INTERNAUTAS: las aplicaciones tecnológicas (APPS) y la vida cotidiana

DESPUES DE VARIOS Años de sequía, se han dejado venir varias tormentas a California. Después de varios años en que unos han cambiado el pasto por grava, por plantas tolerantes a la sequía, la lluvia se ha ido acomodando al paisaje. Por fin he podido usar la aplicación radar NOAA del clima en el iPhone. Lo uso junto con la otra aplicación de las predicciones del Weather Channel que muestra con unas nubecitas o soles el clima que habrá a cada hora del día. Así no falla. Las masas de humedad verdes y violetas se van moviendo desde el Oceano Pacífico hasta la Costa Oeste. Los noticieros de la televisión se van haciendo prescindibles. ¿Cuántas aplicaciones son realmente necesarias para moverse en la ciudad, para saber si uno tiene que salir con el paraguas o si puede planear un fin de semana?…

Y luego vienen los anuncios de las noticias que según alguien deberíamos saber inmediatamente. En la mañana… beeep!… sale un anuncio diciendo que el Trompas había vuelto a anunciar un decreto para restringir la entrada de refugiados e inmigrantes. Esa urgencia por interrumpir mis actividades de mañana es como si yo fuera un funcionario de inmigración, y en ese momento se me fuera aparecer un refugiado de Sudán. Además de trastornar los rituales de hacer llamadas telefónicas (antes se hablaba después de la comida a los amigos y familiares), ahora se trastornan los rituales para ver los noticiarios y enterarnos de cómo está el mundo. Y ya no digamos ese sagrado y antiguo ritual de sentarse por la mañana a leer los diarios con un cafecito a la hora del desayuno.

Hoy, por la tarde revisaba en el Twitter que habían nombrado a una nueva CEO de Google en México. El nombre de la mujer estaba “trending” en México. Gran bulla hacían por anunciar en el Día Internacional de la Mujer (hashtag que también estaba “trending”) y en decir que era la primera mujer en ocupar ese puesto. Les puse tres “Tuits”: 1) “MAL TRABAJO hace el gigante de la informática que en veinte entradas no dice quién es la CEO”. 2) “EL FUTURO DE Google está en educar a sus usuarios. La sustentabilidad está basada en la capacidad de los usuarios para producir contenidos de calidad”, 3) “LAS PERSONAS inteligentes interrogan a Google. Las otras se dejan bombardear por la publicidad y los mensajes frívolos”.

¿Qué tanta tecnología necesitamos para ser felices… para sentirnos que tenemos control de nuestras vidas y saber que podemos interactuar con los demás en la medida de nuestras necesidades?.

Momento en que los clientes de un restaurante de comida rápida esperan hacer pedir sus platillos, al tiempo que revisan sus celulares.

En las últimas columnas que escribió el semiólogo italiano Umberto Eco trataba de ocuparse de ello, pero con cierta desconfianza. Platicaba: “yo casi siempre traigo apagado mi móvil. Lo enciendo cuando necesito hablar o revisar mis mensajes (…) cuando murió mi padre, me enteré 6 horas después. Estaba en una conferencia. Pero si me hubiera enterado antes esto no hubiera cambiado nada”.

Soy psicólogo y “no puedo negar la cruz de mi parroquia”: “EL ESTRES DERIVADO DEL USO DE LA NUEVA TECNOLOGIA se basa en que nos crea la noción de que algo tremendamente importante va a ocurrir en cualquier minuto, y no podemos despegarnos de nuestros celulares”.

Si lo vemos bien, muchas de las cosas que vemos en las pantallitas (este corrector automático me propone en lugar de pantallitas, “pantaletas”, otro ejemplo de lo intrusivo que se ha hecho la tecnología) podrían esperar hasta el fin de semana, y no se va a acabar el mundo.

No tengo idea hacia dónde va la tecnología. Pero si tengo una idea de adonde no quiero que me lleve. No quiero que me lleve a una situación donde todas esas habilidades que tardaron siglos en desarrollarse, de un de repente queden desplazadas hacia la nube.

¿Como qué?

Como la capacidad de elegir nuestras propias preguntas, y saber cómo y donde buscar respuestas de calidad.

Umberto Eco tiene razón en que lo más importante para beneficiarnos de la Internet se basa en tener buenos filtros. A eso se le suele llamar “criterio”, “pensamiento crítico”…

Y ¿cómo se desarrolla eso?… En la práctica.

Hace unos momentos, Amazon me envió un mensaje de texto que me llenó de alegría: me decía que el envío del libro de antología de poesía mexicana editada en Quebec hace más de 25 años se había adelantado.

