Instrucciones para esperar en una sala de hospital

SEA PACIENTE, aunque no esté internado. Asegúrese que tomó su dosis diaria de cafeína, pero no se desespere. Reconozca el lugar del sanitario. Acostúmbrese al olor a desodorante, a las lociones de las señoras y a la pizza de pepperoni de esa mujer que llegó en silla de ruedas de doble rodada. Pregúntele a la recepcionista cuanto habrá de esperar, pero no crea lo que dice. Cuente más bien cuántas cabezas hay en la sala y no se ocupe del mal aspecto que tienen. El dolor siempre es así de aburrido: los gestos se descomponen, los párpados se caen… La sala de un hospital es mala para conversar en temporada de catarros. Así es que mejor evite las conversaciones. No abra la boca. Mejor, abra su teléfono-computadora y en la pantalla cuéntese usted mismo un cuento -que sea pequeño por si le toca su turno.
No vaya hacer esperar al radiólogo para que le retrate ese esqueleto desgastado.

Las salas de espera son así, ya sabe cómo. Foto: JFS

José Fuentes-Salinas, Irvine, California,  13. Ene. 2017. tallerjfs@gmail.com

Los cafés y la realidad virtual

Hay muchas formas de pensar en la realidad.
Mientras mi hijo se esforzaba por mostrarme la magia de la realidad virtual, alrededor de nosotros ocurría otra realidad más real. La realidad del cafecito adonde íbamos desde que era niño nos invitaba a juntar lo viejo con lo nuevo. The Library Coffee House, en Long Beach, está hecho de libreros de libros usados, de mesas y sillas de un segundo o tercero.
En la pantalla de su computadora me enseñaba como los objetos y personas inexistentes en ese momento aparecían flotando en la pantalla de esa realidad virtual.
Mientras, personas reales conversaban cara a cara y tomaban café de verdad.
También se comunicaban con otra realidad del pasado o del presente: una pareja de posibles novios que no se habían visto desde la escuela secundaria, clientes que exploraban algo en la Internet, y un grupo de señoras psíquicas que compartían como en los tiempos de Allan Kardec sus testimonios de la comunicación con los muertos.
Hablaban de un esposo que regresaba de la muerte, de un fantasma que quería expulsarlas de la casa, de su grado de espiritualidad…
Entre tantas realidades, con mi hijo conversábamos sobre cómo juntar unos cuantos cuentos infantiles y acomodarlos en el ciberespacio del Tío Caimán, un personaje ficticio que también tiene algo de realidad.

The Library Coffee House in Long Beach, CA. Photo: José Fuentes-Salinas

-Long Beach, CA, 30 DEC., 2016. tallerjfs@gmail.com

Swap Meets: “La permanencia del retrato” -los viejos “selfies”-

¿Y COMO ES que calló tan bajo la mujer del peinado duro

la de los ojos serios y el vestido azul?

¿Y cómo es que está aquí su retrato

lleno de polilla sobre el asfalto?

¿Alguien podría explicarme

la historia reciente de esta mujer antigüa?

¿Alguien podría decirme

de qué muro, de qué humedad

se desprendió del todo?

Yo quisiera saber si hay forma

de ponerle edad y precio

a este maquillaje, a esta insistencia

de recuperarse del olvido.

Viejo retrato en un mercado de pulgas, Swap Meet, de Carson, California. Foto: José Fuentes-Salinas

-José Fuentes-Salinas, 16, Dec., 2016. tallerjfs@gmail.com

El sacrificio de las arañas verdes

CUANDO sea aún más evidente que el veneno de los pesticidas en las plantas son mucho más dañinos que las ocasionales molestias de las arañas en la agricultura, se les hará justicia. Las arañas y otros insectos benéficos son el futuro y el presente de la agricultura orgánica. Mientras, basado en mi experiencia de entomólogo aficionado, me siento obligado a dar testimonio de la Lynx verde que tuve como residente en el nopal del jardín.

