CRONICAS DE CALIFORNIA: “El Rey del Cilantro”

Por Jose FUENTES-SALINAS / Tlacuilos.com

Castaic, California, 2004.- A los ocho años, Francisco González jalaba los caballos para que su hermano fuera sembrando los cultivos de garbanzo en su natal Jamay, Jalisco.

Hoy, a sus 49 años, es el mayor productor de cilantro en los Estados Unidos y es probable que usted ahora mismo esté comiéndose unos tacos con algunos de los 27 vegetales que produce.

“La verdad es que los caballos me jalaban más bien a mí”, dice sentado en la sala de su casa en Castaic, quien ahora tiene alrededor de 100 caballos de carreras, muchos de ellos premiados en los mejores hipódromos nacionales.

Tomándose una taza de café en la sala de su casa, Francisco cuenta que nunca tuvo otros juegos que no fueran los de espantar con carabinas y resorteras las parvadas de pájaros que llegaban a los terrenos de Las playas y Las mulas.

“Yo no recuerdo haber tenido juegos, de niño”, dice, aunque luego su tío dirá que cuando Francisco dejó Jamay a los lagartijos les empezaron a crecer colas.

Con rostro curtido por el sol, Francisco cuenta que sus padres, Antonio y Elisa, y sus seis hermanos y hermanas, forman parte de una familia que como muchos inmigrantes vinieron a contribuir a la riqueza del Estado Dorado. Eso es algo que con su esposa Leticia se lo recuerdan a sus dos hijas y a su hijo constantemente.

A los seis meses de nacido lo emigraron a él, y aquí en California nacieron muchos de sus hermanos. Sin embargo, regresaron a Jamay y, finalmente, él, junto con su papá, volvió a California cuando tenía 15 años.

“Aquí es más duro el trabajo que México pero lo pagan bien”, dice, luego de explicar como agarraban la corrida de cultivos desde Oxnard hasta Stockton, incluyendo la fresa, el jitomate, el limón, la aceituna…

Y fue en los campos de cultivo donde conoció a su esposa, oriunda de Ocotlán.

Fue así que empezando desde abajo, y luego de ser camionero, un día se dió cuenta que había una nueva hierba que rápidamente se estaba haciendo popular en la cocina norteamericana: el cilantro.

Su primera inversión, a los 35 años de edad, fue solo una intuición.

“A mí me gusta apostar… Y como me crié en Oxnard, ya conocía a todos los rancheros, a las compañías y al mercado de Los Ángeles”, dice. “Cuando deje el trabajo de troquero, para plantar cilantro era un poco arriesgado. Ganaba muy bien, y muchos me decían: cómo vas a plantar algo que en Mexico hasta los regalan… Pero vi que era un mercado que iba a crecer mucho. El cilantro en Estados Unidos lo usan hasta para el agua fresca.
Además me pregunté: ¿que tengo que perder, si con lo que traigo puesto ya es ganancia?.

El primer gran logro fue un accidente.

Francisco González, el mayor productor de cilantro en los Estados Unidos (2004). Aquí se le ve en sus campos de cultivo mostrando una hoz que aún carga en su auto por si acaso necesitara mostrar a alguno de sus trabajadores cómo cortar esta aromática hierba. Fotos: José FUENTES-SALINAS.

“En el primer plantío, solo pensaba sembrar una pequeña parte, pero el regador que traía le metió agua a todo el terreno y el cilantro empezó a crecer… Pensé que no lo iba a vender, pero me empezaron a comprar más y más, y luego ya no alcanzaba”, dice.

Cuenta que en dos años la cadena Albertson le dió su primer contrato grande.

“Me temblaban los pies en la primera entrevista. Yo ni hablar bien inglés sabía, porque mi inglés era un inglés de la calle, pero de repente les empecé a vender en 1992, entre 300 y 500 cajas diarias”.

Posteriormente, y en un tiempo relativamente corto se vio exportando el cilantro a Canadá y hasta el mismo México. Luego amplió el cultivo a otros 26 vegetales, y el betabel que produce se ha ido hasta Rusia.

También sus hermanos Roberto y Jesus, que estuvieron asociados en el cultivo del cilantro, regresaron a plantar mezcal en Jalisco, en 1993.

Sobrino de los Bañuelos, los ex propietarios del tequila cazadores, ahora Francisco está apunto de echar a andar una fábrica de tequila en Jamay, que producirá la marca “777”.

“Esta fábrica empieza en septiembre y la botella llevará la forma de una máquina de apostar como las de Las Vegas”, dice.

Luego de un rato de conversación junto con el tío Manuel, quien acaba de llegar de Jamay, salimos a visitar a uno de los campos de cilantro cercanos a Magic Mountain.

Francisco, quién es un hombre muy sano, saca un par de Power Bars que se va comiendo en el camino.

Los aspersores de agua los, los surcos bien delineados y las montañas del fondo crean un paisaje oloroso.

Francisco saca una pequeña hoz ‘rosadera’, con que corta un ramo de cilantro, de la misma forma en que hace solo unos años lo hacía.

“Yo, aunque maneje un Mercedes, siempre cargo una ‘rosadera’ en el carro” dice, y es que, algunas veces no le creen que él y su esposa alguna vez anduvieron entre lodo cortando los vegetales.

Recuerda que una vez un trabajador que andaba haciendo mal su trabajo lo retó a que le pusiera la muestra y ahí mismo se arremangó la camisa y le dijo como.

Con plantíos en Santa Paula, Castaic, San Luis Río Colorado y otros lugares, Francisco también ha cometido errores.

“Quien no comete errores no aprende, a mi me ha tocado aprender de ellos. En una ocasión plantamos una variedad de cilantro que a las cuatro pulgadas de crecido se ensemilló… Pero ahora sabemos que la semilla del cilantro de invierno debemos traerla de Canadá y la de calor de Arizona”.

