LEJANIAS: El inmigrante que siempre ha tenido los pies sobre la tierra

Uno de los tractores que campesinos inmigrantes han usado en California para sembrar, cosechar y alimentar al mundo. FOTO: José Fuentes-Salinas

Hicieron una hilera de maquinaria vieja entre la casa de fruta y el río: Dinosaurios y tigres dientes de sable que escarbaron la tierra, que hicieron surcos y caminos, que sacudieron árboles y les arrancaron frutos.
Caminé a un lado de todos ellos, Como un niño que va al museo.
“Sí. Todo por servir se acaba”, dice Salvador Esqueda, “yo me trepé a ese tractor que usted ve ahí”.
Salvador siempre ha estado con los pies sobre la tierra.
A los 10 años tiraba la semilla entre los surcos de su natal Zamora, Michoacán, mientras su padre jalaba un castigado caballo. A los 15 ya era una máquina para recoger fresas, alternando horas de escuela y horas de campo.
“Qué bonito sentía, usted viera, compartir mi sueldo con mi madre”.
Después vinieron las cosas del amor y las lejanías en California.
Y, como quien me cuenta sus hazañas, presume a sus hijos universitarios, aunque… Le preocupa y el de Chicago que suele hablarle para compartir sus soledades.
“Quieres que me vaya vivir allá, usted va a creer”.
En medio siglo de existencia, Salvador sabe bastante de surcos y cosechas, del movimiento del sol y de las máquinas.
Dice que tiene un tío en Zacapu y otros quién sabe dónde, que como él un día de un año lejano se fueron para siempre de su madre tierra a sembrar otras tierras, y ayudar a tantas madres.

Salvador Esqueda, inmigrante michoacano que ha contribuído a alimentar al mundo, desde la capital mundial de las almendras, duraznos, lechuga…
FOTO: José Fuentes-Salinas

-San José, California, 2017

FOTOS Y TEXTO: José Fuentes-Salinas, tallerjfs@gmail.com

 

 

La historia de Cambria en pocas palabras

Por siglos, venidos de quién sabe donde, los Chumash habitaban Cambria, antes de que Peter Forrester la rebautizarla en 1866 como un condado de Pennsylvania.

En 1769, Gaspar de Portolá tomó posesión en nombre del rey de España y dió esas tierras a los misioneros de San Miguel.

Cuando los mexicanos se deshicieron del rey y de la Madre Patria, les dieron la tierra a los rancheros, como a Don Juliano Estrada en 1841.

México perdió una guerra y también California, y los negociantes y los abogados, como el Senador George Hearst y el abogado Domingo Pujol, hicieron nuevas escrituras.

Por pura casualidad, en Cambria se encontró plata, madera, ballenas… tierra agrícola.

Y entre portugueses, suizos, canadienses, todo ese bosque costero se puso al feliz juego de la especulación.

Para cuando en 1920, el inventor del “periodismo amarillo”, William Randolph Hearst empezó a construir su castillo, con cebras, osos polares, jirafas… y techos y arte traído de los monasterios y palacios europeos, Cambria era ya solo un destino turístico, 240 millas al Sur de San Francisco, 240 millas al Norte de Los Angeles, con buena comida y buen vino.

FOTO Y TEXTO: José Fuentes-Salinas, Cambria, Ca., Jun., 10, 2017

Galería Moonstone Beach Redwoods, en Cambria, California. Foto: José Fuentes-Salinas. Instagram: taller_jfs

Cambria

No hay “M”, o “KFC”, gigantescas, o dominós o campanas. En Cambria no se aceptan los comederos públicos de las cadenas de comida rápida.
Y aunque eso no siempre significa, Mejor calidad, lo cierto es que en ese pueblo costero, que está a mitad de camino entre San Francisco y Los Ángeles, también se está a la mitad entre las aberraciones de la cultura y la belleza extrema de la naturaleza.
En San Simeón, seis millas al norte, Está lo que fue la mansión-castillo de William Randolph Hearst que aún conservas rocas esculpidas por los egipcios hace 3,000 años, mientras que a 15 millas al sur está una enorme roca esculpida por el mar que es el principal atractivo del Morro Bay.
La plata de minas cercanas, la tala de Pinos, la cacería de ballenas y hasta la construcción de La Casa Encantada, con osos polares y cebras, con fragmentos de conventos y castillos europeos, de el millonario, sacudieron la economía de Cambria.
Hoy, basta con que tenga buena vista al mar, y que esté cerca de Paso Robles, donde hay buenos vinos para apreciar más reposadamente el espectáculo que nadie desearía comprar.

Fotos y texto: José Fuentes-Salinas, Jun., 10, 2017

Un guía de turistas explica el arte de los Siglos XVI que adorna lo que fue La Casa Encantada de William Randolph Hearst, en San Simeón, California.

Las rocas, la galería del mar en Moonstone Beach.

Sin negocios de franquicias, ni letreros espectaculares, Cambria es un pueblo que destaca solamente el atractivo natural del mar.