1.- La araña Lynx verde hace su nido y lo protege de depredadores. Foto: José Fuentes-Salinas

1.- La araña Lynx verde hace su nido y lo protege de depredadores. Foto: José Fuentes-Salinas

Digo que “tuve”, porque hoy que llegué del trabajo me di cuenta que su ciclo había concluido. La araña verde hizo primero un nido, una bolita en el extremo de la penca del nopal. Ese nido lo cuidó por varios días contra otros depredadores. Hizo un tejido fino y breve para que no llegaran avispas u otros insectos a destruírlo. Pacientemente esperó, hasta que emergieron las arañitas. Y cuando estas nacieron, les enseñó a cuidarse, a juntarse cuando el viento sacudía la planta y a estar listas para cuando llegara el día.

2.- Al nacer las arañas, les enseñó a juntarse para protegerse de los ramalazos del viento. Foto: José Fuentes-Salinas.

2.- Al nacer las arañas, les enseñó a juntarse para protegerse de los ramalazos del viento. Foto: José Fuentes-Salinas.

Hoy llegó el día. La araña madre quedó inmóvil cerca del nido que tanto protegió. Las arañitas pronto se irán a defenderse por ellas mismas y a dar cuenta de los insectos dañinos para proteger el jardín, algo que les enseñó su madre, que por cierto tiene un gran cerebro.

3.- Finalmente, al concluir su ciclo, la araña verde Lynx quedó inmóvil junto a su nido. Foto: José Fuentes-Salinas

3.- Finalmente, al concluir su ciclo, la araña verde Lynx quedó inmóvil junto a su nido. Foto: José Fuentes-Salinas

Herramientas, símbolos y adornos del Swap Meet

EL VIEJO payaso de Ports O’ Call de San Pedro me lo dijo una vez: “Santa Claus no era rojo, así lo hizo la Coca Cola para hacer promoción. El original era verde”. Nino The Clown era un payaso de una voz gruesa y sonora que a su edad ya solamente inflaba globos salchicha para venderlos por un dólar en el puerto. Todos lo daban por un pobre viejo, pero quien se acercaba a conversar con él, se daba cuenta que era un experto en historia bíblica y había leído la Biblia en hebreo. En él pensaba ahora que andaba en el Swap Meet de Carson. Había varios Santa Claus desempleados, recién salidos de una bodega o de un garaje.

Un Santa Clause desempleado esperando a un comprador en el Swap Meet de Carson, California. Foto: José Fuentes-Salinas

Un Santa Clause desempleado esperando a un comprador en el Swap Meet de Carson, California. Foto: José Fuentes-Salinas

Los vendedores de usado trataban de darles una nueva oportunidad para animar las fiestas decembrinas. En los Swap Meets o tianguis de cosas usadas uno no sabe que se va a encontrar. Por eso siempre estoy regresando. A veces solamente para ver y para tomar fotos con el iPhone, de manera discreta, a veces sin que los vendedores lo adviertan. Los objetos dicen cosas, “connotan” significados. Aunque su vida útil ya haya concluído, son “signos”. Pero los significados hay que irlos recuperando. Me encuentro también en otro puesto unas tijeras de podar arbustos, una hoz y un martillo, exactamente como las que aparecían en las banderas rojas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La hoz y el martillo significaban la unión entre los campesinos y  obreros. A los vendedores les importa un carajo todas esas cosas. A ellos solo les interesa darles nuevo uso a las cosas que se van encontrando en ventas de garaje y ganarse unos dólares.

La hoz y el martillo que alguna vez fueron los símbolos de la unión entre obreros y campesinos se pierden entre otras herramientas del Swap Meet de Carson. Foto: José Fuentes-Salinas

La hoz y el martillo que alguna vez fueron los símbolos de la unión entre obreros y campesinos se pierden entre otras herramientas del Swap Meet de Carson. Foto: José Fuentes-Salinas

—Dame 120 dólares y te llevas a todos los apóstoles, incluyendo a Judas —me dice uno de ellos- que ¿dónde los encontré?… Estos vienen de un “storage room” donde remataron todas las cosas para vaciarlo.

Los apóstoles los vendían todos juntos, porque era muy difícil que alguien quisiera luego comprarlos uno por uno, y, posiblemente se les quedara Judas. Pero eran cuadros al óleo con buenos marcos. ¿Quién los había hecho? ¿dónde habían estado?… En el Swap Meet, su procedencia era tan anónima como esas sillas de ruedas, muletas, andadores o bacinicas de personas que acaso ya se habían muerto.