Desafortunadamente, asegura, el cilantro era un cultivo tan novedoso, que los técnicos agrícolas sabían menos que este agricultor que solo hizo seis meses de escuela.

“Yo solo fui 6 meses a la escuela, pero el periódico en inglés te lo escupo en español” dice con orgullo. También a manera de broma le dice a su hijo: “tú tendrías que graduarte de Harvard para que puedas llegar a donde yo llegue”.

El recorrido por los cultivos de Gonzales, nos llevan luego a su rancho escondido entre los naranjales de Santa Paula.

Allí tiene caballos de fina crianza cerca de los cultivos de rábano.

Además de su pasión por los caballos, Francisco González, se empezaba a dedicar a la producción y distribución del tequila, con sus tíos los Bañuelos quien eran los propietarios de la marca Cazadores. Foto: José FUENTES-SALINAS. 2004.

Felipe García, el caballerango de Pihuamo, Jalisco, le saca 1 caballo que es hijo de uno de los que más premios han ganado en el país.

Para los Gonzales, el mejor momento es cuando se reúnen en un hipódromo a ver esos equinos tragar distancias.

Francisco habla con gusto de sus yeguas Lili, Tequila… Y La Macumba que fue campeona de México.

También habla de la distribución que hace del tequila Hacienda Vieja y Espuela de Oro, y de la forma en que nunca se ha sentido discriminado en este país.

“A mí siempre se me ha hecho fácil trabajar y hacer dinero”, dice. “Creo que lo único difícil fue pasar de asalariado a ser patrón”.

Sin embargo, en esa transición su esposa Leticia lo ha hecho fuerte.

“Ella ha ido creyendo cada vez más en mí, hasta el momento en que si el caballo es negro y yo digo que es blanco, me cree”, dice. “Con ella nos conocimos pescando fresa y luego de una de luna de miel, nos vinimos solo con un capital de $100”.

Todo eso quedó atrás. Ahora con los 4000 a 5000 cajas de cilantro diarias, o con las 20.000 de vegetales mixtos, los Gonzales pueden incluso ayudar a su pueblo. A Francisco lo nombraron el jalisciense del año 2002.

Sin embargo, para él el reconocimiento más importante fue cuando su esposa le dijo: “gracias por darnos todo lo que nos has dado”.

Con tecnología moderna que permite crecer rábanos perfectos, Francisco considera que lo más importante es que se ha rodeado de gente en quienes puede confiar para que hagan un buen trabajo.

Pero a pesar de sus millones, es un hombre que todavía le gusta ir a Jamay a la plaza a comerse un pozole o un pan dulce con atole, y ve con comprensión los comentarios suspicaces que a veces le comunica su madre.

Le preguntan ‘¿cómo es posible que haga tanto dinero con el cilantro?… Hay gente que no te perdona el triunfo, pero uno solo debe cuidarse de no sacar ventaja de otros. A mí me gusta respetar a la gente. Yo anduve en las piscas… Y al final solo soy mi propio vendedor”.

 

*** Esta historia apareció originalmente en el Semanario “Impacto USA, Mayo, 2002”

CRONICAS DE LA PANDEMIA: Trabajo desde casa

Quote

Los veo todos los días desde que me estoy quedando en la casa a trabaja.

Mi viejo escritorio caoba que compré en una venta de garaje está en la esquina del estudio, donde están las ventanas que dan a la calle. Desde ahí veo todo lo que ocurre allá afuera.

Uno llega con su esposa a podar el pasto y sopletear las hojas.

A veces, en su camioneta dejan a sus dos niños que no están yendo a la escuela. Parece que estan muy disciplinados la niña y el niño porque no protestan y entienden que sus padres están trabajando para pagar la renta y comprarles sus regalos de Navidad.

Otros llegan con mi vecino de al lado, un viudo que vive solo, y hacen lo mismo, podan, sopletean y se van.

En esta pandemia, mientras muchos estamos trabajando desde la casa, otros están trabajando duramente en las calles enmascarados con sus cubrebocas, y tratando de no acercarse demasiado a sus clientes. Ellos son los jardineros, los carteros, y, sobretodo los que llegan de Amazon, FedEx y UPS a entregar la mercancía que se compran Online.

Ahora, ellos son los que me distraen un poco de mis rutinas diarias.

La gente que puede se está quedando en casa y tratan de salir lo menos posible. Pero otros no tienen muchas alternativas.

También, los del vecindario de repente se han puesto muy hacendosos, muy modositos a hacerle la competencia a los jardineros. Muchos vecinos, de repente han salido más y más con sus sopladoras eléctricas de batería, y a veces se juntan como en un concierto de sopladoras, como en un tráfico donde simplemente unos echan el polvo a otros, y las hojas secas de los árboles las soplan al lado de la calle para cuando pase la barredora.

Eso no es como las viejitas de mi pueblo donde nací. Aquellas que echaban primero un poco de agua con una cubeta y luego barrían con una escoba de paja, para no levantar polvo.

Yo también tengo una sopladora eléctrica pero es de cable, y la he usado mucho tiempo porque necesito distraerme y estirarme para que no me salgan almorranas mientras estoy sentado frente a la computadora.

Varios de mis vecinos, cuando llegó el primer cheque del paquete de estímulo, dijeron que íban a gastarlo para apoyar negocios locales, pero en realidad la mayoría estan compre y compre en Amazon, a pesar de que uno de nuestros vecinos trabaja en un Lowes, y a él lo podrían estar apoyando si compraran ahí las herramientas. Yo si lo he hecho, y cada vez que puedo voy a comprar pintura, piedras o alguna herramienta. La otra vez compré una esmeriladora, y aunque estaba unos diez dólares más cara, se la compré a ese empleado tartamudo que se subió en la escalera grande a bajar la esperiladora y el cargador de batería.