Psicología y marketing de la moda: #bebe Online

DE COMO la moda y el consumo es el resultado de la aplicación de una serie de ideas estéticas y psicológicas al servicio del marketing: el caso bebe.

La identidad

Sus clientes tiene entre 18 y 35 años, una edad en que la búsqueda de la identidad pasa por el cuerpo y por la capacidad de seducción. “Yo no tengo eso que tienes, pero con esto que tengo puedo conseguir muchos de los que tú tienes”, cuenta un chiste sobre el Complejo de Castración. Es por eso que la marca bebe, que fue inspirada en el slogan de Shakespeare “To Be or not to Be” usó de modelos a las Kardashians, Rihanna, Katy Perry… y otras nalgonas.

La moda del Siglo XXI es un conjunto de ideas decantadas del psicoanálisis y las estética al servicio del marketing. Maniquíes al la venta en el Swap Meet de Carson, California. Foto: José Fuentes-Salinas.

El fundador
Manny Mashouf (78) el fundador de Bebe, no fue un modisto. A él le gustaba la carne, cuando abrió una restaurant de asados, pero se había graduado de Ciencias Políticas en la Universidad de San Francisco, luego de haber inmigrado de Irán. Ser o no Ser. Cuentan que fue después de una fiesta en San Francisco, cuando las palabras existenciales de Hamlet lo llevaron al bautizo de su tienda.

Online
En 1976, cuando Manny Mashouf fundaba sus tiendas de ropa en San Francisco, no muy lejos de ahí, Steve Jobs y Steve Wozniak estaban inventando en su garaje una de las máquinas que enterraría su negocio, la Apple. Cuarenta años después, en Marzo del 2017, bebe anunciaba que cerraría sus tiendas porque, entre otras cosas, sus consumidoras preferían comprar con un click desde sus computadoras.

Arte y seducción
Frente a la tienda bebe del Centro Comercial Del Amo, en Torrance, dos vendedoras de cosméticos observan los anuncios de ofertas a mitad de precio.
“Estas ofertas no son mentiras. Realmente se tienen que ir”, dice una de ellas. “No es como cuando en las temporadas de ofertas primero suben los precios, para luego aparentar rebajarlos”.
El centro comercial es una galería de arte en movimiento. Es a veces un arte grotesco, pero arte al fin. Caminan muchachas con cabelleras verdes, azules y violetas. Lucen pantalones nuevos agujereados. Los escaparates muestran la creatividad del arte minimalista, con ropa íntima y diseños que de otra forma serían parte de una galería.
La experiencia de venir a un Centro Comercial, es casi como ir a un Swap Meet, pero mucho más caro, y si las sorpresas en el mercado de pulgas están en el suelo, aquí van caminando o están sentadas.
“A mi me gusta comprar caminando, no sentada frente a una computadora”, dice una de las maquillistas.

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  • José Fuentes-Salinas, Long Beach, CA., Abril, 2017

Swap Meet: de cómo sin proponérselo, los comerciantes son “ambientalistas”

Trino y Ramón ya están guardando sus chunches para irse.

Los Vientos de Santa Ana han enviado una onda calurosa al Sur de California, y el asfalto en el Swap Meet de la Villa Alpina empieza a arder.

Con sus bigotes canosos y su rosario en el pecho Ramón va guardando en cajas de cartón CDs, videos y candelabros de vidrio. Hace ya varias semanas que no le veo algo más interesante. El fue el que me vendió el buzón oxidado que ahora uso para guardar las deudas pendientes. Lo tengo arriba del escritorio, a un lado de mi título de psicólogo, para que no se me olviden.

A Don Trino no le he comprado nada, pero hoy tenía un estuche oxidado para herramientas que me vendió en cinco dólares. Lo voy a lijar y lo voy  a pintar por dentro para guardar unas pocas herramientas para talachitas menores. Trino es de Talpa, y Ramón, de Guadalajara. Hay veces que no compro nada, pero me la paso a gusto platicando con los comerciantes y tomando unas fotos.

“Usted sí parece un charro”, le digo a Trino, quien trae un enorme sombrero de caporal, negro, así como se usan en Jalisco.

“Te lo vendo, si quieres”, dice, “ya he vendido cinco. Este es tan bueno que hasta me mata las pulgas, ja jaaa”.

Los comerciantes de artículos usados son, de cierta forma unos ambientalistas. Foto: JFS

Trinó es un hombre ya de la Tercera Edad, pero se ve macizo, levantando y guardando en el camión cadenas, palas y otras herramientas.

“Con eso ya no necesita ir al gimnasio”, le digo.

Trino dice que ya tiene más de 30 año vendiendo en el Swap Meet. Tiene muchas historias para cada cosa. Por ejemplo, hablando de los sombreros cuenta que allá en Talpa, había un amigo que andaba borracho y se quedó dormido a la entrada del Santuario de la virgen, con el sombrero a un lado. La gente que pasaba, pensaba que era un pordiosero, y le iban poniendo dinero en el sombrero.

“Pero cuando despertó vio un montón de billetes en el sombrero y gritó: Milaaagro!…  ja jaaa…”.