Ahora entiendo por qué a Neruda le gustaba andar tanto en los mercados. Las cosas, los objetos son metáforas también. En un mercado se dan la mano los mitos, los sagrado, con las cosas triviales. En el puesto de playeras están las vírgenes de Guadalupe junto con el Chapo Guzmán y Kate del Castillo. Se puede leer incluso la frase de el narcotraficante donde le dice a la actriz “ten fe en que vas a estar segura yo te voy a proteger”.

—José Fuentes-Salinas, Carson, California. 12.DEC. 2016. tallerjfs@gmail.com

Playeras donde se mezclan todo tipo de símbolos, incluyendo al Chapo Guzmán con la Vírgen de Guadalupe. Foto: José Fuentes-Salinas

Playeras donde se mezclan todo tipo de símbolos, incluyendo al Chapo Guzmán con la Vírgen de Guadalupe. Foto: José Fuentes-Salinas

Karaoke en Palm Springs

EL LUGAR era un descubrimiento, una doble sensación de regocijo. Claro. Todos, o casi todos, alguna vez nos hemos puesto a cantar bajo la regadera y hasta en una reunión familiar hemos castigado a los parientes cantando a destiempo una canción a través de la pantalla del karaoke.
Pero esto era otra cosa.

—I feel good… So good, ’cause I got youuuuu… I feel nice, like a sugar and spice…

La canción de James Brown sonaba tan real, tan profesional, que el hombre que la cantó en el “Peabody’s Café & Bar” de Palm Springs provocó una segunda ronda de aplausos.

—Vamos, vamos a entrar… Se ve que tiene buen ambiente —había insistido la Chulita, luego de ver el desfile navideño de luces, y de cenar.

Nos había tocado una mesa enfrente de donde los aficionados pasaban a cantar sus rolas. Foto: José Fuentes-Salinas

Nos había tocado una mesa enfrente de donde los aficionados pasaban a cantar sus rolas. Foto: José Fuentes-Salinas

Ya era tarde. Acabamos de cenar en “Brickworks Bistró and pizza”, donde nos chupamos una botella de Ruta 22, un vino Malbec argentino. Andábamos levemente flameados, como para regresarnos al hotel a descansar. La chulita tenía que trabajar desde temprano el domingo y esa era mi preocupación, pero su insistencia en ir al karaoke fue mayor. Y es que desde hacía rato el sonido del desmadre que traían los cantantes aficionados llegaba hasta el balcón del restaurant donde cenábamos.

El karaoke estaba en su mero apogeo.

Había una mesa exactamente enfrente de ese pequeño escenario, donde frente a una pantalla iban pasando Beyoncé, Linda Rostandt, James Brown, Bruno Mars…

Rodeado de fotos en blanco y negro, y con spotlights rojizos, de pronto estábamos a expensas de las miradas de algunos de los artistas que alguna vez vivieron en Palm Springs: Marilyn Monroe, Frank Sinatra, Dean Martin, Cary Grant, Jane Mansfield…

En la esquina, el DJ iba recibiendo los papelitos azules con el nombre de las canciones que los aficionados querían cantar y los iba colocando en una en lista con que los iba llamando.

Pasaban solistas, duetos y hasta tríos que lo mismo celebraban un cumpleaños que el simple gusto de llegar al fin de semana enteros.
Los cambios a veces eran radicales, y de una rolita de Barry Manylow se pasaba a un rock pesado, o al mismo rey del soul, James Brown.
— Copa, Copacabana… Her name was Lola, she was a showgirl… She would merengue and do cha-cha…

Una aficionada canta "Copacabana" de Barry Manilow en el "Peabody Cafe & Bar" de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Una aficionada canta “Copacabana” de Barry Manilow en el “Peabody Cafe & Bar” de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Todo cabía en un desmadre sabiéndolo desmadrar. Relájate valedor —me decía—  no la hagas de tos que la noche es tuya.
El vodkita Ketel One con jugo de arándano y la cervecita nos la chiquiteábamos muy despacio aunque no fuéramos a manejar.

Aún con todo ese regocijo sabíamos que al día siguiente habría que levantarse temprano para la conferencia.
Daba gusto ver a las amigas vacilarse a sí mismas, a los viejos sin atributos salir a cantar una balada, saliera como saliera, daba gusto ver de pronto a un joven agarrar el micrófono y cantar como Led Zeppelin o U2.

