CRONICAS de California en tiempos del COVID-19: “Los proyectos”

11.09.2019. Café en Long Beach, California. Foto: José FUENTES-SALINAS/tlacuilos.com

Por José FUENTES-SALINAS/tlacuilos.com

Me sorprendió. Estaba por terminar de leer “El Quijote”.

—Para eso me ha servido la pandemia -me dijo- hacía tiempo que quería leer la novela de la que todos han hablado.

Mi amigo no es un gran lector, y ha dicho que si necesita un mapa para leer “Cien Años de Soledad”, preferiría leer todos los cuentos de Gabo.

Pero con la pandemia, mis amigos han hecho todo tipo de cosas que me comunican por el Facebook.

Me ha sorprendido quien desde Villa Jimenez se ha puesto a buscar las personas que conocieron al fotógrafo Martiniano Mendoza y que conocen algunas de las que están retratadas en el libro del Colegio de Michoacán. Es extraordinario lo que me ha contado. A partir de algunas fotos, ha reconstruido las biografías de algunos abuelos, y sabe mucho de esa vieja tradición ya desaparecida de retratar a los muertos, aún en sus ataludes y “de pie”.

Pero, así, en cortito, el otro día me encontré a un amigo que no veía desde hace tiempo que se puso a estudiar un curso intensivo para educar perros. Como al Parque El Dorado no va mucha gente a la primera hora de la mañana, él se lleva unos pastores alemanes a entrenarlos en el campo de beisbol que está cercado con malla de alambre.

La pandemia ha hecho surgir nuevas novelistas y hasta poetas. Gilda, una periodista que no he visto desde hace años, dice que ya tiene su tercer novela y que pronto la va a poner en linea. Se trata de una pareja de amantes que los sorprende la pandemia cuando ella lo había venido a visitar de la Ciudad de México, y no puede regresar, aunque tiene clases pendientes en la Universidad Iberoamericana.

El amigo poeta, un poco anárquico, dice que prefiere hacer poesía aunque nadie la lea porque es preferible a terminar dialogando con una mascota (que no tiene).

Bueno, ha habido todo tipo de proyectos en los que mis amigos se han involucrado:

El que tomó una clase de jardinería y paisajismo y que ya le ha redituado contratos en la lujosa ciudad de Rolling Hills y Palos Verdes. El que se convirtió en un extraordinario cheff y ahora nos educa con su podcast…

He pensado en reunirlos a todos ellos en el zoom y hacer un diálogo sobre la creatividad en tiempos de crisis, pero, de repente, me doy cuenta que todo esto es pura imaginación. GRACIAS POR LEER ESTAS 410 PALABRAS. No eres mal lector.

 

CRONICAS: COVID-19, el coronavirus y los nuevos estilos de vida entre los inmigrantes mexicanos en California

No se si ya se dió cuenta, prima. Pero ahora que vaya a que me corte el pelo, no voy a poder platicar con usted. Bueno, no así de cerquita, como antes. Usted sabe: hay que guardar la distancia razonable.

Y, déjeme decirle que la voy a ver a usted a que me corte el pelo para el Día del Padre solamente poque le tengo confianza, además de que siempre me hace ver bien.

No sé cómo le va a hacer para hacerme la rayita, o el “fade” atrás, pero, a lo mejor no le molesta que me afloje un poco el tapaboca, usted dirá.

Mire: así van a ser las cosas en muchos lugares desde ahora, y hasta que no aparezca una vacuna. En los aviones se va a acabar ese cotorreo de “¿a dónde va?… ¿cómo se llama el morrito?… ¿cuánto tiempo tiene sin ver a su abuelita?… ¿le van a bautizar el chiquito?..”

No, prima. Ahora los pasajeros van separaditos con sus tapabocas y las azafatas le dicen: miren, si no tienen sueño, háganse pendejos como si durmieran. Ja jaaa… Y olvídese de echarle piropos, o de preguntarles: ¿eres de Purépero?… pues que bonitos ojos tienes.

