JARDINERIA: Lecciones de vida en el cuidado de plantas

LA HUMILDAD se aprenden llenándose las manos de tierra arrancando zacates y yerbas invasoras, sabiendo de que al poco tiempo reaparecerán.

Ese es el trabajo que hacen mis hermanos jardineros en el Sur de California. Los he visto en Disneyland jalando yerbas secas, o en el edificio de mi trabajo en Torrance. Jalar, cortar, volver a jalar, cortar… para que resalte la arquitectura de las plantas.

No hay malas y buenas yerbas. Pero tratándose de diseñar un jardín, las yerbas que no salen donde queremos les llamamos malas yerbas. Tampoco los zacates son malos en sí, y, con frecuencia protegen el suelo de la erosión, pero, igual, suelen ser símbolos de descuido.

Este lagarto lo pinté en el patio, pero con frecuencia tengo que jalar la “mala yerba” que suele crecer en los bordes. José FUENTES-SALINAS

HE APRENDIDO mucho de la jardinería, desde que era chico.

—Hijos, vayan a traer estiércol ahora que pasaron los animales —decía mi madre.

Entonces, con mi hermano, salíamos a ese camino terregoso con una pala y una cubeta, recogiendo la mierda de burros, vacas y chivos.

El estiércol mi madre lo dejaba secar un poco, y luego le servía para sus plantas del jardín o para los duraznos de la huerta.

Ese trabajo y el de arrancar zacates fue el primero que tuve cuando apenas tendría menos de 9 años. En ese tiempo yo no lo sabía, pero mi madre mes estaba enseñando mi primera lección de humildad. Los extensos jardines llenos de madreselvas, begonias, bugambileas, dalias, rosales, nomeolvides, cilantro, tomillo, manzanilla, mejorana… tenían su base en una limpieza constante de zacates y en un constante nutrición a base de mierda del ganado que bajaba del cerro.

Esa lección trato de no olvidarla nunca, e incluso hago una traducción de su equivalente en la escritura. Aquí, también uno tiene que estar constante eliminando exceso de palabras y clichés que hacen perder de vista lo que uno quiere decir.

EN EL JARDIN, se puede decir que se aprenden varios valores. Al valor de la humildad se aprende el de la observación. Un jardín es un conjunto de plantas que se acomodan para ser observadas. Hay plantas como los bambúes que además de convertirse en cortinas para darnos privacidad, cuando los mece el viento producen una gran tranquilidad. Los elementos del jardín, incluyendo las rocas y los animales tienen propiedades que nos ayudan a afianzar cosas que creemos, como el sentido de permanencia que nos transmiten las rocas.

Jardines Botánicos de Palos Verdes, California. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Esa habilidad de poder entender que cada habitante del jardín tiene una función nos permite entender las relaciones entre lo que luce, lo que da sombra, lo que brilla, lo que se opaca, lo que huele… Aún en los peores momentos, uno sabe que en el jardín hay un orden, una organización, una interdependencia, y que todos “está ahí para nosotros”.

También, cuando nos decepcionan las personas, cuando nos frustra el trabajo, al regresar a ver el fruto de nuestro esfuerzo hay una grata recompensa de ver esas ramas verdes guardando una proporción con lo demás, y, acaso, ver a insectos y aves agradecer la casa que les hemos proporcionado.

PERO, nuevamente, en unos cuantos días habrá que recortar, habrá que limpiar de interferencias ese diseño de ramas, flores y tallos, igual que hace un escritor que tiene que reinventar sus observaciones de la vida.

 

—José FUENTES-SALINAS, 0404.2018. Long Beach, CA, tallerjfs@gmail.com

EL DICCIONARIO: de las obras de referencia de papel a la Internet

MI PRIMO tenía uno igual. Era un diccionario de hojas finísimas como de papel arroz, pero con pasta dura. Eso lo hacía almacenar abundantes palabras del inglés y español. Por eso, era muy difícil no encontrar la palabra buscada.

A veces, de tantas palabras que ofrecía, de tantas variantes, de un concepto me hacía creer que estaba frente a un maestro que trataba de darme el contexto semántico de cada palabra, su polisemia. Para mi era importante, porque en el inglés, un “off” o un “in” suele cambiar el sentido de un verbo.

