Los Juglares

NO TENIAN la protección del gobierno ni la de la iglesia. No ganaban becas  ni diplomas.

Tenían solo su memoria y su imaginación, su voz para contar historias en ferias, mercados y cortes, y ganarse un sueldo.

Lo que no se perdonaba a los contadores de historias de los Siglos XII y XIII era el aburrimiento.

  • José FUENTES-SALINAS/ www.tlacuilos.com

La semiótica: Palabras Vs Imágenes

Las palabras representan imágenes, las enriquecen, multiplican sus significados.

También requieren un poco más de atención y esfuerzo.

Para leer se requiere de un entrenamiento semejante a la conversación.

Es por eso que la filosofía, la ciencia, la literatura, se basan no en ilustraciones sino en palabras.

Pero: ¿a quien importa todo esto mientras la producción y consumo de imágenes sea tan buen negocio?…

El matrimonio entre imágenes y texto se ha hecho algo complicado. Le educación, la economía, y el tiempo de ocio lo han hecho así.

En el pasado ocurría algo semejante.

En el siglo XVIII el escritor alemán Gotthold Ephraim Lessing descubrió en la biblioteca del Duque Braunschweig la “Biblia Pauperum”.

Cortesía

Gotthold Ephraim Lessing

Era una biblia de ilustraciones antes que de texto.

En la biblia de los pobres más que entender unas palabras, un texto que pudiera ser discutido, era importante que los pobres entendieran que Adán y Eva habían sido una pareja flacucha y avergonzada de hacer lo que tanto les había gustado.

Además, esa biblia tan ricamente ilustrada era para que los pobres la vieran de lejecitos, y se conformaron con un buen sermón.  (Alberto Manguel, “A History of Reading”, Viking Books, 1996).

  • José FUENTES-SALINAS/ www.tlacuilos.com

LOS “PASSWORDS” las palabras secretas

EL DUENDE tenía un tesoro escondido que estaba dispuesto a dar a quien descubriera la palabra secreta. Oculto en el bosque, por las noches frente a una fogata y un cofre monedas de oro, decía esa esa palabra desconocida y complicada como un trabalenguas.

En aquel cuento infantil que alguna vez me contaron estaba el embrión de lo que sería mi curiosidad por el lenguaje.

Otro juego fue aquel que jugábamos con los vecinos. La vendedora de colores juntaba a un grupo de niños y los bautizaba de colores. Luego venía el comprador y tenía que adivinarlos para írselos llevando. Si no eran colores, eran nombres de animales u oficios, pero siempre adivinar la palabra clave era el nombre del juego.

Hoy, las palabras claves nos permiten navegar el mundo del ciberespacio, pero cuidado con olvidarnos de un “password”… Sin eso, no entramos, ni a trabajar.

Muchos nos sentimos a veces frustrado, y entonces recordamos la sagacidad de aquel duende que escondía su tesoro, protegido por una palabra mágica.

 

– José FUENTES-SALINAS, Long Beach, 25, Nov., 2017

 

Carta ecológica a Santa Clause

Querido Santa Claus:

Este año me he portado muy bien. He sido muy ecológico. Esto quiere decir que he usado muy poco plástico, y no he producido demasiados desperdicios.
Por eso, este año te quiero hacer un pedido muy especial: no regales nada que no sea ecológico.
Por favor, no regales esos suéteres ridículos, que solo se usan unos días, y se llevan a la tienda de artículos usados.
Tampoco regales demasiado plástico, principalmente ese plástico que se va a tirar a las playas, o que causa graves problemas en los basureros.
Este año quisiera que revisaras bien las necesidades de las personas y les dieras solamente aquellos regalos que realmente necesitan.
Una forma de lograr esto, es preguntándole bien a las mamás lo que sus hijos usan más, y no llegar así nomás a lo pendejo a descargar un montón de juguetes que de cualquier forma en dos meses los niños desechan.
El planeta ya no aguanta más santa.
Y tú que vienes del polo norte sabes bien la forma en que ya los glaciares se están derritiendo y muy pronto los osos polares van a estar llegando a las costas de Acapulco.
No hay que ser santa.
Tú tienes que empezar a predicar con el ejemplo.
Si en verdad quieres que la Navidad sea blanca y haya nieve, venados y árboles, debes pensar en proteger el planeta, no te hagas pendejo.

– José Fuentes-Salinas, Long Beach, Ca 

Diciembre me gustó parque te vayas… al Mall

El Charlie McCoy llegó de sorpresa a la oficina. “Ese, mi valedor, pásale”, le dije. “¿Qué onda?, ¿qué haces?”, preguntó. “Pues, aquí, tirando rollo, con esto de lo de Gianluigi Buffon, que ahora si ya se retira”.