Eso sí. Cuando se trate de seguridad, le van a pedir que se los baje (los tapabocas, no sea mal pensada). Ahorita como andamos, todos con tapabocas, parecemos bandidos. Y si se pone unas gafas oscuras, pues ya pa’qué le cuento: tipo sospechosos. Mire, si ya antes con las medidas de seguridad había veces que uno hacía streap tease, ahora no sé cómo le van a hacer. Ahora los peligros no son los terroristas sino los coronavirus. Pero en el fondo de todo eso el problema es que los viajes van a ser cada vez menos de placer y más por necesidad. Yo por eso les estoy pidiendo a mis parientes en México que por favor no se mueran, que no me hagan viajar de urgencia.

A lo mejor se vuelve a poner de moda los viajes en carrertera, pero no en autobús, porque sería peor. A lo mejor muchos se van a comprar o a rentar sus “Motor-homes”, sus RV’s. Así era antes, cuando Doña Chelo cosía huevos y preparaba sandwiches para el camino.

A mi me gustaría llevármela a pasear así, prima. Usted ¿qué dice?… por lo menos a Yosemite para que se relaje de todo este relajo. Mire, usted me conoce por ser el mañanero, por ser de esos tipos “alrrevesados” que siempre les gusta irse tempranito a todos lados: ir al cine cuando no van muchos y las salas están casi vacías, ir a los parques cuando hay solo dos o tres corriendo, y salir tempranito a los viajes, cuando los baños públicos estan recién lavaditos.

Si, prima. Ríase. Ya llegué a la edad en que califico para morir de cualquier contagio, ya tengo esa “condición subyacente” que es la edad para que un chingado virus me parta la maraca. pero no soy pendejo, déjeme decirle. Yo no me arriesgo así a lo bestia como los del Condado de Orange, que no quieren usar mascarillas los señoritos (como si tuvieran una trompa muy linda).

Yo soy abusadillo desde chiquillo, y sé que en estos tiempos lo más peligroso es estar cerca de los imbéciles que se creen supermanes.

¡Ah qué, prima!… ya la voy a dejar ir.

Disculpe mi atrevimiento, pero yo nomás digo.

Ahí se me cuida.

SWAP MEET: Las cajas de herramientas

  • Por José FUENTES-SALINAS/Tlacuilos

 

“These are the REAL TOOLBOXES”, le dije a Alex.

El chiquillo se me quedó viendo.

Estas son las cajas de herramientas que tu tío conoció, mucho antes de las computadoras.

En el Swap Meet de la Villa Alpina, el tío llevó al muchacho a hacer un recorrido de la historia que mostraban los objetos. Montones de muñecos desperdiciados, herramientas manuales desplazadas por las eléctricas, ropa del último “Viernes Negro”…

Las cajas de herramientas eran un artículo apreciado por los comerciantes. Si no se vendían, les servían de todos modos para guardar los fierros que querían vender.

Alex no entendía cómo esas cajas de herramientas con filos oxidados podrían ser de algún uso, pero no se lo decía por respeto al tío. Sabía qué él siempre le daba algún acomodo a todo, y que si compraba cosas usadas no era por tacañería, sino porque no le gustaba que hubiera tantos desperdicios.

Cajas de herramientas reparadas. Foto: José FUENTES-SALINAS/TLACUILOS

La de ese día era la tercera.

Otras dos las tenía ya en su garaje. En una había acomodado las herramientas del jardín. En la otra, las herramientas para hacer “talachitas” adentro de la casa. Pero, ¿y la tercera?…

“Ah… ya verás”, le dijo. “Esta va a ser para las lijas, el tape, las brochas y las pinturas que a veces se necesitan”.

Salieron del Swap Meet. No sin antes saludar a medio mundo, a Trino “El Charro”, a Ramón “El Bigotes”, al Cowboy de Zacatecas y al Chilango Lango.