Por eso, cuando llegué a Los Angeles en los 90’s, lo primero que hice fue ir a comprarme un diccionario igualito al que tenía mi primo en la Colonia Roma de la Ciudad de México.  En esos días, aún no tenía, cama, ni escritorio, ni auto… pero tenía un buen diccionario para poder leer el periódico en inglés e ir aprendiendo poco a poco nuevas palabras.

Las palabras las subrayaba y poco a poco iba buscando su significado, hasta que ya sabiendo un poco más el “contexto semántico” me hacía imaginar el sentido de las palabras.

En el modesto departamento en que vivía, me molestaba que de vez en cuando las cucarachas husmearan el diccionario. Las veía con temor por eso de que las finas hojas de arroz fueran apetecibles para ellas, o para los “silver fish”.

A pesar de las computadoras, el Internet y la información “guardada en la nube”, sigo viendo con respeto los cuadernos y los diccionarios. Foto: José FUENTES-SALINAS.

MUCHO antes de la aparición de la Enciclopedia Encarta en CD-ROMS y de la Internet, los libros de referencia eran muy importantes para mí. Eran el punto de partida para cualquier investigación, y se puede decir que no pocas veces pusieron comida sobre mi mesa y la de mi hijo.

“El Libro de los Orígenes” de Panatti y la Enciclopedia Infantil me permitió hacer la página infantil del Tío Caimán por mucho tiempo, y los manuales y diccionarios me permitieron evitar muchas discusiones con imbéciles de buena voluntad.

¿Tienen alguna utilidad en la actualidad en que con un click aparece la palabra que buscábamos en la pantalla?

Yo pienso que sí.

El diccionario de papel tiene un prestigio que no ha desaparecido.

Yo tengo un diccionario ortográfico sobre mi escritorio de editor, y con frecuencia regreso a mis diccionarios y obras de referencia. Para alguien que los ha usado con frecuencia, el proceso de búsqueda es muy rápido, y, a menudo, las respuestas que uno encuentra en las computadoras le siembran a uno “cookies”, o hacen un perfil con el cual luego le venden todo tipo de tarugadas.

Digamos que computadoras y obras de referencia son complementarios.

Algunos de los diccionarios que me han hecho un gran servicio son el Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalís, el Diccionario de Semiótica y Lingüística de Todorov, el Diccionario del Español Salvadoreño… e incluso, aunque no fue de mi propiedad, alguna vez me llamó la atención el Diccionario de los Lugares Imaginarios que me había encargado mi ex jefe Paco Taibo I una vez que vine de visita a California.

El Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua siempre me ha dado desconfianza por ese nombre tan pomposo que utiliza, y por la sorna con que lo criticaba mi profesor de la Escuela de Escritores Raúl Prieto y otros autores mexicanos. Me han gustado más bien los diccionarios que han hecho en México, incluyendo el diccionario del Colegio de México,el Grijalbo o el Larrouse.

Y los diccionarios en el ciberespacio los veo con tanta resignación como veo con melancolía mis viejos diccionarios de papel.

 

—José FUENTES-SALINAS, 0402.2018. tallerjfs@gmail.com

HUEVOS DE PASCUA: El cuento del Sorullo Garambullo, Bubulín y el conejo azul

—¡Pues qué huevos de conejo!. Mira nomás donde fue a esconderlos. —dijo Canario Pikitoeoro.

—Cállese las orejas no ande de habladurías, —dijo Interneto agorafóbicus.

—Es que sí, ¡ya ni la friega!… no sabe que los Chavalitos no alcanzan esas ramas del árbol. Aún así los esconden entre las ramas altas, entre el zacate, detrás de la rocas, y hasta debajo de esos arbustos donde puede haber alguna araña.

—Bueno, pues así es el chiste, si no ¿cuál es la diversión?.

Canario e Interneto estaban en el Domingo de Pascua siguiendo una nueva tradición en California.

Las mamás después de ir a la tienda del dólar habían traído toda clase de huevos de plástico, canastas y chocolates baratos.

El Sorullo Garambullo se enojó.