Curiosamente, mi poema que incluyen se llama “Mis gustos” y eso sobre el placer de escuchar a Bach en un radio viejo, o leer el periódico en papel, la primera mirada al jardín… Jaa jaja, cuando lo escribí no me imaginaba que algún día me iba a despertar con el iPhone y revisar en el Facebook si el mundo no se había acabado, y revisar en “INRIX” el tráfico de las autopistas.

-José Fuentes-Salinas, Long Beach, Ca., 6, Marzo, 2017, tallerjfs@gmail.com

 

LIBROS: Conversación con Umberto Eco

EN EL PRINCIPIO era la memoria hablada, en el principio, se declamaba la historia, la historia tenía diferentes tonos. Luego llegó la historia escrita a mano, antes de la imprenta, y ahí estoy yo viendo a Sean Connery vestido de fraile visitando el monasterio donde se hacían los libros incunables, donde cada letra era arte y disciplina.
Ya no podría saber más de lo que se ha escrito sobre “El Nombre de la Rosa”, ni podría preguntarle a Eco sobre esa diferencia de lectura entre su libro y la película. Seguramente me hubiera mandado a leer alguna otra entrevista, porque así es su costumbre.

Umberto Eco, “De la estupidez a la locura”, Ed. Lumen

Muchos le dicen semiólogo, semiótico, filólogo, arqueólogo de lenguaje, teórico de la comunicación… Novelista, ensayista… O escritor.
Pero la realidad es que saber más de todo eso ya no podría ocurrir.
“Umberto Eco murió en la tarde del viernes a los 84 años”, dijo la BBC el 20 de febrero de 2016, quien tuvo la elegancia de definirlo simplemente como “escritor y pensador” que “vendió más de 1 millón de copias de El Nombre de la Rosa”, en varios idiomas. “Fue incluso llevada al cine”, dice la noticia que con esto terminaría dándole la primera puñalada al escritor post mortem.
La definición era sólo por una novela y por la cantidad que vendió, así como por el bautizo que le hizo el cine. Pero a decir verdad, al final incluyeron una frase de cómo el propio Eco se definía: “yo soy filósofo, escribo novelas sólo los fines de semana”.
Eso lo recupero para mí, para el encuentro que tuvimos en la librería Barnés and Noble de Torrance, California, y que continué en la de Long Beach.
Encontrarlo ahí y no en Amazon.com tiene una gran diferencia.

Leyendo a Umberto Eco en Barnes and Noble Bookstore.

Ahí podría escrutinar con más paciencia cada una de sus ideas que dijo antes de morirse de cáncer de páncreas. Como se sabe este tipo de páncreas es el más rápido y más agresivo y tan sólo por eso, el escritor ya no tuvo tiempo de planear otra gran novela.
Así es que su libro nombrado “De la estupidez a la locura, crónicas por el futuro que nos espera”, subrayando con mayúsculas: “EL ULTIMO LIBRO DEL GRAN MAESTRO”, era un verdadero pretexto para sentarse ahí con un café a conversar.

– ¿Por qué usted que se ha pasado la vida hurgando los libros viejos y nuevos ahora le da por ocuparse en los teléfonos celulares y en la Internet?