Alex paraba oreja. Viéndo a su tío conversar y vacilar con los vendedores aprendía esa habilidad cada vez más en desuso de hablar cara a cara.

En la casa, el tío sacó las pinturas, el tape y unos esténciles para marcarles letras.

“¿Te ayudo?”, preguntó el chiquillo.

“¡Claro!… Fíjate bien nomás lo que hago”.

El tío le puso cintas de tape alrededor de la caja pegadas a hojas de papel. Luego les pintó una franja, y ya cuando estaban oreándose en el sol, le dijo: “ahora tu ponles las letras”.

“¿Cómo?”

“Verás. Con estos cuadritos huecos, se los pegas a un lado, le pegas tape y cubres lo demás, y ya, cuando las cajas estén listas le echas spray”.

A la caja de jardinería le pusieron la “G”, a la de cables de electricidad, la “E”, a la de pintura la “P”, a la de herramientas, la “H”….

“Y ¿por qué a esta la “T”?”, preguntó Alex.

“Porque es la de los ’tiliches’…. Jaa aaaa…”

“¿Y qué es un tiliche?”, preguntó Alex.

“Es algo que uno no sabe para qué carajos sirve… como las cosas que mucha gente regala o vende a los del Swap Meet”.

Ese día, Alex aprendió muchas cosas de su tío.

La más importante: a no ser desperdiciado y a darle un segundo uso a las cosas.

 

 

Los Héroes de la Independencia

¿Me lo habría mandado algún dios misericordioso en un acto de magia?.

Todo aquello era muy raro.

El viernes había ido al Swap Meet de la Villa Alpina, en Carson.

Pasé a conversar con Enrique, el vendedor de joyas usadas, monedas viejas y chacharitas.

Hacía una semana que le había comprado un peso mexicano con mi fecha de nacimiento, en un acto de nostalgia.

Hablábamos y hablábamos de lo feliz que nos hacían nuestros atribulados padres como estas moneditas del día domingo.

Esa monedota de Morelos la llevada desde entonces como un fetiche, como una moneda de suerte.

Al regresar a la casa en Long Beach me quité la ropa para lavarla.

Saqué de las bolsas del pantalón mis llaves, mi billetera y la moneda de Morelos.

De pronto, sentí que en un rinconcito de la bolsa había otra monedita.

Era doña Josefa Ortiz de Domínguez, la heroína de la independencia, que acaso no quería dejar solo al Generalísimo Morelos.

¿Cómo habría llegado allí, de donde?

Cuando vi que era de la misma fecha de mi nacimiento entendí el mensaje: alguien del más allá quería recordarme que los pesos pesados están hechos de las humildes Josefitas de cinco centavos.

 

—José Fuentes-Salinas, 07202018.

HUEVOS DE PASCUA: El cuento del Sorullo Garambullo, Bubulín y el conejo azul

—¡Pues qué huevos de conejo!. Mira nomás donde fue a esconderlos. —dijo Canario Pikitoeoro.

—Cállese las orejas no ande de habladurías, —dijo Interneto agorafóbicus.

—Es que sí, ¡ya ni la friega!… no sabe que los Chavalitos no alcanzan esas ramas del árbol. Aún así los esconden entre las ramas altas, entre el zacate, detrás de la rocas, y hasta debajo de esos arbustos donde puede haber alguna araña.

—Bueno, pues así es el chiste, si no ¿cuál es la diversión?.

Canario e Interneto estaban en el Domingo de Pascua siguiendo una nueva tradición en California.

Las mamás después de ir a la tienda del dólar habían traído toda clase de huevos de plástico, canastas y chocolates baratos.

El Sorullo Garambullo se enojó.

—Oye vieja ya ni la rechiflan se fueron a lo más barato, —dijo— de perdida deberían haber traído unos cuantos paquetes de Snickers.

—Cállate los ojos dijo Lou Chona tú no me diste ni un cinco para traerles huevos, ¡que huevos!.