—Oye vieja ya ni la rechiflan se fueron a lo más barato, —dijo— de perdida deberían haber traído unos cuantos paquetes de Snickers.

—Cállate los ojos dijo Lou Chona tú no me diste ni un cinco para traerles huevos, ¡que huevos!.

—¡Ay si no la sueltas te ahogas! —dijo Sorullo Garambuyo.

A los chiquillos no les parecía importar el precio de los huevos tampoco si eran huevos de verdad o huevos de puro plástico. Pero eso si el Bubulín, el filósofo y ambientalista del grupo les dijo: “Eyyy… guys, si no necesitan tantos huevos no los recojan y se lo damos a los niños pobres”.

—Ja ja ja, —soltó la carcajada el Bombín Patasudadas— carnal yo sé que tú eres buena onda pero a los niños pobres lo que menos les interesa son huevos de plástico, ellos quieren huevos de verdad  y si es con un galón de leche mejor.

Bubulín se quedó callado.

Luego pensó en que él se iba a guardar unos cuantos huevitos, pero eran para su abuelito que estaba en el hospital.

Don Meño esa vez no iba poder estar en el juego de los niños, pero le pidió a su hija que pusiera en el Facebook algunas fotos para verlas desde el hospital.

Por eso su hija se preparó muy bien para sacarles fotos. Además, había llevado un día antes a los chiquillos al centro comercial para tomarles fotos con el conejo azul que estaba ahí sentado por varias horas como Santa Claus en Navidad esperando a que se le arrimaran los chamacos y tomarse una foto. Tomarse una foto con el conejo del malll era mucho más barato que contratar a uno, o rentar uno de esos disfraces pestilentes que quién sabe cuantos papás se pusieron.

Esa sería la primera vez que Don Meño no se la estaría pasando con sus nietos pero estaba contento de que se hubieran juntado sus hijas en el parque y que los primos que vinieron de Oregón estuvieron allí con sus otros primitos.

—Oye, mamá, y los conejos ¿no traen billetes? —pregunto Bubulín.

—Ja ja ja ja ja, —dijo su mamá— que chiquillo tan interesado. Este año los conejos no traen billetes porque están medio jodidos.Pero ya confórmate con que traigan chocolates.

Así, el Bubulín siguió buscando huevos y huevos que iba depositando en su canasta.

Se comieron unos cuantos chocolates y los demás los depositaron en un frasco grande para irselos comiendo poco a poco.

El Bubulín el más inteligente de todos los chamacos juntó todos los huevitos de plástico vacíos y los puso en una bolsa.

—Mamá, —le dijo a la Lou Chona— ¿dónde está el tambo de basura para reciclar?.

Eso si que sorprendió al Sorullo Garambullo.

—De verdad que estos cipotes ya se están haciendo más inteligentes— le dijo a la Lou Chona. —Quién iba a pensar que un niño de seis años ya tiene la noción de que el plástico contamina.

—José FUENTES-SALINAS, MAR., 28, 2018. tallerjfs@gmail.com

ECOLOGIA: Los ecosistemas en los jardines

FUE UN LIBRO pequeño de bolsillo, de esos que hacen para sintetizar la ciencia.

Ahí fue donde entendí que todos dependemos de todos, y muchas veces, la mayoría, nadie sabe para quién trabaja en un ecosistema.

40 años más tarde, esa idea me ampara para entender el jardín.

Hoy que llegué de trabajar, en el un rincón vi un montón de plumas esparcidas, y entendí que había llegado algún halcón a desayunar.

Las plumas estaban un paso del Naranjo bajo el cual el domingo encontré muerto un lagartijo sin cola. Esto sí me molestó porque se trata de una muerte sinsentido perpetrada por un gato alevoso y descuidado que andaba husmeando por ahí.

No hablo por los gatos que viven atrapados por las caricias de sus dueños, sino de los gatos que vagan por allí viendo a ver cómo chingan un ecosistema. Ya son varias veces que veo a sus víctimas descoladas e  incapacitadas para seguir limpiando el jardín de insectos dañinos de un lengüetazo.