En este tiempo de invierno, las calles están cubiertas de hojas secas y la barredora tiene que pasar a veces dos o tres veces. los operadores de esos camiones, los jardineros y los repartidores de paquetes son los que le dan vida a la calle, son los que permiten que otros vecinos se la pasen cachetona, simplemente sacando a pasear a sus perritos, o saliendo a caminar ellos mismos. Casi todos hablan español. Eso lo sé porque desde lejos los saludo y ellos casi siempre se sienten familiarizados.

Yo también trabajo pero en cosas personales, en lavar el auto que en el último mes ha gastado tan solo poco más de un tanque de gasolina, pero va acumulando el polvo de las sopladoras de mis vecinos.

Como andan tan entusiasmados con sus sopladoras, la otra vez un vecino se quiso congraciar conmigo sopleteando la acera de mi casa, pero justamente cuando acababa de lavar el auto.

Todavía esperaba que se lo agradeciera.

LA FOTOGRAFIA EN MEXICO: Enrique Segarra, los decanos

“A la vera del camino”… Es una exposición fotográfica de Enrique Segarra que se está presentando en el Museo Mural de Diego Rivera, frente a la Plaza de la Solidaridad.

La importancia de Segarra en la fotografía mexicana ha sido en virtud de que ha estado ligado a los grandes momentos de transición y que no obstante que asimiló la tradición de sus maestros Manuel Álvarez y Gabriel Figueroa, ha podido estar al tanto de las nuevas propuestas estéticas, esto en virtud de estar en forma permanente ligado con el quehacer de los jóvenes, principalmente por medio del Club Fotográfico de México (CFM).

En el club ha sido presidente en dos periodos y ha impartido clases durante 22 años.

Aprendió a ganar premios desde los inicios del club fotográfico de México y actualmente tiene acumuladas tantos trofeos que ha decidido quitarle la pequeña placa de datos y regresarlos para que con esos mismos sigan premiando a otros fotógrafos que necesitan reconocimiento.

Otra característica que define a Enrique en el mapa cultural de México es su capacidad de involucrarse en diferentes niveles de compromiso con la fotografía: se le puede ver en el Jardín del Arte en San Jacinto (el único artista de lente entre tanto pintor y escultor), de jurado en los salones mensuales del Club Fotográfico de México, haciendo fotografía publicitaria…

El fotógrafo mexicano Enrique Segarra posa entre sus cuadros en el Jardín de San Jacinto en la Ciudad de México (1989). Foto: José FUENTES-SALINAS. Instagram: taller_jfs

Aparte, en la exposición están incluidas varias etapas de sus 45 años de fotógrafo.

La pictórica (1943 a 1960).- Da cuenta de su interés por el paisaje mexicano, las puestas de sol, escenas bucólicas que tienden a lo romántico, a la idealización del medio rural…

El interés humano (1960 a 1970).- En esta etapa se comunica de igual a igual con las imágenes de Manuel Carrillo y Manuel Álvarez, y aunque no mantuvo la misma constancia que ellos en la preocupación por estos temas, destaca una excelente imagen que está destinada a convertirse en símbolo. Me refiero al Funeral del Angelito en un día lluvioso: por el camino encharcado caminan los campesinos, todo es gris y negro, excepto la pequeña caja blanca que será enterrada.

A decir de Segarra, esta imagen no sorprendió en los concursos latinoamericanos, —son tan comunes estas desgracias— pero en Europa y Estados Unidos ganó más de 31 medallas de oro: la denominó “Luz en las tinieblas”, debido a una escasa luz que se ve al frente del camino, y fue tomado un sábado por la tarde en Tecolutla.

En la etapa modernista (60-70).- hay una búsqueda de la composición formal y abstracta a través de sombras y estructuras de edificios, algunas de cuyas imágenes no cupieron en el espacio de la galería.

Por último, de las etapas por el mismo calificadas, está Impresionista, (1970-80) y la de Simplificación, (1970 a la fecha), en la que por medio de diferentes técnicas, en las que muchas veces incluye tramas y virados, logra abstraer solo los elementos esenciales de la luz y la forma sin otro interés que el placer visual.

De esta transición resulta un diálogo con las formas cuasi abstractas de la naturaleza de Ernest Hass, en los borregos, de los troncos de Edward Weston y los cielos desgarrados de Angel Adams.

Por último, habría que rescatar las ideas de Ida Rodríguez Panprolini cuando al referirse a la pintura señalaba que ‘había pasado el tiempo de los grandes artistas’ y que ahora en el siglo XX la belleza está en los grandes avances de la tecnología.

Creo que lo admirable en Enrique Segarra es que sin adjudicarse grandes pretensiones semióticas, sus imágenes si representan la posibilidad de que la tecnología fotográfica, y es capaz de hacerse de un lugar junto a los acuarelistas de la Plaza de San Jacinto, donde vende sus cuadros.

 

—José FUENTES-SALINAS, El Universal, Ciudad de México, 16 de Julio de 1989

CRONICAS en tiempos del COVID-19: “Las peluquerías”

Por José FUENTES-SALINAS/tlacuilos.COM

NO ME PREOCUPA que hayan estado cerradas y hayan abierto para nuevamente cerrar. Más que cortarme el pelo, me preocupa poder comprar comida, jabón y poder caminar con seguridad en el parque o en la playa.