—¡Ay si no la sueltas te ahogas! —dijo Sorullo Garambuyo.

A los chiquillos no les parecía importar el precio de los huevos tampoco si eran huevos de verdad o huevos de puro plástico. Pero eso si el Bubulín, el filósofo y ambientalista del grupo les dijo: “Eyyy… guys, si no necesitan tantos huevos no los recojan y se lo damos a los niños pobres”.

—Ja ja ja, —soltó la carcajada el Bombín Patasudadas— carnal yo sé que tú eres buena onda pero a los niños pobres lo que menos les interesa son huevos de plástico, ellos quieren huevos de verdad  y si es con un galón de leche mejor.

Bubulín se quedó callado.

Luego pensó en que él se iba a guardar unos cuantos huevitos, pero eran para su abuelito que estaba en el hospital.

Don Meño esa vez no iba poder estar en el juego de los niños, pero le pidió a su hija que pusiera en el Facebook algunas fotos para verlas desde el hospital.

Por eso su hija se preparó muy bien para sacarles fotos. Además, había llevado un día antes a los chiquillos al centro comercial para tomarles fotos con el conejo azul que estaba ahí sentado por varias horas como Santa Claus en Navidad esperando a que se le arrimaran los chamacos y tomarse una foto. Tomarse una foto con el conejo del malll era mucho más barato que contratar a uno, o rentar uno de esos disfraces pestilentes que quién sabe cuantos papás se pusieron.

Esa sería la primera vez que Don Meño no se la estaría pasando con sus nietos pero estaba contento de que se hubieran juntado sus hijas en el parque y que los primos que vinieron de Oregón estuvieron allí con sus otros primitos.

—Oye, mamá, y los conejos ¿no traen billetes? —pregunto Bubulín.

—Ja ja ja ja ja, —dijo su mamá— que chiquillo tan interesado. Este año los conejos no traen billetes porque están medio jodidos.Pero ya confórmate con que traigan chocolates.

Así, el Bubulín siguió buscando huevos y huevos que iba depositando en su canasta.

Se comieron unos cuantos chocolates y los demás los depositaron en un frasco grande para irselos comiendo poco a poco.

El Bubulín el más inteligente de todos los chamacos juntó todos los huevitos de plástico vacíos y los puso en una bolsa.

—Mamá, —le dijo a la Lou Chona— ¿dónde está el tambo de basura para reciclar?.

Eso si que sorprendió al Sorullo Garambullo.

—De verdad que estos cipotes ya se están haciendo más inteligentes— le dijo a la Lou Chona. —Quién iba a pensar que un niño de seis años ya tiene la noción de que el plástico contamina.

—José FUENTES-SALINAS, MAR., 28, 2018. tallerjfs@gmail.com

FABULILLAS: El robot que limpiaba casas y daba instrucciones para vivir

UNA VEZ QUE LA CASA estaba perfectamente organizada, el robot pasó por cada habitación, cocina, comedor, sala y baños, a tomar fotografías en 360°, con un carrusel de cámaras que hacían un círculo.

Las imágenes de cómo debía lucir la casa se guardaron en su cerebro.

Luego vino la parte más importante.

Después de unos días de desarreglos, de calcetines regados en el suelo, de papeles de propaganda, bolsas de desecho y ropa tirada en cualquier lugar, el robot se puso funcionar.

Como un magnífico sirviente, con su visión de 360° empezó en la cocina recoger cáscaras de plátano, cajas vacías de cereal, servilletas de papel usadas… Y todas las iba depositando en sus respectivos lugares.

Llegó el comedor. Recogió la botella de vino de la cena del día anterior, los papeles de la propaganda política de los concejales de la ciudad, las ofertas de los supermercados y de servicios de cambios de aceite y llantas.

En la sala, el robot a acomodó las almohadas de los sillones y los arregló como en las imágenes archivadas en su cerebro. Los ositos de peluche de los 49ers de San Francisco los puso en medio.