Me siento responsable del ecosistema que es el jardín. Se que cultivando el árbol de nísperos estoy alimentando a las ardillas que a su vez terminan en el estómago de un ave de rapiña o de un coyote.

Y si dejé de cultivar la vid de la uva Concord, no fue porque me molestara que llegaran familias de mapaches y tlacuaches a cenar por la noche, sino porque eran muy escandalosos y cochinos. Había noches que no dejaban dormir y por más chorros de agua que les echara regresaba al banquete sobre el gazebo del patio.

En ese ecosistema que es el jardín ocurre la muerte y la vida todos los días, y esa es la gran lección, el mantenimiento de La Vida, con mayúsculas.

El primer sábado de primavera había sido espectacular.

Ese sábado había sido espectacular. La bugambillea jaspeada destacaba bajo el azul intenso. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Después de una lluvia el viento había limpiado la atmósfera y el cielo era intensamente azul. Los colores brillantes de la bugambilia jaspeada destacaban con el azul intenso. Pero en una esquina del suelo ví a una mariposa muerta acaso en la tormenta del día anterior.

Lo natural no era ver las alas de la mariposa arrastrándose por el viento, sino verlas aletear en las flores de las bugambilia. ¿Me estaría mandando alguien algún mensaje?, me pregunte. Pensando en esto, iba entrando a la cocina cuando voltee a ver el jardín, y otra mariposa tigre estaba volando sobre la bugambilia, como si la otra hubiera resucitado.

Me da una gran alegría saberme responsable de tanta vida, aunque yo no soy de los que les pone miel a los colibries (no me gusta chantajearlos).

Me gusta saber que ese cedro tan tupido de ramas es el lugar del coro de los pájaros cantores de Long Beach, y que la “honeysuckle” o llamarada en su momento será un banquete para los colibries.

Hay mucha vida en este jardín aunque también habido trágicos accidentes como aquella vez en que salimos con mi esposa a comer pizza a Rizzini’s y dejamos una jaula de periquitos australianos colgando.

Esa vez, al regresar, encontramos a uno degollado y a otro haciéndose el muertito, mientras allá en lo alto sobre el cable una halcón se estaba limpiando los bigotes.

—José FUENTES-SALINAS, Long Beach, CA, 26, MAR., 2018. tallerjfs@gmail.com

FABULILLAS: El robot que limpiaba casas y daba instrucciones para vivir

UNA VEZ QUE LA CASA estaba perfectamente organizada, el robot pasó por cada habitación, cocina, comedor, sala y baños, a tomar fotografías en 360°, con un carrusel de cámaras que hacían un círculo.

Las imágenes de cómo debía lucir la casa se guardaron en su cerebro.

Luego vino la parte más importante.

Después de unos días de desarreglos, de calcetines regados en el suelo, de papeles de propaganda, bolsas de desecho y ropa tirada en cualquier lugar, el robot se puso funcionar.

Como un magnífico sirviente, con su visión de 360° empezó en la cocina recoger cáscaras de plátano, cajas vacías de cereal, servilletas de papel usadas… Y todas las iba depositando en sus respectivos lugares.

Llegó el comedor. Recogió la botella de vino de la cena del día anterior, los papeles de la propaganda política de los concejales de la ciudad, las ofertas de los supermercados y de servicios de cambios de aceite y llantas.

En la sala, el robot a acomodó las almohadas de los sillones y los arregló como en las imágenes archivadas en su cerebro. Los ositos de peluche de los 49ers de San Francisco los puso en medio.

Como un devorador del desorden, como una aspiradora de desarreglos, el robot furiosamente iba poniendo cada cosa en su lugar.

Y no solo eso. Mientras lo hacía tenía programada la “Marcha de los soldados” de la ópera Fausto, de Charles Gounod, aunque, si se prefería, se podía programar la “Cumbia Sampoesana” con Aniceto Molina.