“Los móviles están cambiando de manera radical nuestra forma de vivir, por lo que se han convertido en un objeto interesante, desde el punto de vista filosófico. Al dado también las funciones de una agenda en la palma de la mano, y una computadora con conexión a la red, el móvil es cada vez menos un instrumento de oralidad y más un instrumento de escritura y lectura. Como tal se ha convertido en un instrumento o modo de registro”.
No le quise contar en ese momento, que con iPhone había podido copiar algunos de los párrafos de su libro, en lugar de escribir notas en un papel, ni que en un instrumento así me había enterado de varias noticias de su muerte.
El, qué pasó del siglo XX al siglo XXI con una buena carga de sorpresas, no le pareció extraño eso de las “fake news”, que unos muchachos de Macedonia solían fabricar y que incluso el general Flynn se las creyó.
De hecho, me confesó que él solía consultar la Wikipedia y que a decir verdad sólo había tenido que corregir dos o tres cositas de su biografía. El veía como un riesgo que en la Wikipedía todos pudieran cambiar y editar los textos, pero que, al final de cuentas, entre todos se detectan las mentiras e imprecisiones.
Fue cuando recordé que en algún momento eso me había pasado cuando edité la semblanza de Zacapu, mi lugar de nacimiento. Conociendo bien mi ciudad, una vez escribí que los bosques y lagos se veían amenazados por la mancha urbana, e incluía varios datos olvidados de los fundadores de escuelas, cines, comercios… Años después alguien había borrado mis datos ecológicos.
El profesor lo tomaba todo esto con calma.
Cree, como yo, que hay que construir un discurso sobre los usos y abusos de la tecnología, hay que organizar una reflexión, pero hay que empezar desde las escuelas, hay que enseñar a filosofar, como también dice Fernando Savater.
Esa tarea es difícil por la rapidez con que ha ocurrido los cambios de la tecnología cibernética, el consumo.
Y a manera de ejemplo dice que si él hubiera tenido un auto como los de ahora cuando empezó a manejar quizá hubiera chocado.
“Yo crecí manejando, crecí con los cambios de los autos”.
Del 2004 cuando apareció el Facebook, al 2010 cuando, tenía 400 millones de usuarios, el profesor experimentó un extraordinario cambio, pero ¿para qué?.
“El problema es que fue como si todo lo que se decía en un bar lo dijeran de repente en las redes sociales”.
La seducción y el entusiasmo que produce lo nuevo es algo que siempre distorsiona las necesidades, más ahora en estos tiempos de una explosión publicitaria nunca antes vista.
El me lo explica mejor: “la relación entre entusiasmo tecnológico y pensamiento mágico es muy estrecha y va ligada a la confianza religiosa en la acción fulminante del milagro. El pensamiento teológico nos habla y nos hablaban de misterios, pero argumentaba y argumenta para demostrar hasta qué punto son concebibles o bien demostrables. En cambio, la fe en el milagro nos muestra lo nominuoso, lo sagrado, lo divino que aparece y actuar sin demora”
Para Eco la cuestión de cómo usar la tecnología tiene que ver con los filtros que da la preparación académica, la filosofía, la revisión de los cambios que hubo en otras ocasiones.
Mucha gente confunde el “reconocimiento”, “la fama”, el protagonismo, con otras cosas banales… Y tarde o temprano aparecen las consecuencias: por ejemplo un presidente que en lugar de explicar cuestiones complejas, envía “tuits” sobre cualquier cosa que se le ocurre, y dice que los medios son unos deshonestos.
Como como todo pensador, el profesor no se ocupa de todo los problemas que ha traído consigo la nueva tecnología, o lo que desde la revolución industrial han llamado “progreso”.
Como buen conversador con los signos, ahí escrito unas cuantas ecuaciones que las siguientes generaciones habrán de responder.
De lo que si advierte es que se necesita un buen filtro para saber lo que es relevante, ya que los días no son tan extensos, ni la vida larga.
Pone de ejemplo el cuento de Jorge Luis Borges “Funes el memorioso”, el tipo que podía memorizar todo, incluyendo lo más irrelevante.
“Internet esa hora como Funes. Como totalidad de contenidos disponibles de forma desordenada, sin filtro ni organización, permite a cada uno de nosotros construirse su propia enciclopedia, esto es su libre y personal sistema de creencias, nociones y valores… Así que, en teoría, podrían existir 6000 millones de enciclopedias diferentes, y la sociedad humana se reduciría al diálogo fragmentado de 6000 millones de personas, cada una con su propia lengua distinta que sólo entendería el que el habla”.

—José Fuentes-Salinas, tallerjfs@gmail.com. Con datos del libro “De la estupidez a la locura”, Umberto Eco, Ed. Lumen, Ensayos.

 

Sobre “El valor de las cosas”

“USTEDES NO SABEN EL VALOR DE LAS COSAS”, decía mi hermana la mayor cuando veía un trapo o un juguete tirado. Cuando veía el riesgo de que aquel objeto se rompiera, se perdiera, se deteriorara.

Y es que para ella los objetos no eran objetos. Eran trabajo de mi padre en la sastrería, o dando clases de música aguantando chiquillos latosos, o monjas tacaños que le pagaban un mal salario.

Por eso se preocupaba mi hermana, porque no entendíamos esas leyes que la economía más tarde me explicaría: los objetos, la mercancía, es igual a trabajo, mas recursos, más ganancia.

Y con decir eso se decida mucho: el trabajo que era aprender a tocar un violín, aprender a leer las partituras, escuchar mucha música y poder transmitir el gusto por Beethoven y Bach a los míos. El trabajo era treparse a una bicicleta Hércules para irse a dar clases, o para irse a la sastrería y decirle a un capitán: “deje la mesa la pistola, y abra las piernas para tomarle medidas de la entrepierna”. Y aprender hacer ese trabajo y hacerlo se le iba la vida a mi padre.