Como un devorador del desorden, como una aspiradora de desarreglos, el robot furiosamente iba poniendo cada cosa en su lugar.

Y no solo eso. Mientras lo hacía tenía programada la “Marcha de los soldados” de la ópera Fausto, de Charles Gounod, aunque, si se prefería, se podía programar la “Cumbia Sampoesana” con Aniceto Molina.

INSTRUCCIONES PARA VIVIR

LUEGO DE HABER terminado su trabajo, el robot dejó a su cliente un instructivo para mejorar su calidad de vida, basado en recomendaciones del Instituto de la Longevidad de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA):

  • Su cerebro es tan importante como el corazón, protéjalos. Son como un buen matrimonio, lo que le hace bien a uno le hace bien al otro.
  • Nunca es tarde para aprender a vivir mejor. Eso ya lo sabía su abuelo, pero nunca le hizo caso.
  • Organice su cuarto, su casa, su trabajo, su vida… El desmadre produce demasiada ansiedad y cortisol, la hormona del estrés, que le puede arruinar la memoria y la salud. Clasifique los objetos, acuérdese del álgebra; organícelos todos los días como lo hacía el abuelo.
  • No pretenda abarcar toda la información del ciberespacio. El que mucho abarca poco aprieta. La publicidad e información del periódico dominical es lo que le tomó a su abuelo una vida en digerir. Cuando entre al ciberespacio vaya con una pregunta bien hecha para que no vaya perderse en el supermercado de respuestas.
  • Simplifique su vida, use las cosas para lo que fueron hechas: sus pies para caminar, su cerebro para pensar imaginar… la noche para dormir.
  • Nunca agote sus recursos, ni su energía, ni su dinero, la fantasía de control que le da la ciencia y la tecnología suelen ser insuficientes.
 —José FUENTES-SALINAS, Long Beach, Ca., 11/Mar./2018. tallerjfs@gmail.com

CONSUMO: Modelo para armar

Cuando le venden un modelo para armar, no le venden el mueble. Le vende la promesa de un entendimiento. Le venden una lista de piezas con que se hace un mueble. Le vende la esperanza de que usted tenga paciencia y suficiente tiempo para organizar tornillos y tablas. Le venden la posibilidad de que una a una, paso por paso, vaya armando el esqueleto, y luego las puertas y piezas que hacen el mueble que usted vió en la tienda.
Cuando le venden el modelo para armar, le venden la ilusión de que usted ahorrará dinero, porque saben que usted no es bueno para las matemáticas, y acaso pensará que valió la pena pasar una jornada de trabajo para ahorrarse dos o 10 dólares. Cuando le venden un modelo para armar le venden la idea de que usted era un carpintero, pero no lo sabía. Cuando le venden un modelo para armar le venden un conflicto con su esposa que desde el primer minuto querrá que usted sea mago, y haga aparecer el mueble que ella vio en la galería, y que compró por Amazon.

Cuando le venden un modelo para armar le venden la idea de que usted es carpintero, pero no lo sabía. Foto: José Fuentes-Salinas

—José FUENTES-SALINAS/tallerjfs@gmail.com

Masacre de San Valentín: entre la mecánica y la psicología

El hombre llevó su auto al día siguiente de que se encendió la luz de alerta en el panel.

—Deme las llaves, —dijo el mecánico de Walmart— ahorita lo revisamos.

Sabía que con el único transporte que tenía no se jugaba.

La movilidad es algo básico en una ciudad que se mueve en autopistas. Las señales de alarma son el último recurso de sobrevivencia.

Recordaba la vez que se encendió la luz del motor y al revisarle el aceite se dio cuenta que estaba casi seco. Esa vez, en el mismo estacionamiento de las tiendas Target le puso dos pintas de aceite que se chupó como un horno ardiente.

***

En la televisión de la sala de espera donde ahora estaba también se hablaba de las otras señales de alarma.