INSTRUCCIONES PARA VIVIR

LUEGO DE HABER terminado su trabajo, el robot dejó a su cliente un instructivo para mejorar su calidad de vida, basado en recomendaciones del Instituto de la Longevidad de la Universidad de California en Los Angeles (UCLA):

  • Su cerebro es tan importante como el corazón, protéjalos. Son como un buen matrimonio, lo que le hace bien a uno le hace bien al otro.
  • Nunca es tarde para aprender a vivir mejor. Eso ya lo sabía su abuelo, pero nunca le hizo caso.
  • Organice su cuarto, su casa, su trabajo, su vida… El desmadre produce demasiada ansiedad y cortisol, la hormona del estrés, que le puede arruinar la memoria y la salud. Clasifique los objetos, acuérdese del álgebra; organícelos todos los días como lo hacía el abuelo.
  • No pretenda abarcar toda la información del ciberespacio. El que mucho abarca poco aprieta. La publicidad e información del periódico dominical es lo que le tomó a su abuelo una vida en digerir. Cuando entre al ciberespacio vaya con una pregunta bien hecha para que no vaya perderse en el supermercado de respuestas.
  • Simplifique su vida, use las cosas para lo que fueron hechas: sus pies para caminar, su cerebro para pensar imaginar… la noche para dormir.
  • Nunca agote sus recursos, ni su energía, ni su dinero, la fantasía de control que le da la ciencia y la tecnología suelen ser insuficientes.
 —José FUENTES-SALINAS, Long Beach, Ca., 11/Mar./2018. tallerjfs@gmail.com

LOS ACTORES: de cómo en Hawthorne, California, se prepara “La Pasión”

CASI TODOS VIENEN DE HOLLYWOOD. Pero no de los estudios donde se fabrican lo mismo asesinos que héroes para todas las necesidades.

Los actores vienen de la comunidad católica primera de Corintios XIII de la Iglesia Cristo Rey.

En el patio de la escuela parroquial de la iglesia de San José  El Carpintero, ellos representan “La historia más grande jamás contada”, el martirio y crucifixión del maestro Jesús.

El fin de semana, frente a niños y adultos que salieron de misa de ese iglesia de Hawthorne, soldados, apóstoles, sacerdotes y asesinos refrendan la superioridad de la bondad.

Ellos son:

  • Barrabás, un taxista llamado César Baena.
  • María Magdalena, Gisela Baena, enfermera.
  • Dimas, el panadero Reinaldo Flores que se ocupa al mismo tiempo de un ladrón bueno que de un soldado romano y un apóstol.
  • Judas, interpretado por Moisés Alberto Raúl, de oficio carnicero.
  • Gestas: el que le hace la pregunta más difícil a Jesús: ¿si eres Dios por qué no usas tu poder?. Es José Luis Álvarez cuyo oficio es medir la temperatura de los árboles de las casas de los actores como Arnold Schwarzenegger.
  • Simón Pedro: René Burgos, mecánico, arregla los camiones de basura del Distrito Escolar Unificado de Los Ángeles.
  • Entre hermanos y familiares, que se turnan papeles y oficios de acomodar tronos y cruces, así como el de hacer aparecer escenografías, hay estudiantes, amas de casa, soldadores y milusos.

El único que tiene un título universitario, es el que dará la mayor muestra de humildad: Jesús, el Salvador del Mundo, es Salvador Vázquez, un salvadoreño de Soyapango que en 1981 dejó el cantón de El Limón para venirse a los Estados Unidos donde se recibió de trabajador social en Cal State Los Ángeles.

Salvador es el maestro, y además de ser profesor le gusta patear la pelota de fútbol.

Luego de que lo azoten, le pongan la corona de espinas y lo crucifiquen tendrá que irse rápido a dormir porque el domingo tiene un partido a las 9:00 de la mañana en Pasadena.

Los actores dirigidos por Rolando Burgos, llevan 15 años representando la pasión y muerte de Jesucristo, y su profesionalismo es tanto que los adultos se quedan mudos y las niñas del público se conmueven a tal grado que cuando crucifican al redentor les brotan lágrimas.

De siete años, Jessica Becerra contesta a una pregunta boba: ¿cómo me siento… Qué no ves mis lágrimas?.

 

—José FUENTES-SALINAS, 31 de marzo de 2001, tallerjfs@gmail.com

 

HAWAIIAN GARDENS: Entre bibliotecas, casinos y taquerías

Quizá debí haber pedido un burrito, una mulita, unos tacos de asada, pero la cuestión es que pedí un chile relleno sin saber lo que me iban a traer. ¡Puro queso!… ¡Ande!… tenga pa’ que aprenda. Ese plato estaba nadando en queso, frijoles refritos y arroz.