Si. Claro, lo siento por los peluqueros, y por los empleados de los Salones de Belleza. Necesitan vivir de algo.

https://www.excelsiorcalifornia.com/2020/09/02/los-angeles-salones-de-belleza-y-barberias-pueden-reabrir-bajo-orden-actualizada-del-condado/

En tiempos ordinarios, me gusta ir a la peluquería de los vietnamitas que está frente a la Pizería Rezzinis de mi barrio. Cada uno de los peluqueros es un maestro con las tijeras y la maquinita “podadora”. Me gusta esa peluquería porque es lo más parecido a las antiguas peluquerías de mi infancia en Zacapu: con carteles deportivos, espejos y souvenirs en las paredes. Pero esta tiene también televisores y un rollo de boletos para que los clientes vayan agarrando su número.

Lo cierto es que me preocupa más el cierre de los supermercados, playas y parques, que las peluquerías. En la foto el Parque El Dorado, una de las joyas de Long Beach, California. Foto: José FUENTES-SALINAS. Instagram: taller_jfs

 

Lo único es que se tiene que pagar en cash. No sé por qué. No creo que sea para no pagar impuestos, pero la realidad es que sus precios son baratos, por lo menos casi la mitad de lo que se paga en las cadenas de franquicias.

Usualmente, las peluquerías se visitan cuando hay un evento especial, cuando uno tiene que ir a una fiesta, una entrevista de trabajo o hacer un viaje.

Pero en estos tiempos de pandemia todo eso se ha clausurado. En el Sur de California este año se clausuraron todos los conciertos, inclusive en los casinos, y quienes se casan lo hacen discretamente, como ocurre en el Honda Center de Anaheim.

https://www.excelsiorcalifornia.com/2020/06/25/musica-casino-pechanga-cancela-conciertos-del-2020-artistas-latinos-incluidos/

Así es que, entonces ¿para qué cortarse el pelo?

Mi esposa ha insistido que me lo corte, y hasta me había ofrecido de mandar llamar a su peinadora para que me lo corte en el patio.

—¿Para qué? —le digo— solo tu me vez. Además, voy a hacer una “manda”, y no me lo voy a cortar hasta que se invente una vacuna.

Ella ríe de buena gana, principalmente cuando le digo que con mi vecino vamos a hacer un dúo de música country. Mi vecino que se dejó el pelo largo desde que enviudó parece Willie Nelson, y yo voy que vuelo para parecerme a Freddy Fender.

El Condado de Los Angeles todavía está entre los principales lugares de contagios, pero este miércoles 2 de septiembre se autorizó que abrieran los salones y barberías, dejando solo una cuarta parte de sus clientes para mantener la distancia social. Muchos ya daban servicio en la calle o en los estacionamientos, y ahora podrán estar un poco en  los dos lados.

https://www.excelsiorcalifornia.com/2020/09/04/los-angeles-bajan-nuevas-hospitalizaciones-por-covid-19-pero-advierten-riesgo-del-labor-day/

Pero aún así no veo necesidad de cortarme el pelo. Debo confesar que hasta estoy disfrutando de esta relativa libertad que me ha dado la pandemia. Desde hace cuatro meses no uso zapatos ni pantalones, sino guaraches y shorts, y cuando necesito conservar el pelo en su lugar tengo gorras de algodón que siempre he querido usar de manera más constante.

Me siento como en un campamento en la casa, y alterno el trabajo del estudio a los jardines frontal o trasero. Nunca he disfrutado más del sol, de las plantas, de los árboles, y de ver a mis vecinos caminar, con perros o sin perros. Algunos de mis vecinos, al igual que yo, no se preocupan por los peluqueros. Dos de ellos, porque son calvos, y otros cuatro porque se han dejado crecer el pelo desde hace muchos años.

Lo que si extraño, y por esa razón si me encantaría ir a una peluquería, es esa amena plática que se suele dar. Hilda, me decía cuando trabajaba en el Salón de la JC Penney de las Tiendas Del Amo, que muchas de sus clientes iban, entre otras cosas “para ser escuchadas”.

Yo soy psicólogo y no puedo dejar de pensar la gran necesidad de conversar de las cosas cotidianas.

Eso es una de las cosas que nos quitó la pandemia.

Por eso si me gustaría ir a las peluquerías.

Pero acabo de recordar que, precisamente, esa es una de las actividades peligrosas que no se recomiendan: conversar de cerca, aunque se traiga tapaboca.

Entonces, así ¿para qué?

¿Para que te trasquilen y salgas a tomarte una “selfie” para el Facebook?

Mejor me quedo así.

Quizá dentro de poco el pelo será lo suficientemente largo como para que le pueda dar una buena forma.

CRONICAS de California en tiempos de COVID-19: “Galería Callejera”

Por José Fuentes-Salinas/ http://tlacuilos.com

En tiempos de pandemia por el COVID-19 los gimnasios y los museos estaban cerrados para evitar los contagios. Unos cuantos salíamos a las calles de Long Beach a caminar pretendiendo encontrar sustitutos.

Los vecinos arreglaban sus jardines para mostrar algo bonito que ver ante la ausencia de galerías. También tiraban cosas a la calle esperando que alguien la recogiera o por lo menos las retrataran y las pusieran en un título inspirador.

LA BOLSA

Esto es una bolsa de valores, pero sin valores. Llévesela, es gratis y evíteme el sentimiento de culpa para seguir comprando. Usted sabe: el 70 % de la economía es el consumo.

BOLSA DESECHABLE “DE MARCA”. FOTO: José FUENTES-SALINAS.

 

LA SILLA

Esta no es una silla para que se siente a conversar en la calle. El hecho de que esté frente al tambo de la basura no significa que lo sea. Aunque una buena cantidad de nalgas se han sentado ahí, no luce tan mal como para que usted ponga la suyas.