El asesino de la masacre tenía 19 años, era un hijo adoptivo que había perdido a sus dos padres adoptivos, primero a su padre, luego a su madre cerca del “thanksgiving” cuando todo el país se reúne en familia para dar gracias.

El muchacho tenía una personalidad complicada, lo había terminado su novia, y lo habían expulsado de la escuela. El muchacho era una máquina a punto de explotar. Regresó al escuela, hizo sonar la alarma para que todos salieran y les empezó a disparar con un rifle semiautomático AR-15, como si fuera un juego de feria. Fueron 17 muertos. La cosa hubiera sido peor si hubiera podido romper los cristales del tercer piso y dispararles como en la masacre del hotel Mandalay Bay en las Vegas hace pocos meses.

***

A la sala de espera llegó el mecánico.

—Revisamos la batería —dijo—, tiene garantía, pero todavía le sirve para otro año, le vamos a limpiar las conexiones eléctricas, quizá eso es el problema.

El hombre se puso contento de que el auto todavía mantuviera su integridad, que todavía pudiera llevarlo a trabajar a la tienda, al gimnasio, aún con las 235.000 millas que lo había corrido.

13 años le había durado, seis menos que la edad del asesino que ahora mismo lo llevaban esposado y con traje naranja frente a la juez.

Cabizbajo dijo su nombre y se lo llevaron.

¿Porque nadie notó que ese muchacho tenía en su cabeza un motor a punto de hacer cortocircuito?

¿Qué no había psicólogos en esa escuela?

Más para expiar culpas que para buscar soluciones, el gobernador y el presidente, los legisladores todos ellos bendecidos por los millones de dólares de la Asociación del Rifle, mandaron sus condolencias a las familias de las víctimas.

Pero en un tiempo de Internet y redes sociales, la respuesta de los jóvenes estudiantes no se hizo esperar.

—F… You Mister presidente!, no necesitamos sus oraciones, sino de sus acciones para hacer seguras nuestras escuelas. —escribió un muchacho en Twitter.

Un padre de familia de la misma escuela le decía que el dinero que se pensaba gastar para construir un muro fronterizo con México, lo debería gastarlo en hacer más seguras las escuelas.

—Yo no tengo miedo a una invasión de mexicanos, tengo miedo que un día mis hijos no regresen de la escuela, —dijo el padre frente a las cámaras de televisión.

Habían sido 18 tiroteos en mes y medio, de lo que iba del año.

La nueva masacre del día de San Valentín tenía algo más de mórbido. Ese día también coincidía con el miércoles de ceniza, día en que se inicia la preparación cristiana para la pasión y muerte de Jesús. También ese día en 1929 había culminado en una masacre la guerra entre los mafiosos en Chicago. Vestidos de policías los matones de Al Capone habían llegado al cuartel de Bugs Morán y habían asesinado a siete de sus rivales.

La historia dice que esa fue la acción más sangrienta antes de que Al Capone controlara a la mafia.

¿Que dirían ahora los descendientes de sus mafiosos? ¿Que dirían ahora que un muchacho pecoso llegó en un auto de alquiler Uber a cometer otra masacre de San Valentín?

Es un buen negocio acomodar en los tableros electrónicos de los autos indicadores que informen si las llantas están desinfladas, si el motor no tiene suficiente aceite, si la batería está descargada, si el auto está en demasiado estrés… pero acaso no es tan buen negocio pagarle a un psicólogo para que detecte a tiempo un chamaco que se aísla, un deprimido, un delirante.

El hombre recogió las llaves de su auto, y le dijo al gerente que ojalá le pudieran mandar un mensaje cuando la batería estuviera a punto de expirar.

—Buena idea —respondió

Encendió el auto y se subió a la autopista

.En la misma estación de radio en la que hace unos días había escuchado a un locutor decir que ser psicólogo es “ser candidato permanente al desempleo”, ahora todos hablaban de salud mental.