Lo primero que hice fue tratar de descubrir el chile removiendo un poco el huevo envuelto. Pero no era uno de esos huevos envueltos como una fina telita que se pega en el chile. Era una plasta de huevo. La cuestión es que me detuve en ese changarrito más por curiosidad, y un poco de narcisismo, que por la esperanza de encontrarme una buena comida rápida.

“Pepe’s”, The Finest Mexican Food Since 1962… ¡Chale!… ¿en serio?

Restaurant de comida rápida Pepe’s. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Luego, a leer el menú, me enteré que se llama así por un sobrino de los fundadores que fue a la guerra de Vietnam en 1964. Pepe’s fue fundado en 1962 por los hermanos Joe y Tony Russi. Tienen restaurantes en Alhambra, Baldwin Park, Hawaiian Gardens, Hacienda Heights, y próximamente uno Rancho Cucamonga.

Mi debilidad por las bibliotecas

Por la Avenida Carson, uno se encuentra con los Casinos The Garden, Juan Street, Pawn Shop, 99 cents stores, taquerías, Starbucks… pero también, ahí en medio está una pequeña biblioteca pública en un edificio compartido con oficinas de la policía y unas estatuas en bronce de bomberos.

Me detengo ahí más por curiosidad que por necesidad de conseguir material para leer. Son de las bibliotecas que uno puede recorrer en unos minutos, y, por lo menos, sentarse un rato a descansar.

Me sorprende llegar tan rápido a la sección de libros en Español, donde inmediatamente destacan los libros de Alfaguara y los libros de autores norteamericanos traducidos al español.

Cuando uno acostumbra a husmear en las tiendas de libros, es fácil ubicar los libros nuevos de las bibliotecas públicas. Reconozco como una serpiente saliendo de los anaqueles la novela de Alberto Ruy Sánchez que estaba a punto de comprar en Barnes & Noble. La aparto.

Luego llega el bibliotecario y aprovecho para preguntarle por las películas extranjera y los libros de Eduardo Galeano.

¿Qué estaba haciendo ahí “Yojimbo” de Akira Kurosawa?

“Yojimbo”, la película de ese samurai desempleado, actuada por Toshiro Mifune, satisface mi curiosidad.

El bibliotecario me explica que hay un servicio de descarga de películas usando alguna aplicación de la televisión.

“I’m a big fan of public libraries”, le digo, recordando las veces en que de la Biblioteca Central de Los Angeles salía los viernes cargado de películas VHS y audiolibros para el fin de semana.

Le comento al bibliotecario que me gustaría regalarles unas cajas de libros y videos.

“Si. Claro. Tráigalos. Unos los usamos para la colección de la biblioteca, otros se los damos a los usuarios. Pero eso si, ya no aceptamos VHS”.

Me hubiera gustado quedarme un rato más, pero tengo que ir a Food4Less a comprar frutas y verduras.

En la calle, las nubes se pintan rojizas. El fin de semana entrará el horario de Primavera. Ya ha pasado casi un cuarto del año.

Siento un gran gusto de haber descubierto un nuevo rincón de estas ciudades que usualmente son motivos de historias solo cuando algo terrible ocurre en las calles.

—José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com

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CONSUMO: Modelo para armar

Cuando le venden un modelo para armar, no le venden el mueble. Le vende la promesa de un entendimiento. Le venden una lista de piezas con que se hace un mueble. Le vende la esperanza de que usted tenga paciencia y suficiente tiempo para organizar tornillos y tablas. Le venden la posibilidad de que una a una, paso por paso, vaya armando el esqueleto, y luego las puertas y piezas que hacen el mueble que usted vió en la tienda.
Cuando le venden el modelo para armar, le venden la ilusión de que usted ahorrará dinero, porque saben que usted no es bueno para las matemáticas, y acaso pensará que valió la pena pasar una jornada de trabajo para ahorrarse dos o 10 dólares. Cuando le venden un modelo para armar le venden la idea de que usted era un carpintero, pero no lo sabía. Cuando le venden un modelo para armar le venden un conflicto con su esposa que desde el primer minuto querrá que usted sea mago, y haga aparecer el mueble que ella vio en la galería, y que compró por Amazon.