Incluso fue sorpresivo que una mujer que había permanecido silenciosa en un rincón sin pistear, y que hubiera parecido la dueña del lugar, casi al último se levantó sigilosamente a cantar “Blue Bayou”, y se fue.

Casi al final, una mujer que había permanecido callada se levantó a cantar "Blue Bayou", antes de irse en "Peabody Café & Bar". Foto: José FUENTES-SALINAS

Casi al final, una mujer que había permanecido callada se levantó a cantar “Blue Bayou”, antes de irse en “Peabody Café & Bar”. Foto: José FUENTES-SALINAS

Yo hubiera querido también contribuir a la alegría de todos, pero el DJ no se sabía el acompañamiento para una rola de El Kommander: “Y no se me quitan, estas ganas malditas de abrazarte…”

—José Fuentes-Salinas, 7 , Dec., 2016.  tallerjfs@mail.com

Palm Springs: entre colinas rocosas y galerías

EL MOTIVO: trabajo. Ustedes saben: aquí hay hoteles y en el desierto las ideas fluyen sin tantas tentaciones, por eso se organizan conferencias. Pero no, no se trata de un monasterio. Vea usted, ahí a espaldas de la calle principal están las colinas rocosas donde en un día de suerte uno se puede encontrar con un correcaminos o una zorra perdida, y usted puede encontrar un cielo abrumadamente azul que contrasta con moles rocosas y yerbas aguantadoras a los calores de los mil diablos. Pero en el invierno, la temperatura es templada, y se puede uno fácilmente perder en un café, luego de hacer una caminata por las colinas. Pregúntenmela y les daré mi opinión. Yo vengo aquí por el cielo, por un cielo azul intenso que no se ve ahí cerca en Los Angeles o en el Inland Empire. Por la mañana, el azul es tan intenso que uno duda de la exactitud del lente de la cámara. Las colinas rocosas y las plantas del desierto lo que les falta de agua y verdor, les sobra de arte. Una caminata está llena de formas que van distrayendo la vista a cada paso, y, ya, desde lo más alto se puede ver la ciudad de Palm Springs y las hileras de palmeras que bordean las calles.

Yo vengo aquí por el cielo, y por el aire limpio, lo más básico para pasear para alguien que batalla todos los días con el tráfico de las autopistas que producen esa capa opaca beige sobre las ciudades.

El azul del desierto es de una gran intensidad por su limpieza, algo que contrasta con las formaciones rocosas del desierto. Foto: José Fuentes-Salinas

El azul del desierto es de una gran intensidad por su limpieza, algo que contrasta con las formaciones rocosas del desierto. Foto: José Fuentes-Salinas

Pero no vaya usted a pensar que uno se la pasa mirando el cielo.

Terminado el paseo, llega la hora del desayuno, de la ducha, para meterse al Museo de Arte donde, aunque sea de a poquito, uno se encuentra con una escultura de Picasso o de Henri Moore, o unas piezas de barro de México que los coleccionistas millonarios donaron al museo. El Museo de Arte, ¡ah el arte moderno!… Uno se puede lo mismo encontrar con un montón de bolsas negras de basura en el centro de la galería con pretensiones de esculturas, o una puerta recargada en la pared con un pedazo de alfombra que uno pensaba que era el olvido de un albañil, y resultó ser una obra de arte, o bien, se puede encontrar con un cuadro de Tamayo o una escultura de Felguerez.

Las colecciones del arte moderno del Museo de Arte de Palm Springs son extraordinarias comparadas con el tamaño de la ciudad. Foto: José Fuentes-Salinas

Las colecciones del arte moderno del Museo de Arte de Palm Springs son extraordinarias comparadas con el tamaño de la ciudad. Foto: José Fuentes-Salinas

—¿Le puedo pedir un favor? —le pregunto a una visitante— ¿se puede poner ahí para tomar una foto?.

—Si, claro. ¿Es usted artista?

—Pues, en eso ando —le digo con una risa Cantinflesca.