Con Charlie nos pusimos hablar de la web, y de la weba que es a veces actualizar las páginas, todo para que los lectores no nos den a veces suficientes “hits”…. “Ja jaa… pues así es la cosa, Valedor, qué se le va a hacer. Imagínate que una vez un violinista de la Sinfónica de Niu York se puso a tocar en la calle, y nadie lo pelaba, aaaa jaa”.

Yo estoy tratando de ponerme bien al tiro con esto del “Word Press”, para manejarlo como un piloto de Fórmula Uno manejaría un vochito, así, sin tanto pedo, y poder narrar a quien se deje el mundo maravilloso del Siglo XXI en Califas.

Bueno, el Charlie me dio el password del Twitter, y me dijo como poner los links entre los párrafos.

Luego le empezaron a rugir las tripas, y como es diabético nos fuimos de volada a la sección de comida del Mall. Platicamos de esto y del otro, de cómo mantenerse en este jale de tlacuilos cibernéticos, de la forma de ya no quedarse en el rollo de escribir solo un buen textículo, y ya. Hablamos de cómo hacer GIFS y poner en historias pequeñas, temas que den tráfico.

En el Mall ya todos los comerciantes estaban más puestos que un calcetín para asaltar a los transeúntes: los que venden los crucificos y nacimientos hechos con madera de olivo de Jerusalem (véase la contradicción: nacimientos junto a cruces y cristos llenos de espinas), las tiendas de ropa, el puesto de Realidad Virtual donde por cinco baros conectan por dos minutos a los chamacos al tiempo de los dinosaurios y los castillos, las tiendas de Victoria Secrets, las zapaterías de tenis para quienes ya no caminan…

“Mira”, le dije frente a un árbol de Navidad gigantesco y un puesto de tarjetas de regalo, “estos son los símbolos de la Navidad, ja aaaa…”

Luego llegamos a la “Food Court”.

Yo me fui al changarrito “Open Sesame” de comida libanesa.

“Hello, José”, me dijo la empleada.

“Oye guey, aquí ya te conocen”, dijo el Charlie.

Como es el mismo restaurante de la Calle Segunda, le pregunté cuándo iban a vender las piernas de cordero y vino Doña Paula, como en el otro changarro.

“Ja jaaaa… You wish!… Pero aquí no nos dejan”.

Ambos comimos el Chiken Shawarma con perejil, yogurt y humus.

Luego llegó mi cuate, el conserje salvadoreño que es del mismo rumbo que el Charlie.

Se tomó un “break” con el recogedor en la mano y hablamos de porque ya no iba al “terri”.

“Ya toda mi familia está aquí”, dijo, “y, además, allá todo es un desmadre”.

De regreso, pasamos por un puesto de relojes Seiko y Bulova de pulsera que se instala solo temporalmente.

“Yo ya no los uso”, dijo Charlie.

“Yo si”, le dije. “Soy de la vieja escuela, ja jaa… que nos gustaba estar a tiempo en todos lados”.

“Ay guey!… ya se me hizo tarde. Tengo que regresarme ya si no quiero agarrar tráfico”.

  • José FUENTES-SALINAS, Long Beach, California

 

Vinos de Stolpman Winery: María de los Tecolotes

DEBIA saberlo desde el principio. El nombre “Para María de los Tecolotes” significaba algo. Pero, así como así, fui a que me sirvieran una probadita, luego de tomar un Grenache. A’su madre!… Este era perfume para el paladar. Un perfume delicado y sabroso. Ma-ría de los Teco-lo-tes”. “You know what it means?”, le pregunté al empleado. It means: “For Maria of the Owls”.

Al chavo le valió madre mi explicación  (ya la sabía) y siguió atendiendo a la linea de probadores de vinos del viejo Tom Stolpman, un abogado que es bien reata con sus trabajadores mexicanos, al grado que les dejó un terreno para que ellos plantaran uvas e hicieran sus propios caldos.

Con John nos pusimos a platicar con Tom. Nos dijo que estaban plantando uva con una nueva técnica con la que no necesita tanta agua. “Este año los viñedos solo usaron la lluvia de la temporada”, dijo, luego de explicarnos que la vid hace raíces más profundas, y la piel de las uvas es más gruesa, pero a la vez los jugos son más dulces. La Chulita y Debbie fueron a agarrar unos bocadillos de quesos y fiambres.