SILLA DESECHABLE. FOTO: José FUENTES-SALINAS

 

 EL ALHAJERO

Esto es un alhajero pero sin alhajas, es de buena madera y está al pie de este árbol para recordarle su noble origen. Si usted es ambientalista entenderá el mensaje.

El Alhajero. Foto: José FUENTES-SALINAS.

LIBROS Y GANCHOS

Éstos son libros que no engancharon la atención a largo plazo de los lectores, y estos son los ganchos de la ropa que pasó de moda demasiado rápido. Si usted ve el letrero “Free lemons” eso no tiene nada que ver con esos autos fraudulentos que no cumplen lo que prometían… aunque los libros podría ser lo mismo.

Libros desechables. Foto: José Fuentes-Salinas

 

La pequeña biblioteca

Ya sabemos que su perro no lee, pero para evitar que se impaciente cuando usted se detiene le dejamos encima de la caja un pomo con galletas para mascotas. Ahora que si este obsequio funciona como reforzamiento para que su perro desarrolló un reflejo condicionado como los perros de Pavlov… Qué maravilla!… Así por lo menos usted se detendrá observar los libros que de cualquier forma no leerá.

Biblioteca callejera. Foto: José Fuentes-Salinas

 

CRONICAS de California en tiempos de COVID-19: entre playas y parques

POR José Fuentes-Salinas/ Instagram: taller_jfs

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CAMBIE EL GIMNASIO por un pedazo de playa.

Son las 5:30 AM. Me pongo el reloj de pulsera. Jalo mis tenis y me visto.

Hace cuatro meses ya estaría pensando en llegar al gimnasio. Hace cuatro meses me llevaría en la mochila una toalla, jabón, shampoo y ropa limpia para salir del gimnasio LA Fitness rumbo a la oficina.

A las 6:00 de l;a mañana, junto al malecón de Seal Beach, California, un hombre disfruta de remar sobre su tabla de surfear. FOTO: José Fuentes-Salinas. Instagram: taller_jfs.

Hoy es diferente.

La oficina es mi casa, y el gimnasio es el parque o la playa.

En la cajuela del auto tengo dos pares de pesas de 15 y 20 libras, y un  balón de basquetbol, como un recuerdo de las rutinas del gimnasio.

El coronavirus nos ha hecho a todos muy precavidos. Principalmente a quienes ya estamos en edad de mayor riesgo de ser “entubados” a un ventilador y decir adiós a nuestros seres queridos por medio de un mensaje de texto en el iPhone.

Mi precaución es muy simple: ve a donde muy pocos van, usa los horarios que casi nadie usa.

Por eso estoy aquí en Seal Beach, California, caminando al filo de la playa, viendo cómo otros solitarios, precavidos e inteligentes se desplazan sobre las olas, o caminan.

Lo único que necesito es un poco de iluminación, y la sensación de que puedo respirar profundo, y sin riegos de absorber un virus.

“LA FLEXIBILIDAD ES LA MADRE DE LA VIDA” —Tao Te Ching

Siempre tengo un plan “B”.

Si un día está ocupada la cancha de basquetbol, o si no hay una distancia apropiada con quienes la visitan, me voy a otra parte del parque El Dorado a trotar sobre una banca de cemento o a caminar en medio de los pinos.

Bancas de El Dorado park, en Long Beach, California. Foto; JOSE FUENTES-SALINAS. Instagram: taller_jfs.

La cuestión es empezar el día haciendo algo para ponernos al tono de lo que vendrá después: “las noticias de que las muertes en los Estados Unidos subieron a 150,000… las noticias de que México es el tercer país con más muertes… las noticias de que las escuelas estarán cerradas, así como los cafés, los cines y todo los que solía hacer la vida grata”…

El parque por la mañana es un buen espacio para alimentar el optimismo.

Cuando el sol se empieza abrir entre los pirules y los pinos, y los cuervos empiezan a graznar, uno se da cuenta que muchas cosas no han cambiado. El parque, aún con menos gente que en el gimnasio, proporciona suficientes motivaciones para estirar el músculo y regresar a la casa-oficina tomarse un duchazo, prepararse un café con un buen desayuno y cumplir un nuevo día de pandemia.

Además, el parque no deja de recordarme lo tremendamente afortunado que soy.

Justo a la hora en que yo estoy haciendo ejercicio, escuchando con mis audífonos sones y cumbias de YouTube, un “homeless” busca en la basura envases para reciclar.

Para él, la “distancia social” es un problema crónico.

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MAS CRONICAS:

https://www.excelsiorcalifornia.com/2020/07/29/cronicas-del-covid-19-las-rutinas-perdidas/