La interacción con los museos es una de las rutas no explotadas. En el museo de arte hay una pareja de viejos bombos sentados en una banca. Muchos creen, por un buen rato, que están vivos. Luego se acercan a tomarse fotos con una expresión de sorpresa. A mí me gusta tomar fotos de las sombras que se proyectan y de la forma en que el arte se mezcla con las personas. Me gusta también tomar fotos de detalles de las pinturas, como aquel pedacito de un oleo del Siglo XIX, donde se ven juntos un caballo, un búfalo y un apache, muertos en el suelo. Me aburren las pinturas donde se exaltan las figuras de los invasores, como el General Custer, aniquilar a los nativos americanos (ya he visto demasiadas películas de ese tipo). Pero me impresiona ver ese penacho largo y ese collar de garras de oso.

Debo de aceptar que tener un museo así, en medio del desierto no es poca cosa. Para lograrlo tuvieron que morirse varios millonarios, que al final de sus días se aburrieron de sus colecciones y se les ablandó el corazón. En una de las salas, solamente para que nos dé envidia, están las enormes esculturas de Henri Moore con las fotos de los grandes jardines con lagos artificiales

Al fondo se ve una figura reclinada (1956) del escultor Henri Moore, dialogando con el Judas (1906) de Eugenio Pellini. Foto: José Fuentes-Salinas

Al fondo se ve una figura reclinada (1956) del escultor Henri Moore, dialogando con el Judas (1906) de Eugenio Pellini. Foto: José Fuentes-Salinas

¿Para qué sirven los museos? —me lo he preguntado muchas veces.

Ya sé: para sensibilizarnos y, al salir, podamos percibir la belleza a nuestro alrededor, ya se trate de un muro de pintura descascarada, o una enorme roca con pretensiones de escultura.

Pareja de barro procedente de Colima, México, fechada alrededor del 200 BC. en el Museo de Arte de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Pareja de barro procedente de Colima, México, fechada alrededor del 200 BC. en el Museo de Arte de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

—Palm Springs, CA.,  3, Dec., 2016. José Fuentes-Salinas. tallerjfs@gmail.com

La sastrería y los oficios de casa

CADA FAMILIA heredaba un oficio a los chamacos. Imposible no hacerlo. De ahí vienen los primeros apellidos: Sastre, Zapatero, Miller, Carpintero… El oficio casero era la primera linea de ataque para ganarse la vida. El mío fue relacionado con la ropa, con la costura, con la sastrería. “A ver Jonás, dale a este chamaco un pedacito de tela para que se enseñe a sobrehilar”. De los retazos de tela que siempre iban quedando en una caja de cartón debajo de la mesa salía el material elemental para empezar a usar las agujas XXX. Y así, mientras en el Cine Bertha de enfrente se escuchaban Los Churumbeles de España con su “Gitano Señorón”, ahí en la sastrería, empezaba a sobrehilar un pedazo de casimir inglés. Y ya, después de un rato de iniciar un brevísimo párrafo de la sastrería, nos íbamos a la casa.

Tenía unos 8 años. Nunca llegué a sastre pantalonero, ni mucho menos a sastre cortador de trajes. Pero si aprendí a sobrehilar y a hacer ojales que quedaban como culo de gallina, pero servían para que la abertura para los botones no se deshilara. Hoy, en eso pensaba mientras cosía a mano un pantalón Levi’s que me gusta mucho y que me resisto a jubilar. Entre otras cosas, porque he aprendido de las consecuencias ecológicas de la moda. Se necesitan cientos de galones de agua para producir algodón, además de la contaminación de los pesticidas. Para producir el algodón necesario para una playera se necesitan 2,700 litros de agua (worldlife.com).

Nuestros padres y madres, sin saberlo eran grandes ecologistas: nos enseñaban a reparar las cosas para que sirvieran por más tiempo, y antes de tirarlas las revisaban para ver si se podrían usar para otra cosa. Mi madre usaba las latas para hacer macetas para sus plantas y mi padre hacía que la ropa sirviera para todos, desde el hermano mayor al hermano menor, y cuando de plano era solo una hilacha se usaba de trapeador. Una vez que sabía que necesitaba un pantalón, me dió uno de sus pantalones para que lo descosiera, para volverlo a cortar para hacerme uno. No me podía quejar: era un casimir inglés!…

En otra ocasión, mi hermana me hizo una camisa de recortes de casimir muy elegante de manga corta. El único problema era que con la lana sentía que traía una lija en el cuello.

Hoy sé que los elegantes quilts vienen de esa idea de usar los recortes que sobraban de otras costuras.