Cuando le venden un modelo para armar le venden la idea de que usted es carpintero, pero no lo sabía. Foto: José Fuentes-Salinas

—José FUENTES-SALINAS/tallerjfs@gmail.com

La Rosa Blanca de Colton

Repartieron las últimas palabras y las flores. Bajó con una gran precisión y lentitud movida por la moderna tecnología.

Me dieron una rosa blanca para que la depositara sobre ella. En lugar de eso, la tomé y la llevé a lo más alto. A que le diera luz. La convertí en mi modelo, la puse en medio de un tronco de un viejo árbol, la llevé sobre la pala que echaría la tierra, la puse en un altar con vista panorámica hacia los camínos y montañas.

Luego la puse a beber agua de la fuente donde se reflejaba el sol.

Finalmente, días después, luego de perder unos pétalos, quedó colgada con un alfiler cerca de los libros que más quiero, en mi biblioteca.

La rosa blanca tenía su misma palidez, su tranquilidad, su expresión, cuando descansaba tan tranquilamente la noche anterior.

Ella decidió empezando el año dejar de oponerse a ese fantasma que la acechó por 10 años.

Se dejó llevar lentamente por ese fantasma que le fue quitando fuerzas, hasta que finalmente le quitara lo que más placer le daba: su conversación.

Todavía, en sus últimos días pudo escuchar música purépecha de Los Erandi, poesía de Jaime Sabines y música de Billy Vaughn.

Ya sin habla, murmuraba al final un último deseo personal, y hacía los encargos más importantes, pedía que le pintara el pelo para cubrir esas leves canas.

Frente a ella, mientras el viejo padrecito daba sus últimas bendiciones, en el pasto, frente a todas las personas, sus nietos jugaban con sus cochecitos.

La lluvia se detuvo esta mañana. Entre las nubes, un sol generoso salió para acompañar a los dolientes. Entre los árboles y el pasto recién regado, los niños corrían como si aquello se tratara de un día de campo.

En el centro de aquel verdor, una concentración de sombras rezaba, lloraba y se abrazaba. Algunos de sus abrazos me alcanzaron al estacionamiento.

Luego salimos rumbo a un almuerzo. Pasamos por unos pollos rostizados y llegamos. Era un día como cualquier otro: el tráfico, los camiones llevando sus mercancías, los muchachos regresando de la escuela. No muy lejos de ahí en Coahuila, México, 65 mineros también quedaban sepultados.

Colton es una ciudad poco poblada que se parecía a su pueblo natal de donde había llegado al mundo hace 58 años.

Luego de la misa en la iglesia de Santa María, el cortejo había pasado por caminos humedecidos por la lluvia. Vimos pirules, pinos creciendo para la Navidad, nopales, magueyes, bugambilias…

Sobre las colinas, la neblina había desaparecido, dejando un aire más transparente que nunca.

Esas lomas, esos caminos que tanto se parecían a La Piedrera y a La Crucita quedaban por siempre vigilando su descanso, su debilitado cuerpo.

Masacre de San Valentín: entre la mecánica y la psicología

El hombre llevó su auto al día siguiente de que se encendió la luz de alerta en el panel.

—Deme las llaves, —dijo el mecánico de Walmart— ahorita lo revisamos.

Sabía que con el único transporte que tenía no se jugaba.

La movilidad es algo básico en una ciudad que se mueve en autopistas. Las señales de alarma son el último recurso de sobrevivencia.

Recordaba la vez que se encendió la luz del motor y al revisarle el aceite se dio cuenta que estaba casi seco. Esa vez, en el mismo estacionamiento de las tiendas Target le puso dos pintas de aceite que se chupó como un horno ardiente.

***

En la televisión de la sala de espera donde ahora estaba también se hablaba de las otras señales de alarma.

El asesino de la masacre tenía 19 años, era un hijo adoptivo que había perdido a sus dos padres adoptivos, primero a su padre, luego a su madre cerca del “thanksgiving” cuando todo el país se reúne en familia para dar gracias.