Los objetos tenían pues ese trabajo, ese entusiasmo de sudar, de decir, de cortar tela, conocer, explicar, imaginar…
Los objetos eran trabajo, y el trabajo era la vida, y la vida era muchas cosas incluyendo sacrificios, argumentaba mi hermana sin decírmelo directamente para que yo lo entendiera.
Luego vino la confusa adolescencia, la crisis de identidad, la búsqueda de las referencias definitivas sobre el valor de las cosas. Vino el idealismo, y el materialismo filosófico, vino el psicoanálisis de los fetiches, el romanticismo. Tomadas de aquí y allá las frases se acomodaban a las circunstancias: “las mejores cosas de la vida no son cosas”; “entre la materia y el espíritu, la materia pierde”; “sólo venimos a soñar”; “vanidad de vanidades, todo es vanidad”; “si eres lo que tienes, ¿qué eres cuando lo pierdes?”… Amor y Paz brother; All You Need is Love…
Me di cuenta a tiempo de la trampa.

Los objetos tienen un valor en sí y un valor de cambio, “ayyyy…  mi casita de Palma… Ay, mis Naranjos en flor”… La casa es los padres y los hermanos, el refugio de la desesperación, el olor a sopa, y a canela… pero también es la inversión, la especulación, del millonario llegado a presidente.

Entonces me di cuenta que cuando mi hermana me decía “ustedes no saben el valor de las cosas” tenía un poco de razón. Nosotros, como niños, nos veíamos la fotografía completa, la historia de los objetos, los sacrificios de tiempo y vida que hicieron los mayores.

Es muy probable que por eso, ahora ya de labregón, me ha dado por juntar dos o tres objetos viejos que me permiten reflexionar en lo que hicieron por mí.

En el mercado de pulgas, he comprado el sacapuntas como el que tenía la maestra Meche en su escritorio, la maquinita de escribir con que hacíamos las tareas en la secundaria… Ah!.. Y estos hermosos cuadernos en que escribo con una excelente pluma con tinta china resistente al deterioro.

Por las tardes cuando regreso de trabajar, entro al estudio y saludo a los Cowboys de plástico que alguna vez mi hermana me regalo para un Día de Reyes. Lo recuerdo bien. Ese día Los Reyes Magos nos habían dejado en los zapatos sólo unos calcetines nuevos y unos dulces, y mi hermana al vernos tan aguitados a mi hermano y a mí, de su dinerito que le pagó la China Pimentel por hacer vestidos, fue a comprar unos juguetes a la tienda de Chuca.

A mi hermano le tocaron tres apaches, y a mí tres Cowboys, los dos paquetes con una pistola de dardos.
No sé cuánto valdrán esos muñecos, como antigüedad. No me interesa. Me interesa entender que son parte de la vida de mi hermana, y no una mercancía.

Les decía pues que los objetos tienen un valor en sí y un valor de cambio, así como lo explica Paquita la del Barrio: “Yo no soy letra de cambio, ni moneda que se entrega, que se le entregue a cualquiera, con mucho y que al portador”.

Y es aquí donde nos atoramos.

¿En qué momento los objetos dejan de ser su historia, su origen y se transforman en lo que el mercado y la publicidad quiere que sean?. ¿En qué momento, a través de la metonimia, la parte sustituye al todo?.

La base del coleccionismo es la metonimia, es el valor que los millonarios busca acumular, y cuando están por morir lo comparten. La redención de los millonarios son sus museos.

Cuando era niño, encontré un autorretrato de Rubens en un charco. Le quite el lodo, lo dejé secar y se lo di a mi hermana. Luego, ella lo cortó con unas tijeras y lo pegó en el álbum. Era un álbum de pinturas famosas impresas de las cajetillas de cerillos clásicos ilustrados. Ya de adulto, cuando vi la pintura original en el museo Norton Simón de Pasadena casi me hinco.

La cosificación de la vida, la materialización de lo cotidiano ocurre cuando el Rembrandt impreso en una cajetilla de cerillos es sólo basura reciclable, y los museos son sólo la promoción de un filántropo millonario, y un gancho para atraer a los turistas para gastar en una ciudad.

“Ustedes no saben el valor de las cosas”, decía mi hermana.

Eso lo entiendo ahora.

No. No lo sabíamos, porque éramos unos niños.

Pero la mayoría de los millonarios tampoco lo saben. De otra forma no me explico como hay tantos artistas que pasan hambres, mientras los millonarios llenan sus mansiones con el arte de unos cuantos elegidos.

Los objetos son su historia. En la gráfica se ve dos de los cowboys sobrevivientes de hace más de medio siglo.

