes, la última novedad era el bar y el restaurant incluido para que la experiencia de compras no se interrumpa por el hambre o por el estrés.

Esa tienda era la puerta de entrada a las más de 200 que ocupaban varias cuadras: Kate Spade New York, Hugo Boss, Brook’s Brothers, Z Gallerie, Vince Camuto. Nordstrom, Macy’s, Macy’s Men, Levis, Home & Furniture, JCPenney, Sears, Billabong…

Pero él buscaba más la originalidad: el changarrito que hacía playeras, el puestecito de nacimientos y cruces de madera de olivo de Jerusalem, la tienda “Ay Güey” que vendía playeras y artículos de boutique mexicanos…

También le gustaba pasar a las tiendas TJ Maxx, donde si había algo que le gustaba debía llevárselo, porque no iba a durar a ese precio. Ahí era donde cada año compraba las chucherías para el intercambio de regalos de la compañía: un pomo, una taza, un cuadro, un adorno…

El Centro Comercial había sido remodelado hace poco más de un año. El costo de la remodelación lo pagaron las tiendas de .99 centavos, y otras que vendían artesanía de importación.

Los puestos temporales eran los pocos que le sorprendían, como el vendedor de artículos de Fe.

—¿Por qué junta el nacimiento con la muerte?- le preguntó al comerciante de artículos de madera de olivos, de Jerusalem.

El comerciante pensó que era una pregunta absurda, o por lo menos rara.

—Es lo que pide la gente —dijo.

En el centro comercial los adornos navideños y las ofertas empezaban a colgarse. Pero ese puesto de nacimientos tallados en madera era la única referencia al concepto original. Se justificaba. Pero ¿y las cruces? ¿por qué poner un montón de cruces del martirizado Jesús rodeado de nacimientos?

—Eso no es bueno para que lo vean los niños —quiso decirle— imagínese que venga un niño y una madre tenga que explicarle que a ese bebé lo van a sacrificar en una cruz, haciéndole derramar sangre con una corona de espinas. ¡Qué salvajada!, ¿no le parece?… Por lo menos no es lo políticamente correcto. ¿Por qué no guarda las crucifixiones para otro tiempo?

En esa tienda, que se ostentaba como la más grande de la Costa Oeste, aún no tenía la tienda favorita de los jóvenes y muchos mayores: la Apple. Por alguna razón, aún no se incluía, a pesar de que en otro “mall”, el de Cerritos, existía desde hacía varios años, y, en los fines de semana se convertía como en una verdadera misa de la tecnología cibernética.

La tecnología cibernética era acaso la mercancía más cotizada de la segunda década del milenio. Era esa misma tecnología que poco a poco estaba enterrando esa costumbre del #BlackFriday de atiborrar las tiendas para aprovechar las ofertas, algunas veces incluso desde la madrugada posterior al Día de Acción de Gracias.

Ahora, los compradores compraban “On Line” averiguando las ofertas en Amazon, y, algunas veces, recogían la mercancía en la tienda el mismo día de la compra, pero sin hacer lineas para pagar.

También, algunas tiendas, sabedoras de que cuando se cumplen los 30 años los compradores se hacen más inteligentes, empezaron a inventar fechas alrededor del año para que la gente fuera comprando con la sensación de que le daban más barato: Valentines Day, Mothers Day, Labor Day, Veterans Day, Cinco de Mayo, Super Saturday… ¡A Viernes Negro, cada vez te la vez más negras, cada vez eres más gris!… Lo bueno es que para muchos habrá más tiempo para digerir la comilona del Pavo, del  Thanksgiving.

Puesto temporal de venta de adornos navideños para el arbolito en Del Amo Fashion Center. Foto: JFS

Puesto temporal de venta de adornos navideños para el arbolito en Del Amo Fashion Center. Foto: JFS

 

 

CONTRAREFRANES

I

Tanto peca el que mata a la vaca, como el que se hace buey.

II

A los amigos se les conoce en la hospitalidad y fuera de la cárcel. No confundamos la inevitabilidad con la libre elección.

III

A caballo dado, cámbialo por una bicicleta.

IV

Cada chango a su petate.

José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com , 30, oct., 2014

Bicicletas a la venta en el Swap Meet de Carson, California. Foto: JFS

Bicicletas a la venta en el Swap Meet de Carson, California. Foto: JFS