En el changarro de la venta de vinos Stolpman en la Calle Broadway de Long Beach, a un lado de un Taco Bell y un estudio de Yoga, se organizan por turnos a los miembros del club para recoger sus botellas, pero al mismo tiempo ofrece unas probadas de vinos en el patio.

Hoy, el domingo estaba muy nublado, como para echar la hueva en la casa, pero los vinitos eran una tentación incapaz de resistir. Por eso fuimos.

La Chulita había decidido hacerse socia del club desde que supo lo bien que Stolpman trata a sus trabajadores, y la forma que incluso uno de sus vinos -La Cuadrilla- lo hacen ellos. Pero “María de los Tecolotes” era otro vino que ameritaba una explicación. Por eso averigué que se trata de la esposa de Rubén, la mayordoma que anda en cuatrimoto supervisando los  viñedos.

María Solórzano es del pueblo de Santa Cruz, a dos horas de Guadalajara, Jalisco, no muy lejos del rancho donde nació su esposo Rubén. Ahí se les llama a sus habitantes los tecolotes. La familia Stolpman pensó que así como el vino “Angeli” honraba a la inmigrante italiana suegra de Tom, ahora le tocaba a la paisana María hacer historia.

María Solórzano/ Cortesía Stolpman Winery www.stolpmanwinery.com

La llegada de “María de los Tecolotes” ocurrió en el 2014. En el tercer año de sequía, sorpresivamente, sin irrigación especial, las plantas que estaban colgadas en los viñedos empezaron a madurar. Produjeron unas uvas dulces y concentradas que le dieron sentido al sudor de los paisanos inmigrantes.

Ese jugo especial de la uva Syrah produjo el vino digno de una mujer como “María del los Tecolotes”.

José FUENTES-SALINAS/Tlacuilos.com

CRONICAS: ¿los billetes o las tarjetas?

Los billetes ya no me sirven de mucho.

En la feria del Santa Mónica Pier descubrí que aún para los juegos de tirar aros a las botellas se aceptan tarjetas de débito o crédito.
Ese fetiche de plástico ha ganado al papel.

Es posible que solo en el mercado de pulgas de la Villa Alpina se necesiten los billetes. He pasado ya buena parte del año sin más que un billete en mi cartera.
Por eso, ayer que entramos al Museo Armand Hammer con mi hijo, me sorprendió que en el estacionamiento solo aceptaran billetes.

– No te preocupes, yo traigo dinero, -me dijo- y sacó un billete de cinco dólares.

Luego fuimos a un café de Westwood, cerca de UCLA, donde estudió.

Temía que ahí fuera a pasar lo mismo, que no aceptaran el plástico. Con el aroma del delicioso café y unos pastelillos de queso y calabaza, me dí cuenta que ahí sí hacían lo que en todos lados: aceptar plástico magnetizado.

¿Cómo es que llegamos a todo esto?

Las tarjetas de crédito nacieron en la década en que yo nací. En 1950, Frank McNamara tuvo acaso un momento penoso cuando olvidó su cartera en una cena de negocios en New York.

Como se trataba de un tipo que de un problema hacia un servicio, un negocio, regresó después al mismo restaurante con su socio Ralph Schneider y les propuso una tarjeta de cartón que sería la Diners Club Card… Para 1958, la competencia se iniciaría con la American Express.

Hoy se compra y se paga con plástico, y el dinero se envía invisiblemente por satélites desde un teléfono celular o una computadora.

¿Esto quiere decir que desapareció el fetichismo del dinero?

Cuando era niño, y un peso de plata con la figura de Morelos era un dineral, veía con envidia a Rico Mac Pato nadar en billetes. Imagino que en la mentalidad de los narcotraficantes hay un niño pobre que vió las mismas historietas de Disney y el Pato Donald.

Hoy, siete de cada 10 norteamericanos tienen tarjetas de crédito, y la mayoría creen que el dinero desaparecerá antes que ellos.

Yo, que tengo la edad de las tarjetas de crédito, he entendido la trampa de vivir no de lo que se ha ganado, sino de lo que se ganará. Eso es una de las principales fuentes de estrés actual. Por eso me gusta pagar con tarjeta de débito, antes que de crédito.

Pero las posibilidades de la propaganda son impredecibles.

Mi banco me ha enviado todo tipo de ofertas de “ganar” dinero si uso crédito, cosa que me parece absurda. Aunque, cuando ha sido inevitable, las he usado y hasta me he comprado unos Levis con los puntos ganados.

En “El Capital”, Karl Marx explica que el dinero representa solamente una cantidad de trabajo productivo convertido en mercancía. Los billetes no son mágicos, ni sus hermanas las tarjetas.