COVID-19: De cómo el coronavirus cambió los hábitos de las personas

Harás que la comida te rinda más, no es tiempo de desperdicios, uno no sabe si se volverá a escasear como el papel sanitario y las botellas de agua; te lavarás las manos con frecuencia, si eso no lo entendiste en la escuela, es bueno que lo entiendas hoy; usarás el gel desinfectante que mata el 99 % de las bacterias; no me preguntes cuál microbio es el 1 %, sería terrible que fuera el coronavirus; no te tocarás la cara ni la nariz, por si acaso no te hubieras lavado bien las manos; te mantendrás alejado de las personas, principalmente si les gusta reír a carcajadas o cantar con voz estruendosa, acuérdate que en el coro de una iglesia casi todo se contagiaron; si vas a misa no tocarás a los santos ni el agua bendita, tú sabes, dios perdona pero el virus no; cuando vayas al supermercado procura ir temprano cuando no haya mucha gente, y usa tapabocas porque si no no te dejarán entrar; los tapabocas de tela pueden ser bonitos y con la marca de tus equipos favoritos, pero es mal gusto usar un tapabocas con calaveras, porque muchos se asustan; los mejores tapabocas son los que tienen un resorte alrededor del cuello y se bajan y se suben como los calzones, cuando no los necesitas; olvídate de todos los conciertos del año, no hay forma de estar seguro entre tanta gente gritando, no te parece curioso que cuando podías ir te la pasabas grabando el vídeo, y ahora que no puedes te aburren los vídeos?; no te creas de quién es dicen que es cuestión de unos meses, que esto pasará rápido, esto es un maratón, no una carrera de relevos; si no sabes usar esas pantallitas de tu teléfono celular para verte con tus amigos, es tiempo que lo aprendas, va a ser la única forma en que los puedas ver por mucho tiempo; no uses el mugroso dinero, quién sabe cuántas personas lo han tocado?; paga con tarjeta de plástico y piensa en comprar solo lo que necesitas, nadie sabe cómo va a estar la economía mientras haya contagios; la próxima vez que votes fíjate por quién votas, este presidente ya sabía lo que se venía pero no lo dijo para no asustar a los consumidores y a las empresas; aprende hacer algo en tu casa con tus manos para que no te aburras, es tiempo de aprender más recetas y coser ollas de frijoles; sal a caminar y andar en bicicleta pero llévate el tapabocas por si alguien se te acerca; aléjate de los imbéciles que se creen inmunes al virus; hay muchas cosas que ya disfrutabas en hacerlas en solitario, porque a nadie más le gustaban, sigue haciéndolas; cuenta tus años y revisa las estadísticas de mortalidad por el coronavirus, ya calificas?; cómprate un lente de 360° para ver a las personas a tu alrededor y ver a quien te motiva más hacer lo correcto, mira como tu vecino el viudo no la pasa tan mal entre la playa y su casa distanciándose de las infecciones; cose un mantel, sírvete un café, escarba la tierra del jardín, cortar ramas, riega plantas, invierten en lo que quieras ver todos los días, y lo que quieres tener a tu alcance; mide tus fuerzas y tu paciencia, las vas a necesitar a largo plazo; protégete a ti mismo y a las personas esenciales que siempre hacen falta, las que cultivan, las que despachan comida, las que limpian, las que curan; protégelas del mal, cúbrete la chingada boca cuando te atiendan; medita, más, camina más, se más creativo, la soledad puede ser útil; piensa en lo que tienes, pero mejor en lo que eres y nadie te quita aunque te quedes sin empleo; aprende nuevos trucos para poner comida sobre la mesa; no te metas en más problemas, con los que tienes son suficientes… Respira profundo y sigue caminando y meando para no hacer hoyo.

Amanecer entre la Avenida Anaheim y Ximeno, de Long Beach, California. 07.04.2020. Foto: José Fuentes-Salinas, Instagram; taller_jfs

—José Fuentes-Salinas, Long Beach, California, 4 de Julio, 2020

Instagram: taller_jfs

CRONICAS: COVID-19, el coronavirus y los nuevos estilos de vida entre los inmigrantes mexicanos en California

No se si ya se dió cuenta, prima. Pero ahora que vaya a que me corte el pelo, no voy a poder platicar con usted. Bueno, no así de cerquita, como antes. Usted sabe: hay que guardar la distancia razonable.

Y, déjeme decirle que la voy a ver a usted a que me corte el pelo para el Día del Padre solamente poque le tengo confianza, además de que siempre me hace ver bien.

No sé cómo le va a hacer para hacerme la rayita, o el “fade” atrás, pero, a lo mejor no le molesta que me afloje un poco el tapaboca, usted dirá.

Mire: así van a ser las cosas en muchos lugares desde ahora, y hasta que no aparezca una vacuna. En los aviones se va a acabar ese cotorreo de “¿a dónde va?… ¿cómo se llama el morrito?… ¿cuánto tiempo tiene sin ver a su abuelita?… ¿le van a bautizar el chiquito?..”

No, prima. Ahora los pasajeros van separaditos con sus tapabocas y las azafatas le dicen: miren, si no tienen sueño, háganse pendejos como si durmieran. Ja jaaa… Y olvídese de echarle piropos, o de preguntarles: ¿eres de Purépero?… pues que bonitos ojos tienes.

Eso sí. Cuando se trate de seguridad, le van a pedir que se los baje (los tapabocas, no sea mal pensada). Ahorita como andamos, todos con tapabocas, parecemos bandidos. Y si se pone unas gafas oscuras, pues ya pa’qué le cuento: tipo sospechosos. Mire, si ya antes con las medidas de seguridad había veces que uno hacía streap tease, ahora no sé cómo le van a hacer. Ahora los peligros no son los terroristas sino los coronavirus. Pero en el fondo de todo eso el problema es que los viajes van a ser cada vez menos de placer y más por necesidad. Yo por eso les estoy pidiendo a mis parientes en México que por favor no se mueran, que no me hagan viajar de urgencia.

A lo mejor se vuelve a poner de moda los viajes en carrertera, pero no en autobús, porque sería peor. A lo mejor muchos se van a comprar o a rentar sus “Motor-homes”, sus RV’s. Así era antes, cuando Doña Chelo cosía huevos y preparaba sandwiches para el camino.

A mi me gustaría llevármela a pasear así, prima. Usted ¿qué dice?… por lo menos a Yosemite para que se relaje de todo este relajo. Mire, usted me conoce por ser el mañanero, por ser de esos tipos “alrrevesados” que siempre les gusta irse tempranito a todos lados: ir al cine cuando no van muchos y las salas están casi vacías, ir a los parques cuando hay solo dos o tres corriendo, y salir tempranito a los viajes, cuando los baños públicos estan recién lavaditos.