El muchacho tenía una personalidad complicada, lo había terminado su novia, y lo habían expulsado de la escuela. El muchacho era una máquina a punto de explotar. Regresó al escuela, hizo sonar la alarma para que todos salieran y les empezó a disparar con un rifle semiautomático AR-15, como si fuera un juego de feria. Fueron 17 muertos. La cosa hubiera sido peor si hubiera podido romper los cristales del tercer piso y dispararles como en la masacre del hotel Mandalay Bay en las Vegas hace pocos meses.

***

A la sala de espera llegó el mecánico.

—Revisamos la batería —dijo—, tiene garantía, pero todavía le sirve para otro año, le vamos a limpiar las conexiones eléctricas, quizá eso es el problema.

El hombre se puso contento de que el auto todavía mantuviera su integridad, que todavía pudiera llevarlo a trabajar a la tienda, al gimnasio, aún con las 235.000 millas que lo había corrido.

13 años le había durado, seis menos que la edad del asesino que ahora mismo lo llevaban esposado y con traje naranja frente a la juez.

Cabizbajo dijo su nombre y se lo llevaron.

¿Porque nadie notó que ese muchacho tenía en su cabeza un motor a punto de hacer cortocircuito?

¿Qué no había psicólogos en esa escuela?

Más para expiar culpas que para buscar soluciones, el gobernador y el presidente, los legisladores todos ellos bendecidos por los millones de dólares de la Asociación del Rifle, mandaron sus condolencias a las familias de las víctimas.

Pero en un tiempo de Internet y redes sociales, la respuesta de los jóvenes estudiantes no se hizo esperar.

—F… You Mister presidente!, no necesitamos sus oraciones, sino de sus acciones para hacer seguras nuestras escuelas. —escribió un muchacho en Twitter.

Un padre de familia de la misma escuela le decía que el dinero que se pensaba gastar para construir un muro fronterizo con México, lo debería gastarlo en hacer más seguras las escuelas.

—Yo no tengo miedo a una invasión de mexicanos, tengo miedo que un día mis hijos no regresen de la escuela, —dijo el padre frente a las cámaras de televisión.

Habían sido 18 tiroteos en mes y medio, de lo que iba del año.

La nueva masacre del día de San Valentín tenía algo más de mórbido. Ese día también coincidía con el miércoles de ceniza, día en que se inicia la preparación cristiana para la pasión y muerte de Jesús. También ese día en 1929 había culminado en una masacre la guerra entre los mafiosos en Chicago. Vestidos de policías los matones de Al Capone habían llegado al cuartel de Bugs Morán y habían asesinado a siete de sus rivales.

La historia dice que esa fue la acción más sangrienta antes de que Al Capone controlara a la mafia.

¿Que dirían ahora los descendientes de sus mafiosos? ¿Que dirían ahora que un muchacho pecoso llegó en un auto de alquiler Uber a cometer otra masacre de San Valentín?

Es un buen negocio acomodar en los tableros electrónicos de los autos indicadores que informen si las llantas están desinfladas, si el motor no tiene suficiente aceite, si la batería está descargada, si el auto está en demasiado estrés… pero acaso no es tan buen negocio pagarle a un psicólogo para que detecte a tiempo un chamaco que se aísla, un deprimido, un delirante.

El hombre recogió las llaves de su auto, y le dijo al gerente que ojalá le pudieran mandar un mensaje cuando la batería estuviera a punto de expirar.

—Buena idea —respondió

Encendió el auto y se subió a la autopista

.En la misma estación de radio en la que hace unos días había escuchado a un locutor decir que ser psicólogo es “ser candidato permanente al desempleo”, ahora todos hablaban de salud mental.

“Tenemos que invertir más en programas de salud mental en las escuelas… Tenemos que prevenir que muchachos con trastornos mentales compren armas… Nos falló detectar a tiempo con el FBI el riesgo…

—¡Bola de cabrones! —se dijo, y cambió de estación de radio, para escuchar música clásica.

 —José FUENTES-SALINAS, 19, FEB.,2018. tallerjfs@gmail.com