-José Fuentes-Salinas, 21, ene., 2017

Instrucciones para esperar en una sala de hospital

SEA PACIENTE, aunque no esté internado. Asegúrese que tomó su dosis diaria de cafeína, pero no se desespere. Reconozca el lugar del sanitario. Acostúmbrese al olor a desodorante, a las lociones de las señoras y a la pizza de pepperoni de esa mujer que llegó en silla de ruedas de doble rodada. Pregúntele a la recepcionista cuanto habrá de esperar, pero no crea lo que dice. Cuente más bien cuántas cabezas hay en la sala y no se ocupe del mal aspecto que tienen. El dolor siempre es así de aburrido: los gestos se descomponen, los párpados se caen… La sala de un hospital es mala para conversar en temporada de catarros. Así es que mejor evite las conversaciones. No abra la boca. Mejor, abra su teléfono-computadora y en la pantalla cuéntese usted mismo un cuento -que sea pequeño por si le toca su turno.
No vaya hacer esperar al radiólogo para que le retrate ese esqueleto desgastado.

Las salas de espera son así, ya sabe cómo. Foto: JFS

José Fuentes-Salinas, Irvine, California,  13. Ene. 2017. tallerjfs@gmail.com

Los cafés y la realidad virtual

Hay muchas formas de pensar en la realidad.
Mientras mi hijo se esforzaba por mostrarme la magia de la realidad virtual, alrededor de nosotros ocurría otra realidad más real. La realidad del cafecito adonde íbamos desde que era niño nos invitaba a juntar lo viejo con lo nuevo. The Library Coffee House, en Long Beach, está hecho de libreros de libros usados, de mesas y sillas de un segundo o tercero.
En la pantalla de su computadora me enseñaba como los objetos y personas inexistentes en ese momento aparecían flotando en la pantalla de esa realidad virtual.
Mientras, personas reales conversaban cara a cara y tomaban café de verdad.
También se comunicaban con otra realidad del pasado o del presente: una pareja de posibles novios que no se habían visto desde la escuela secundaria, clientes que exploraban algo en la Internet, y un grupo de señoras psíquicas que compartían como en los tiempos de Allan Kardec sus testimonios de la comunicación con los muertos.
Hablaban de un esposo que regresaba de la muerte, de un fantasma que quería expulsarlas de la casa, de su grado de espiritualidad…
Entre tantas realidades, con mi hijo conversábamos sobre cómo juntar unos cuantos cuentos infantiles y acomodarlos en el ciberespacio del Tío Caimán, un personaje ficticio que también tiene algo de realidad.

The Library Coffee House in Long Beach, CA. Photo: José Fuentes-Salinas

-Long Beach, CA, 30 DEC., 2016. tallerjfs@gmail.com

Swap Meets: “La permanencia del retrato” -los viejos “selfies”-

¿Y COMO ES que calló tan bajo la mujer del peinado duro

la de los ojos serios y el vestido azul?

¿Y cómo es que está aquí su retrato

lleno de polilla sobre el asfalto?

¿Alguien podría explicarme

la historia reciente de esta mujer antigüa?

¿Alguien podría decirme

de qué muro, de qué humedad

se desprendió del todo?

Yo quisiera saber si hay forma

de ponerle edad y precio

a este maquillaje, a esta insistencia

de recuperarse del olvido.

Viejo retrato en un mercado de pulgas, Swap Meet, de Carson, California. Foto: José Fuentes-Salinas

-José Fuentes-Salinas, 16, Dec., 2016. tallerjfs@gmail.com

El sacrificio de las arañas verdes

CUANDO sea aún más evidente que el veneno de los pesticidas en las plantas son mucho más dañinos que las ocasionales molestias de las arañas en la agricultura, se les hará justicia. Las arañas y otros insectos benéficos son el futuro y el presente de la agricultura orgánica. Mientras, basado en mi experiencia de entomólogo aficionado, me siento obligado a dar testimonio de la Lynx verde que tuve como residente en el nopal del jardín.

1.- La araña Lynx verde hace su nido y lo protege de depredadores. Foto: José Fuentes-Salinas

1.- La araña Lynx verde hace su nido y lo protege de depredadores. Foto: José Fuentes-Salinas

Digo que “tuve”, porque hoy que llegué del trabajo me di cuenta que su ciclo había concluido. La araña verde hizo primero un nido, una bolita en el extremo de la penca del nopal. Ese nido lo cuidó por varios días contra otros depredadores. Hizo un tejido fino y breve para que no llegaran avispas u otros insectos a destruírlo. Pacientemente esperó, hasta que emergieron las arañitas. Y cuando estas nacieron, les enseñó a cuidarse, a juntarse cuando el viento sacudía la planta y a estar listas para cuando llegara el día.

2.- Al nacer las arañas, les enseñó a juntarse para protegerse de los ramalazos del viento. Foto: José Fuentes-Salinas.

2.- Al nacer las arañas, les enseñó a juntarse para protegerse de los ramalazos del viento. Foto: José Fuentes-Salinas.