Si, prima. Ríase. Ya llegué a la edad en que califico para morir de cualquier contagio, ya tengo esa “condición subyacente” que es la edad para que un chingado virus me parta la maraca. pero no soy pendejo, déjeme decirle. Yo no me arriesgo así a lo bestia como los del Condado de Orange, que no quieren usar mascarillas los señoritos (como si tuvieran una trompa muy linda).

Yo soy abusadillo desde chiquillo, y sé que en estos tiempos lo más peligroso es estar cerca de los imbéciles que se creen supermanes.

¡Ah qué, prima!… ya la voy a dejar ir.

Disculpe mi atrevimiento, pero yo nomás digo.

Ahí se me cuida.

CRONICAS: El Dorado Park, Long Beach, California, en tiempos de pandemia por el COVID-19

ESTA SOLO. Son las seis de la mañana y la humedad del pasto apenas se está levantando.  En el Parque El Dorado, las huellas del coronavirus son evidentes: letreros que indican a las personas la distancia segura para caminar con sus mascotas, y las canchas de basquetbol y otros juegos con el letrero de “CLOSED”.

En la temporada de cuarentena por el COVID-19, la ciudad de Long Beach instaló letreros para advertir de la necesidad del distanciamiento preventivo entre los visitantes a El Dorado Park. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS Instagram: taller_jfs

YO LLEGO aquí porque está cerca de casa y porque estoy pagando por este parque, como muchos otros pagadores de impuestos. Pero con frecuencia me siento como un millonario que habita en una gran mansión con varios acres de jardines que son cuidados por manos expertas. Por la mañana de estos días largos de verano, aseguraría que somos menos de diez los que llegamos. Uno de ellos es un padre que llega empujando a su bebé en una carreola y con un perrito a un lado que al llegar a los límites del campo de golf lo suelta para tirarle una pelota y que haga sus ejercicios. Otra de ellas es una mujer que solo va a caminar y lleva en la mano su mascarilla para prevenir el contagio del coronavirus por si acaso se encontrara con otras personas.

PERO la realidad es que el atractivo de ir temprano al parque es que no hay mucha gente, y quienes van pueden estar a una gran distancia de los demás. De hecho, con nadie más.

UNO puede ver el sol levantarse lentamente en el horizonte desde los campos de golf, y ver como las siluetas de los viejos pirules dan la imagen un hermoso árbol desgarrado de verde. La compañía Azteca Landscaping es la primera que empieza a trabajar algunos días. Con una podadora gigantesca en un tractor llegan a podar la extensa area del parque. O bien, con una sopladora de polvo llegan a barrer el camino asfaltado echando desde la orilla el polvo hacia las áreas verdes.

Cuando cerraron los gimnasios para prevenir los contagios por el COVID-19, algunos elegimos el parque como alternativa para hacer las rutinas mañaneras. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS, Instagram: taller_jfs

LOS ANIMALES del parque parecen no preocuparse, mientras las grullas se paran al borde de los tambos de basura para ver si les dejaron un pedazo de pizza, las ardillas tratan de buscar también algo que comer, antes que un halcón se las desayune.

A VECES también pasa por ahí un homeless caminando o en bicicleta, que al igual que las aves busca algo de valor en la basura, aunque en su caso se trata de botellas de plástico para vender en los centros de reciclaje.

EL PARQUE El Dorado tiene algo para todos. Inclusive, para un niñita, ese es el lugar para comunicarse con Dios, con el cielo, adonde cree que se fue su madre. Una pequeña cartita pegada al tronco de un anchuroso árbol dice “to my mom in heaven”.

En uno de los viejos árboles del Paruqe El Dorado una niña dejó una carta dirigida al cielo adonde se fue su madre. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS. Instagram: taller_jfs

POR MI PARTE, después de que cerraron los gimnasios en la cuarentena por el COVID-19, los ejercicios en este parque son lo más cercano a esa sana rutina de empezar el día trotando, estirando los músculos, respirando profundo, para estar listos a todo lo que salga durante el día.

ESTA COSTUMBRE tempranera tiene algo de la vida rural, en la que uno tiene que seguir el ciclo solar: levantarse cuando aparece la luz, y dormir cuando hay suficiente oscuridad.

SI. Es cierto que extraño los gimnasios, pero ahora que anuncian que los abrirán este 12 de junio no es muy probable que vaya. No sé qué protocolo sanitario contra el COVID-19 vayan a seguir, pero es casi seguro que las mascarillas, el distanciamiento y ese temor flotante de contagiarse le quitará buena parte del placer que habían tenido  hasta antes de la pandemia: el gusto por saludar a los amigos, por bromear, por compartir pesas y aparatos, y nadar lado a lado.

YO DIRIA que este parque tan solitario a estas horas seguirá por un buen tiempo siendo mi gimnasio al aire libre, haciendo ejercicios aeróbicos sobre una banca de concreto y levantando dos pares de pesas de 20 y 15 libras, con mis audífonos de lujo Bose conectados a las puyas colombianas de Calixto Ochoa, o a la soca y cumbia que tengo grabadas en el iPhone.

En este viejo árbol que destaca por su extensas raíces, una niña dejó una carta adherida al tronco dirigida al cielo, donde está su madre. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS. Instagram: taller_jfs

CRONICAS: La jardinería como ejercicio de la percepción y una forma de descanso

POR José FUENTES-SALINAS/Tlacuilos.com

Estaba pensando en los estilistas.

El trabajo de la jardinería es a veces como el trabajo de los estilistas, de agarrar unas tijeras y podar las ramas que se han excedido en su crecimiento.

No es fácil entender esto. ¿Cómo saber que una rama ha crecido demasiado?