“Tenemos que invertir más en programas de salud mental en las escuelas… Tenemos que prevenir que muchachos con trastornos mentales compren armas… Nos falló detectar a tiempo con el FBI el riesgo…

—¡Bola de cabrones! —se dijo, y cambió de estación de radio, para escuchar música clásica.

 —José FUENTES-SALINAS, 19, FEB.,2018. tallerjfs@gmail.com

Carta ecológica a Santa Clause

Querido Santa Claus:

Este año me he portado muy bien. He sido muy ecológico. Esto quiere decir que he usado muy poco plástico, y no he producido demasiados desperdicios.
Por eso, este año te quiero hacer un pedido muy especial: no regales nada que no sea ecológico.
Por favor, no regales esos suéteres ridículos, que solo se usan unos días, y se llevan a la tienda de artículos usados.
Tampoco regales demasiado plástico, principalmente ese plástico que se va a tirar a las playas, o que causa graves problemas en los basureros.
Este año quisiera que revisaras bien las necesidades de las personas y les dieras solamente aquellos regalos que realmente necesitan.
Una forma de lograr esto, es preguntándole bien a las mamás lo que sus hijos usan más, y no llegar así nomás a lo pendejo a descargar un montón de juguetes que de cualquier forma en dos meses los niños desechan.
El planeta ya no aguanta más santa.
Y tú que vienes del polo norte sabes bien la forma en que ya los glaciares se están derritiendo y muy pronto los osos polares van a estar llegando a las costas de Acapulco.
No hay que ser santa.
Tú tienes que empezar a predicar con el ejemplo.
Si en verdad quieres que la Navidad sea blanca y haya nieve, venados y árboles, debes pensar en proteger el planeta, no te hagas pendejo.

– José Fuentes-Salinas, Long Beach, Ca 

El sacrificio de las arañas verdes

CUANDO sea aún más evidente que el veneno de los pesticidas en las plantas son mucho más dañinos que las ocasionales molestias de las arañas en la agricultura, se les hará justicia. Las arañas y otros insectos benéficos son el futuro y el presente de la agricultura orgánica. Mientras, basado en mi experiencia de entomólogo aficionado, me siento obligado a dar testimonio de la Lynx verde que tuve como residente en el nopal del jardín.

1.- La araña Lynx verde hace su nido y lo protege de depredadores. Foto: José Fuentes-Salinas

1.- La araña Lynx verde hace su nido y lo protege de depredadores. Foto: José Fuentes-Salinas

Digo que “tuve”, porque hoy que llegué del trabajo me di cuenta que su ciclo había concluido. La araña verde hizo primero un nido, una bolita en el extremo de la penca del nopal. Ese nido lo cuidó por varios días contra otros depredadores. Hizo un tejido fino y breve para que no llegaran avispas u otros insectos a destruírlo. Pacientemente esperó, hasta que emergieron las arañitas. Y cuando estas nacieron, les enseñó a cuidarse, a juntarse cuando el viento sacudía la planta y a estar listas para cuando llegara el día.

2.- Al nacer las arañas, les enseñó a juntarse para protegerse de los ramalazos del viento. Foto: José Fuentes-Salinas.

2.- Al nacer las arañas, les enseñó a juntarse para protegerse de los ramalazos del viento. Foto: José Fuentes-Salinas.

Hoy llegó el día. La araña madre quedó inmóvil cerca del nido que tanto protegió. Las arañitas pronto se irán a defenderse por ellas mismas y a dar cuenta de los insectos dañinos para proteger el jardín, algo que les enseñó su madre, que por cierto tiene un gran cerebro.

3.- Finalmente, al concluir su ciclo, la araña verde Lynx quedó inmóvil junto a su nido. Foto: José Fuentes-Salinas

3.- Finalmente, al concluir su ciclo, la araña verde Lynx quedó inmóvil junto a su nido. Foto: José Fuentes-Salinas