Hoy llegó el día. La araña madre quedó inmóvil cerca del nido que tanto protegió. Las arañitas pronto se irán a defenderse por ellas mismas y a dar cuenta de los insectos dañinos para proteger el jardín, algo que les enseñó su madre, que por cierto tiene un gran cerebro.

3.- Finalmente, al concluir su ciclo, la araña verde Lynx quedó inmóvil junto a su nido. Foto: José Fuentes-Salinas

3.- Finalmente, al concluir su ciclo, la araña verde Lynx quedó inmóvil junto a su nido. Foto: José Fuentes-Salinas

Herramientas, símbolos y adornos del Swap Meet

EL VIEJO payaso de Ports O’ Call de San Pedro me lo dijo una vez: “Santa Claus no era rojo, así lo hizo la Coca Cola para hacer promoción. El original era verde”. Nino The Clown era un payaso de una voz gruesa y sonora que a su edad ya solamente inflaba globos salchicha para venderlos por un dólar en el puerto. Todos lo daban por un pobre viejo, pero quien se acercaba a conversar con él, se daba cuenta que era un experto en historia bíblica y había leído la Biblia en hebreo. En él pensaba ahora que andaba en el Swap Meet de Carson. Había varios Santa Claus desempleados, recién salidos de una bodega o de un garaje.

Un Santa Clause desempleado esperando a un comprador en el Swap Meet de Carson, California. Foto: José Fuentes-Salinas

Un Santa Clause desempleado esperando a un comprador en el Swap Meet de Carson, California. Foto: José Fuentes-Salinas

Los vendedores de usado trataban de darles una nueva oportunidad para animar las fiestas decembrinas. En los Swap Meets o tianguis de cosas usadas uno no sabe que se va a encontrar. Por eso siempre estoy regresando. A veces solamente para ver y para tomar fotos con el iPhone, de manera discreta, a veces sin que los vendedores lo adviertan. Los objetos dicen cosas, “connotan” significados. Aunque su vida útil ya haya concluído, son “signos”. Pero los significados hay que irlos recuperando. Me encuentro también en otro puesto unas tijeras de podar arbustos, una hoz y un martillo, exactamente como las que aparecían en las banderas rojas de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). La hoz y el martillo significaban la unión entre los campesinos y  obreros. A los vendedores les importa un carajo todas esas cosas. A ellos solo les interesa darles nuevo uso a las cosas que se van encontrando en ventas de garaje y ganarse unos dólares.

La hoz y el martillo que alguna vez fueron los símbolos de la unión entre obreros y campesinos se pierden entre otras herramientas del Swap Meet de Carson. Foto: José Fuentes-Salinas

La hoz y el martillo que alguna vez fueron los símbolos de la unión entre obreros y campesinos se pierden entre otras herramientas del Swap Meet de Carson. Foto: José Fuentes-Salinas

—Dame 120 dólares y te llevas a todos los apóstoles, incluyendo a Judas —me dice uno de ellos- que ¿dónde los encontré?… Estos vienen de un “storage room” donde remataron todas las cosas para vaciarlo.

Los apóstoles los vendían todos juntos, porque era muy difícil que alguien quisiera luego comprarlos uno por uno, y, posiblemente se les quedara Judas. Pero eran cuadros al óleo con buenos marcos. ¿Quién los había hecho? ¿dónde habían estado?… En el Swap Meet, su procedencia era tan anónima como esas sillas de ruedas, muletas, andadores o bacinicas de personas que acaso ya se habían muerto.

Ahora entiendo por qué a Neruda le gustaba andar tanto en los mercados. Las cosas, los objetos son metáforas también. En un mercado se dan la mano los mitos, los sagrado, con las cosas triviales. En el puesto de playeras están las vírgenes de Guadalupe junto con el Chapo Guzmán y Kate del Castillo. Se puede leer incluso la frase de el narcotraficante donde le dice a la actriz “ten fe en que vas a estar segura yo te voy a proteger”.

—José Fuentes-Salinas, Carson, California. 12.DEC. 2016. tallerjfs@gmail.com

Playeras donde se mezclan todo tipo de símbolos, incluyendo al Chapo Guzmán con la Vírgen de Guadalupe. Foto: José Fuentes-Salinas

Playeras donde se mezclan todo tipo de símbolos, incluyendo al Chapo Guzmán con la Vírgen de Guadalupe. Foto: José Fuentes-Salinas

Karaoke en Palm Springs

EL LUGAR era un descubrimiento, una doble sensación de regocijo. Claro. Todos, o casi todos, alguna vez nos hemos puesto a cantar bajo la regadera y hasta en una reunión familiar hemos castigado a los parientes cantando a destiempo una canción a través de la pantalla del karaoke.
Pero esto era otra cosa.