En realidad como dice Pepe Mujica: usted no paga con dinero, paga con tiempo, paga con su vida. “Por eso debe ser tacaño en la forma en que usted gasta su tiempo, su vida, ya que en ningún mercado le venderán más años cuando los necesite”.

Decía: los billetes ya no me sirven de nada. Es como vivir en el siglo XX. Aún así acepto los regaños de mi esposa cuando me dice que, por si acaso, siempre debería traer unos cuantos billetes para expresar mi generosidad a los meseros, y a los niños, como lo hacía mi tío Antonio cuando llegaba a visitarnos.

En eso pensaba ayer en aquel patio del café de Westwood. Disfrutábamos un café calientito con mi hijo, cuando de repente un viento frío de la calle fue acercando dos o tres billetes igualmente fríos.

Toma, le dije a mi hijo, te los mandó tu abuela quien el día de hoy, como tú, estaría cumpliendo años.

El soltó una risilla nerviosa, y se puso contento.

La historia de Cambria en pocas palabras

Por siglos, venidos de quién sabe donde, los Chumash habitaban Cambria, antes de que Peter Forrester la rebautizarla en 1866 como un condado de Pennsylvania.

En 1769, Gaspar de Portolá tomó posesión en nombre del rey de España y dió esas tierras a los misioneros de San Miguel.

Cuando los mexicanos se deshicieron del rey y de la Madre Patria, les dieron la tierra a los rancheros, como a Don Juliano Estrada en 1841.

México perdió una guerra y también California, y los negociantes y los abogados, como el Senador George Hearst y el abogado Domingo Pujol, hicieron nuevas escrituras.

Por pura casualidad, en Cambria se encontró plata, madera, ballenas… tierra agrícola.

Y entre portugueses, suizos, canadienses, todo ese bosque costero se puso al feliz juego de la especulación.

Para cuando en 1920, el inventor del “periodismo amarillo”, William Randolph Hearst empezó a construir su castillo, con cebras, osos polares, jirafas… y techos y arte traído de los monasterios y palacios europeos, Cambria era ya solo un destino turístico, 240 millas al Sur de San Francisco, 240 millas al Norte de Los Angeles, con buena comida y buen vino.

FOTO Y TEXTO: José Fuentes-Salinas, Cambria, Ca., Jun., 10, 2017

Galería Moonstone Beach Redwoods, en Cambria, California. Foto: José Fuentes-Salinas. Instagram: taller_jfs

Cambria

No hay “M”, o “KFC”, gigantescas, o dominós o campanas. En Cambria no se aceptan los comederos públicos de las cadenas de comida rápida.
Y aunque eso no siempre significa, Mejor calidad, lo cierto es que en ese pueblo costero, que está a mitad de camino entre San Francisco y Los Ángeles, también se está a la mitad entre las aberraciones de la cultura y la belleza extrema de la naturaleza.
En San Simeón, seis millas al norte, Está lo que fue la mansión-castillo de William Randolph Hearst que aún conservas rocas esculpidas por los egipcios hace 3,000 años, mientras que a 15 millas al sur está una enorme roca esculpida por el mar que es el principal atractivo del Morro Bay.
La plata de minas cercanas, la tala de Pinos, la cacería de ballenas y hasta la construcción de La Casa Encantada, con osos polares y cebras, con fragmentos de conventos y castillos europeos, de el millonario, sacudieron la economía de Cambria.
Hoy, basta con que tenga buena vista al mar, y que esté cerca de Paso Robles, donde hay buenos vinos para apreciar más reposadamente el espectáculo que nadie desearía comprar.

Fotos y texto: José Fuentes-Salinas, Jun., 10, 2017

Un guía de turistas explica el arte de los Siglos XVI que adorna lo que fue La Casa Encantada de William Randolph Hearst, en San Simeón, California.

Las rocas, la galería del mar en Moonstone Beach.

Sin negocios de franquicias, ni letreros espectaculares, Cambria es un pueblo que destaca solamente el atractivo natural del mar.

Twitter: usos y costumbres

#TWITTER SON 140 CARACTERES. Si usted puliera el arte de decir, sería poeta, epigramista, filósofo o un buen alburero.