Y, hace un momento, cuando me puse a coser un pantalón Levi’s que me gusta mucho, las imágenes de mi padre, de mi hermana, de mi familia, me acompañaban para hacer una buena tarea de echar puntadas y hacer nudos.

—José FUENTES-SALINAS,  Long Beach, Ca., tallerjfs@gmail.com

En parte por responsabilidad ambiental, en parte por comodidad y por nostalgia, coser un pantalón recupera el oficio de la familia. Foto: JFS

En parte por responsabilidad ambiental, en parte por comodidad y por nostalgia, coser un pantalón recupera el oficio de la familia. Foto: JFS

Regreso a las colinas de Palm Springs

Lo que fue ya no es.
Han borrado el paisaje que pinté.
No en la manta, en la tierra.
Las máquinas devora las faldas de las montañas.
Rocas y polvo se hacen calles privadas.
Pero en el desierto habrá piscinas.

-II-
Las plantas secas, racimos de neuronas, hacen sinápsis con sus sombras.
Las plantas secas se van desmoronando como las rocas que abrieron sus raíces.
-III-
Entre azul y beige, rocas y ramas sorprende en la planicie.
Subo un poco a las colinas y la mañana es otra.
Dos amigas conversan a lo lejos.
Yo y mi sombra nos entretenemos con piedrecilla es suenan al pisarlas.
Hace tiempo que me vengo enamorando de este paisaje.
-IV-
No sé que vengo a buscar aquí, ausencias de rastros, quizá.
Alguien me acomodó un par de rocas en la parte más alta para observar la ciudad.
Pero aquí no hace falta nada, aquí sobran descansos.
-V-

Rocas y yerbas tienen formas perfectas que contrastan con el azul intenso en Palm Srings. Foto: José Fuentes-Salinas

Rocas y yerbas tienen formas perfectas que contrastan con el azul intenso en Palm Srings. Foto: José Fuentes-Salinas

Trazos de aviones,

rayas blancas en lo azul,

se juntan garabatos,

graffiti celeste, caligrafía abstracta.
-VI-
Cambio de ruta en sábado.
A unos pasos de las colinas está el museo, bodega de abstracciones, antojo de millonarios, lo que en las colinas no tenía nombre, aquí tiene autor y etiquetas.
Pregunto: cómo podré saber dónde hay más belleza? que lío.
-VII-
Entre lo que se arregla y lo que no se arregla entre lo que se encuentra y lo que se olvida en el horizonte, cuerpos solidificados en polímeros y óleos.
Entre el antojo del coleccionista y lo que pide la vista del visitante, la imaginación.
“Tenemos más de lo que podemos mostrar”, dice el empleado del museo.
Si el arte sirve de algo es para enamorarnos de la realidad.
-VIII-
Regreso a la casa.
Los árboles de la calle se desvanecen del verde al ocre.
Como un perro callejero, no me canso de observar.

—José Fuentes-Salinas, Palm Springs, 8 de diciembre de 2015. tallerjfs@gmail.com

De cómo la tecnología cibernética ha alterado la interacción de las personas con el mundo.

 