—I feel good… So good, ’cause I got youuuuu… I feel nice, like a sugar and spice…

La canción de James Brown sonaba tan real, tan profesional, que el hombre que la cantó en el “Peabody’s Café & Bar” de Palm Springs provocó una segunda ronda de aplausos.

—Vamos, vamos a entrar… Se ve que tiene buen ambiente —había insistido la Chulita, luego de ver el desfile navideño de luces, y de cenar.

Nos había tocado una mesa enfrente de donde los aficionados pasaban a cantar sus rolas. Foto: José Fuentes-Salinas

Nos había tocado una mesa enfrente de donde los aficionados pasaban a cantar sus rolas. Foto: José Fuentes-Salinas

Ya era tarde. Acabamos de cenar en “Brickworks Bistró and pizza”, donde nos chupamos una botella de Ruta 22, un vino Malbec argentino. Andábamos levemente flameados, como para regresarnos al hotel a descansar. La chulita tenía que trabajar desde temprano el domingo y esa era mi preocupación, pero su insistencia en ir al karaoke fue mayor. Y es que desde hacía rato el sonido del desmadre que traían los cantantes aficionados llegaba hasta el balcón del restaurant donde cenábamos.

El karaoke estaba en su mero apogeo.

Había una mesa exactamente enfrente de ese pequeño escenario, donde frente a una pantalla iban pasando Beyoncé, Linda Rostandt, James Brown, Bruno Mars…

Rodeado de fotos en blanco y negro, y con spotlights rojizos, de pronto estábamos a expensas de las miradas de algunos de los artistas que alguna vez vivieron en Palm Springs: Marilyn Monroe, Frank Sinatra, Dean Martin, Cary Grant, Jane Mansfield…

En la esquina, el DJ iba recibiendo los papelitos azules con el nombre de las canciones que los aficionados querían cantar y los iba colocando en una en lista con que los iba llamando.

Pasaban solistas, duetos y hasta tríos que lo mismo celebraban un cumpleaños que el simple gusto de llegar al fin de semana enteros.
Los cambios a veces eran radicales, y de una rolita de Barry Manylow se pasaba a un rock pesado, o al mismo rey del soul, James Brown.
— Copa, Copacabana… Her name was Lola, she was a showgirl… She would merengue and do cha-cha…

Una aficionada canta "Copacabana" de Barry Manilow en el "Peabody Cafe & Bar" de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Una aficionada canta “Copacabana” de Barry Manilow en el “Peabody Cafe & Bar” de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Todo cabía en un desmadre sabiéndolo desmadrar. Relájate valedor —me decía—  no la hagas de tos que la noche es tuya.
El vodkita Ketel One con jugo de arándano y la cervecita nos la chiquiteábamos muy despacio aunque no fuéramos a manejar.

Aún con todo ese regocijo sabíamos que al día siguiente habría que levantarse temprano para la conferencia.
Daba gusto ver a las amigas vacilarse a sí mismas, a los viejos sin atributos salir a cantar una balada, saliera como saliera, daba gusto ver de pronto a un joven agarrar el micrófono y cantar como Led Zeppelin o U2.

Incluso fue sorpresivo que una mujer que había permanecido silenciosa en un rincón sin pistear, y que hubiera parecido la dueña del lugar, casi al último se levantó sigilosamente a cantar “Blue Bayou”, y se fue.

Casi al final, una mujer que había permanecido callada se levantó a cantar "Blue Bayou", antes de irse en "Peabody Café & Bar". Foto: José FUENTES-SALINAS

Casi al final, una mujer que había permanecido callada se levantó a cantar “Blue Bayou”, antes de irse en “Peabody Café & Bar”. Foto: José FUENTES-SALINAS

Yo hubiera querido también contribuir a la alegría de todos, pero el DJ no se sabía el acompañamiento para una rola de El Kommander: “Y no se me quitan, estas ganas malditas de abrazarte…”

—José Fuentes-Salinas, 7 , Dec., 2016.  tallerjfs@mail.com

Palm Springs: entre colinas rocosas y galerías

EL MOTIVO: trabajo. Ustedes saben: aquí hay hoteles y en el desierto las ideas fluyen sin tantas tentaciones, por eso se organizan conferencias. Pero no, no se trata de un monasterio. Vea usted, ahí a espaldas de la calle principal están las colinas rocosas donde en un día de suerte uno se puede encontrar con un correcaminos o una zorra perdida, y usted puede encontrar un cielo abrumadamente azul que contrasta con moles rocosas y yerbas aguantadoras a los calores de los mil diablos. Pero en el invierno, la temperatura es templada, y se puede uno fácilmente perder en un café, luego de hacer una caminata por las colinas. Pregúntenmela y les daré mi opinión. Yo vengo aquí por el cielo, por un cielo azul intenso que no se ve ahí cerca en Los Angeles o en el Inland Empire. Por la mañana, el azul es tan intenso que uno duda de la exactitud del lente de la cámara. Las colinas rocosas y las plantas del desierto lo que les falta de agua y verdor, les sobra de arte. Una caminata está llena de formas que van distrayendo la vista a cada paso, y, ya, desde lo más alto se puede ver la ciudad de Palm Springs y las hileras de palmeras que bordean las calles.