La primera cosa que se me ocurre es que el jardinero es como un juez que imparte justicia a las plantas que siempre están compitiendo por la luz. El níspero, por ejemplo, había crecido demasiado y le estaba tapando la luz al maguey y al guayabo, pero las de la izquierda estaba adecuadamente extendiéndose hacia la bugambilia. Ahi, cumplían la función de hacer una cortina para tener un poco de privacidad en el jardín trasero.

El trabajo de jardinería algunas veces se parece al de los estilistas, aunque las tijeras sean un poco diferentes. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Los estilistas generalmente observan por unos minutos el rostro del cliente, el tipo de cabeza, y mientras van cortando el pelo, se detienen brevemente a observar, luego prosiguen. También imagino así a la jardinería. Uno hay que detenerse en ciertos momentos a observar el crecimiento de las plantas, a ver cómo corre la luz, y cómo se proyectan las sombras. A veces, uno no está como para agarrar las tijeras y empezar a podar, pero puede contemplar, mientras acaso se comen una manzana al regresar del trabajo, y ya, cuando tiene la certeza de que hay que cortar, corta sin miramientos.

Esto es lo que he hecho desde hace unos días. El arbusto de la esquina, un día llegué del trabajo y zas zas… le hice un corte profundo con el que eliminé algunas ramas viejas plagadas de mosquitas blancas.

—Va a retoñar muy bien en la Primavera —me dijo el vecino.

Ocurrió también con el naranjito injertado de limón, y con el “orgullo de Madeira”, una planta que produce unos conos de flores violeta que son una delicia para las abejas. Esa me la dio Gordon en una maceta, y ahora compite en estatura con la lima, que aquí le llaman “mexican sweet lemon”. La cosa es que el orgullo de madeira ya tenía demasiada fronda y proyectaba demasiada sombra a la lima. Entonces tuve que hacerle una buena podada, a pesar de que sus ramas habían tomado unas formas caprichosas que lucían muy escultórica.

Trabajo de podar los arbustos. Al fondo se ve el “orgullo de Madeira”, una planta originaria de Portugal, a la derecha está la bugambilia jaspeada, el níspero y algunas plantas de las llamadas suculentas, incluyendo la sábila verdinensis, el agave suave y el agave Reina Victoria. Foto: José FUENTES-SALINAS.

He aprendido que el trabajo de jardinería también está a la mitad entre la arquitectura y la agricultura. El níspero, el guayabo, el naranjo, la bugambilia… todas las plantas producen frutos y flores, y algunas veces uno no quiere sacrificar una rama que está floreando, o produciendo frutos. Pero uno tiene que pensar en la forma que está adquiriendo, y cortar sin miramientos. Y no solo pensando en los placeres de la vista cuando uno se sienta en el jardín, sino, también, hay que atender las necesidades de los pájaros y de los insectos. Unos, con frecuencia vienen a pararse en las ramillas a refrescarse del calor, otras llegan en su necesario trabajo de polinización.

La enredadera de uvas concord que tapaba el tejaban por mucho tiempo produjo una excelente sombra muy disfrutable para los meses de verano. Pero llegó el momento en que tlacuaches y mapaches llegaba a hacer un gran bacanal que no nos dejaba dormir, y, al siguiente día el patio quedaba como mermelada. Fue cuando, con gran pesar, tuve que cortarla.

En su lugar, puse agaves, nopales, nísperos… pero también estos hay que meter en un orden, principalmente luego de la temporada de lluvias de invierno, cuando crece el zacate y las demás plantas.

El zacate y las malas yerbas las he ido arrancando constantemente como una forma de descansar del trabajo frente a la computadora. El otro trabajo, el de podar, lo he dejado para después, cuando hay un poquito de más tiempo, y cuando el tambo de la basura tiene suficiente espacio. Si, entiendo. Las ramas no las debería de tirar, sino, más bien, reciclar. Pero el jardín no es muy grande, y no hay un espacio para hacer un montón de ramas que se degraden. A lo mucho, lo que he hecho es meter en un agujero las cáscaras de naranjas y las rosas luego del Día de San Valentín.

Las rocas cumplen una función decorativa, tanto como las plantas. Las rocas son el elemento constante, el de permanencia. Aquí, usé rocas volcánicas para crecer plantas de bajo consumo de agua. Foto: José FUENTES-SALINAS.

La jardinería es algo más que podar pasto o cuidar macetas. Es un trabajo de observación y reacomodación de plantas, rocas y otros elementos.

Para quienes utilizamos la jardinería como una forma constante de descanso, el trabajo de observar arriba y abajo, lo general y lo particular, lo lejano y lo cercano, lo fijo y el movimiento…

Es un placer constante porque siempre hay algo que hacer, siempre hay una posibilidad de acomodar algo. Por supuesto, eso no ocurre en los jardines aburridos donde simplemente hay pasto y dos o tres arbustos. Los jardines, por muy pequeños que sean, siempre invitan a la interacción.

Antiguamente, también, eran un pretexto para la convivencia y el trueque, para la colección. Mi madre hacía crecer su galería de plantas con el trueque de plántulas, ramas, y esquejes para reproducir. Hoy, la gente parece no tener la misma confianza. Aún así, en este jardín, hay te de Guam que me regaló Doña Lupe Chon, un cactus y un orgullo de Madeira que me regaló Gordon Wilvang, dos guayabos de Zacapu y un chirimoyo que me regaló Luis Coria… y acaso lo más chistoso son los nopales. En una carne asada en el patio, a a esposa de Luis Arritola se le ocurrió plantar una de las pencas que íbamos a asar, y de ahí ha crecido una nopalera.

Si tuviera un vivero, en este contenedor habría suficientes ramas como para crecer una gran cantidad de plantas, incluyendo kaloncheas, nopales y agaves. Foto: José FUENTES-SALINAS