USTED se levanta a las siete de la mañana un sábado. Lo primero que hace es tomar del buró el teléfono celular, ese aparato que hoy también es: reloj, despertador, telégrafo, cámara fotográfica, calculadora, periódico, “egoteca”, fototeca, buzón, oficina… Ve en la pantalla que son las siete y se da cuenta que dormido lo suficiente y que no amaneció con dolor de cabeza porque supo controlar los tragos anoche -dos copas de Shiraz a lo máximo. Luego revisa si alguien publicó algo importante en el Facebook. Lo apaga. Se pone unos pants, va a la cocina, se sirve un vaso de agua y se va a la esquina del estudio. Abre las ventanas y ve que los árboles están cambiando de color y soltando las hojas rojizas y ocres al suelo. Todo está muy callado si acaso a lo lejos se oye un poco el tráfico. Será que para los consumidores no les alcanzó el viernes negro? -se pregunta. Pensar en que ahorita mismo el supermercado podría estar lleno de clientes le disuade de ir comprar dos o tres cosas que necesita para la semana: un rastrillo para rasurarse, una pasta dental… Sentir que no se ha rasurado le recuerda que anoche la reunión se interrumpió cuando su esposa, en el teléfono celular, descubrió que acababa de morir el líder cubano Fidel Castro, el mandatario que sobrevivió a 11 presidentes norteamericanos. Le recuerda que anoche su vecino se tomaba una foto con un habano sin saber que el personaje del siglo XX que los hizo famosos se moría a los 90 años en la isla.
Usted no sabía si hacer un comentario de la avalancha de información en la Internet, en las llamadas redes sociales. Eran montones de cosas repetitivas, retórica anticastrista, procastrista, e intentos de objetividad. La verdad es que el propósito original de la tecnología cibernética de comunicación se estaba perdiendo. Obtener fácil y rápidamente información era un propósito que chocaba con la avalancha de mensajes poco elaborados que distraían y atascaban el flujo de información. Todo esto tenía un gran gasto: su tiempo. En otros tiempos, digamos que hace 20 años, si hubiera puesto su bata el sábado y salido a recoger el periódico a la calle. Con un café sentado en el sillón, escudriñaría las páginas para leer y rápidamente revisaria lo que realmente le interesaba. Sin clicks, sin conexiones al Wi-Fi, dando vuelta rápidamente a las hojas, encontraría titulares tales como: “Murio Fidel”, Cual será la relación entre Washington y La Habana?, Fidel ya no gobernaba”…
Por la ventana del estudio ve cómo se empieza a nublar el cielo. Han anunciado lluvias. Si todo el día está nublado, usted que se levantó temprano habrá sido de los afortunados en haber podido disfrutar un poco de sol.
El sol vuelve a salir en un agujero de nubes, las nubes se recorren un poco. Todos estos últimos años la sequía ha jugado con la esperanza de los residentes del Sur de California. Varias veces se ha anunciado una temporada lluviosa, varias veces ha prevalecido la sequía. Algo parecido se hizo con la muerte de Fidel. Varias veces lo anunciaba unos cuantos medios, varias veces se desmentían los rumores. Esto se incrementó en el 2006, cuando su hermano Raúl asumió el poder que él tenía. Para muchos, no ver a Fidel en público era suficiente para sospechar que se estaba muriendo.
Desde que derribó la dictadura de Fulgencio Batista en 1959, para quienes nacieron en los cincuentas, para los “baby boomers” tardíos, Fidel fue la referencia de lo que ocurría en la política latinoamericana y norteamericana. Fidel acusa, acúsan a Fidel, Fidel es la causa… Pero acaso ninguna isla o país de 11 millones de habitantes ocupó tanto la imaginación política de una generación, con el Che Guevara, Camilo Cienfuegos, con la cultura de la isla: Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Eliseo Diego, Cachao…
Escribiendo y escribiendo, empezando a ver salir de sus casas a los vecinos, usted se da cuenta que la interacción con el mundo ha cambiado abismos, desde que se empezó hablar de la revolución cubana.
Del siglo XX al siglo XXI:
* se cambiaron los relojes despertadores por los teléfonos celulares.
* Se cambiaron las bibliotecas por los teléfonos celulares.
* Se cambiaron las conversaciones por los telegramas de los teléfonos celulares.
* Se cambiaron los álbumes familiares por las fotos guardadas en los teléfonos celulares.
* Se cambiaron los correos en buzones por los correos en los teléfonos celulares.
Aún con todo eso, poco sabemos cómo se distribuye la comida en el mundo, cuántas toneladas de bananas y aguacates llegan a un país rico procedentes de un país pobre, y cuantos teléfonos celulares venden un país rico a un país pobre.
En un día de acción de gracias, nuestra gratitud está desarmada de argumentos: no sabemos bien quien nos da.
Y usted que hace años interactuaban reposada y reflexivamente, con papeles, tinta, abrazos, palabras… Hoy, interactúa costosamente con un aparatito que le podría abrir bien los ojos al mundo, pero usted insiste en verlo con los ojos cerrados, casi en un parpadeo, y en blanco y negro…
Por la ventana se ve que las nubes han desaparecido. El azul, y ocre de los árboles son una invitación a llenarse las manos de yerbas.

"Estudio" Foto: José Fuentes-Salinas

“Estudio”
Foto: José Fuentes-Salinas

-26 de noviembre de 2016.

 

—José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com