Este haikú de Matsuo Basho (1644-1694) tiene 45 caracteres:
“Este camino/ ya nadie lo recorre,/ salvo el crepúsculo.”
O bien, podría jugar con las palabras, como en este albur:
“No es lo mismo huele a traste, que atrás te huele”.
Pero como las herramientas de comunicación se han desarrollado más rápido que las habilidades de los usuarios, llegamos al problema de que nuestra capacidad de enviar mensajes se hace reiterativa, aburrida, ofensiva, confusa…
Hoy, la categoría (hashtag) “HowSurviveTwitter” (¿Cómo sobrevivir al twitter?) estaba en primer lugar con 48 mil tuits.
Eso tiene su razón: muchos están preocupados por la utilidad de este canal.
RB escribía: “ten una piel gruesa, una mente abierta, opiniones y reenvía los mensajes”.
En otras palabras ten criterio, ten un buen filtro para distinguir lo útil de lo inútil.
BB, agregaba: “solamente envía mensajes como si tuvieras un desorden mental. No solamente sobrevivirás, sino que hay posibilidades de que te conviertas en ‘POTUS”’.
BB se refiere a lo opuesto de Boswell: tuitea por tuitear, tomando el mal ejemplo del primer presidente norteamericano que usa este canal para decir todo tipo de cosas que se le ocurren de la política nacional e internacional… y de otros chismes, como los negocios de su hija.
SS es cauta. “No expreses en forma de tuits nada que tenga que ver con religión, política, o tus opiniones, solo diviértete con los ‘memes’”.
Por una parte, tiene un punto válido: cuestiones complejas que ameritan un contexto especial y la reiteración de explicaciones. En otro sentido, cae en la banalidad: si a la ciencia y tecnología le costó tanto trabajo crear esta herramienta tan fina, ¿cómo es que la vamos a usar para bromear?
Tanto en Twitter, como en otras aplicaciones de las Redes Sociales, hay quienes publican cosas que se hacen populares, y quienes simplemente muestran lo que quieren mostrar.
En esto, pueden entrar varias categorías desde las aberraciones extraordinarias, a las ideas novedosas.
EB escribe: “No te sientas obligado a seguir cada una de las cuentas de quienes te siguen. Solo sigue las cuentas que verdaderamente te importen”.
Pero mientras este es un mensaje altamente razonable, en seguida alguien publica el video de un niño que saca la lengua por un poro de su naríz.

CATALIZADORES Y ARGUMENTOS

Desde su rápido crecimiento en el 2007, cuando bajo la dirección de Jack Dorsey lanza propuestas de financiamiento y se posibilita la plataforma de apoyo de los “hashtags”, ha pasado una década de Twitter.
El grado de normalización que ha conseguido no solamente en el usuario común, sino en los medios de comunicación, instituciones y figuras públicas lo hacen digno de análisis.
En las escaramuzas electorales para la presidencia de Estados Unidos fue claro el rol que jugó. El candidato Donald Trump, provocando constantemente la atención con sus tuits, llegó el momento en que aún sin tener argumentos de peso dominó otros mensajes más sesudos en los debates. Esto lo reconocería el mismo presidente Barack Obama, quien en campaña de apoyo a Hillary Clinton decía con razón que con tuits no se podría construir un argumento de cómo se pensaba gobernar el país.
Es cierto. Los tuits, los mensajes cortos de 140 caracteres, no son un argumento, pero pueden servir como “catalizadores” del discurso, de las ideologías.
¿Si John F. Kennedy o Martin Luther King Jr. vivieran en la segunda década del Siglo XXI estarían “tuiteando”?
Las categorías de tuits se pueden dividir en dos grandes áreas, según sea su propósito: a) mensajes lúdicos y b) mensajes informativos. Ambas categorías están generalmente ligadas al “timing” noticioso.
Las categorías que se suelen utilizar en el periodismo, para dividir las “noticias” y los “features” pueden servir como punto de partida para organizar la actividad tuitera. En el periodismo, se sabe que luego de la apertura de una noticia, vienen los comentarios, el humor, el seguimiento, el análisis…
Algo semejante ocurre con los tuits, pero en estos hay una gran diferencia: se trata de mensajes frecuentemente espontáneos y con pocos filtros que ponen a prueba el criterio y la tolerancia de los usuarios.
Una usuario lo pone de esta forma: “Twitter es el radio. Encuentra las estaciones que te gusten. Escúchalas cuando quieras, y únete al coro, cuando lo desees” –Msh
Este mensaje se encuentra acomodado bajo la primer categoría, la lúdica. Se buscan mensajes para sentirse bien. Para dar curso al “Principio del Placer”, como catarsis, para dar legitimidad a una zona de confort.
Generalmente, en esta categoría entran cuestiones sexuales, temas de la farándula, exposición de asuntos de la vida privada… y hasta políticos, a condición de que no entren en asuntos serios y analíticos.

 

  • José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com. May., 2017