Yo vengo aquí por el cielo, y por el aire limpio, lo más básico para pasear para alguien que batalla todos los días con el tráfico de las autopistas que producen esa capa opaca beige sobre las ciudades.

El azul del desierto es de una gran intensidad por su limpieza, algo que contrasta con las formaciones rocosas del desierto. Foto: José Fuentes-Salinas

El azul del desierto es de una gran intensidad por su limpieza, algo que contrasta con las formaciones rocosas del desierto. Foto: José Fuentes-Salinas

Pero no vaya usted a pensar que uno se la pasa mirando el cielo.

Terminado el paseo, llega la hora del desayuno, de la ducha, para meterse al Museo de Arte donde, aunque sea de a poquito, uno se encuentra con una escultura de Picasso o de Henri Moore, o unas piezas de barro de México que los coleccionistas millonarios donaron al museo. El Museo de Arte, ¡ah el arte moderno!… Uno se puede lo mismo encontrar con un montón de bolsas negras de basura en el centro de la galería con pretensiones de esculturas, o una puerta recargada en la pared con un pedazo de alfombra que uno pensaba que era el olvido de un albañil, y resultó ser una obra de arte, o bien, se puede encontrar con un cuadro de Tamayo o una escultura de Felguerez.

Las colecciones del arte moderno del Museo de Arte de Palm Springs son extraordinarias comparadas con el tamaño de la ciudad. Foto: José Fuentes-Salinas

Las colecciones del arte moderno del Museo de Arte de Palm Springs son extraordinarias comparadas con el tamaño de la ciudad. Foto: José Fuentes-Salinas

—¿Le puedo pedir un favor? —le pregunto a una visitante— ¿se puede poner ahí para tomar una foto?.

—Si, claro. ¿Es usted artista?

—Pues, en eso ando —le digo con una risa Cantinflesca.

La interacción con los museos es una de las rutas no explotadas. En el museo de arte hay una pareja de viejos bombos sentados en una banca. Muchos creen, por un buen rato, que están vivos. Luego se acercan a tomarse fotos con una expresión de sorpresa. A mí me gusta tomar fotos de las sombras que se proyectan y de la forma en que el arte se mezcla con las personas. Me gusta también tomar fotos de detalles de las pinturas, como aquel pedacito de un oleo del Siglo XIX, donde se ven juntos un caballo, un búfalo y un apache, muertos en el suelo. Me aburren las pinturas donde se exaltan las figuras de los invasores, como el General Custer, aniquilar a los nativos americanos (ya he visto demasiadas películas de ese tipo). Pero me impresiona ver ese penacho largo y ese collar de garras de oso.

Debo de aceptar que tener un museo así, en medio del desierto no es poca cosa. Para lograrlo tuvieron que morirse varios millonarios, que al final de sus días se aburrieron de sus colecciones y se les ablandó el corazón. En una de las salas, solamente para que nos dé envidia, están las enormes esculturas de Henri Moore con las fotos de los grandes jardines con lagos artificiales

Al fondo se ve una figura reclinada (1956) del escultor Henri Moore, dialogando con el Judas (1906) de Eugenio Pellini. Foto: José Fuentes-Salinas

Al fondo se ve una figura reclinada (1956) del escultor Henri Moore, dialogando con el Judas (1906) de Eugenio Pellini. Foto: José Fuentes-Salinas

¿Para qué sirven los museos? —me lo he preguntado muchas veces.

Ya sé: para sensibilizarnos y, al salir, podamos percibir la belleza a nuestro alrededor, ya se trate de un muro de pintura descascarada, o una enorme roca con pretensiones de escultura.

Pareja de barro procedente de Colima, México, fechada alrededor del 200 BC. en el Museo de Arte de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

Pareja de barro procedente de Colima, México, fechada alrededor del 200 BC. en el Museo de Arte de Palm Springs. Foto: José Fuentes-Salinas

—Palm Springs, CA.,  3, Dec., 2016. José Fuentes-Salinas. tallerjfs@gmail.com