Caminando, pasado el mediodía, me encuentro con el “Indiana Jones”. El carga otros tiliches para su puesto,  y siempre anda vestido con traje militar.

“Estas cosas me las acaban de vender”, dice. “Aquí también entre los negociantes nos vendemos las cosas”.

“Indiana Jones” me explica que hay muchas formas de aprovisionarse de cosas.

“Hay muchos que van a las subastas de bodegas de alquiler. Tú sabes: hay gente que renta un cuarto para meter sus cosas y se va a otro estado, y ya después no vuelven y el gerente remata sus tiliches. Quienes van a la subasta son bien coyotes y de una primera vista ya saben cuánto puede valer todo”.

Cuenta que a veces se llevan sorpresas, como cuando en un abrigo encuentra unas cuantas joyas, o en una caja de clavos oxidados un pequeño anillo con diamante.

“Así me pasó la otra vez. Necesitaba unos clavos, y a un vendedor de aquí le compré una caja de clavos y al sacarlos salió un anillito de oro con diamante que vendí por 300 dólares”.

Al Swap Meet, tanto comerciantes como clientes, muchas veces solamente se van a distraer.

“¡Ya despiértate, viejo!”, le dicen a un vendedor que se estaba echando una siestecita. “De seguro ahorita vas a llegar a decirle a tu mujer que te cansaste de dormir, porque no hubo clientes”.

 

– LONG BEACH, CA., 1, Abril, 2017. José Fuentes-Salinas, tallerjfs@gmail.com

LIBROS: Conversación con Umberto Eco

EN EL PRINCIPIO era la memoria hablada, en el principio, se declamaba la historia, la historia tenía diferentes tonos. Luego llegó la historia escrita a mano, antes de la imprenta, y ahí estoy yo viendo a Sean Connery vestido de fraile visitando el monasterio donde se hacían los libros incunables, donde cada letra era arte y disciplina.
Ya no podría saber más de lo que se ha escrito sobre “El Nombre de la Rosa”, ni podría preguntarle a Eco sobre esa diferencia de lectura entre su libro y la película. Seguramente me hubiera mandado a leer alguna otra entrevista, porque así es su costumbre.

Umberto Eco, “De la estupidez a la locura”, Ed. Lumen

Muchos le dicen semiólogo, semiótico, filólogo, arqueólogo de lenguaje, teórico de la comunicación… Novelista, ensayista… O escritor.
Pero la realidad es que saber más de todo eso ya no podría ocurrir.
“Umberto Eco murió en la tarde del viernes a los 84 años”, dijo la BBC el 20 de febrero de 2016, quien tuvo la elegancia de definirlo simplemente como “escritor y pensador” que “vendió más de 1 millón de copias de El Nombre de la Rosa”, en varios idiomas. “Fue incluso llevada al cine”, dice la noticia que con esto terminaría dándole la primera puñalada al escritor post mortem.
La definición era sólo por una novela y por la cantidad que vendió, así como por el bautizo que le hizo el cine. Pero a decir verdad, al final incluyeron una frase de cómo el propio Eco se definía: “yo soy filósofo, escribo novelas sólo los fines de semana”.
Eso lo recupero para mí, para el encuentro que tuvimos en la librería Barnés and Noble de Torrance, California, y que continué en la de Long Beach.
Encontrarlo ahí y no en Amazon.com tiene una gran diferencia.

Leyendo a Umberto Eco en Barnes and Noble Bookstore.

Ahí podría escrutinar con más paciencia cada una de sus ideas que dijo antes de morirse de cáncer de páncreas. Como se sabe este tipo de páncreas es el más rápido y más agresivo y tan sólo por eso, el escritor ya no tuvo tiempo de planear otra gran novela.
Así es que su libro nombrado “De la estupidez a la locura, crónicas por el futuro que nos espera”, subrayando con mayúsculas: “EL ULTIMO LIBRO DEL GRAN MAESTRO”, era un verdadero pretexto para sentarse ahí con un café a conversar.

– ¿Por qué usted que se ha pasado la vida hurgando los libros viejos y nuevos ahora le da por ocuparse en los teléfonos celulares y en la Internet?

“Los móviles están cambiando de manera radical nuestra forma de vivir, por lo que se han convertido en un objeto interesante, desde el punto de vista filosófico. Al dado también las funciones de una agenda en la palma de la mano, y una computadora con conexión a la red, el móvil es cada vez menos un instrumento de oralidad y más un instrumento de escritura y lectura. Como tal se ha convertido en un instrumento o modo de registro”.
No le quise contar en ese momento, que con iPhone había podido copiar algunos de los párrafos de su libro, en lugar de escribir notas en un papel, ni que en un instrumento así me había enterado de varias noticias de su muerte.
El, qué pasó del siglo XX al siglo XXI con una buena carga de sorpresas, no le pareció extraño eso de las “fake news”, que unos muchachos de Macedonia solían fabricar y que incluso el general Flynn se las creyó.
De hecho, me confesó que él solía consultar la Wikipedia y que a decir verdad sólo había tenido que corregir dos o tres cositas de su biografía. El veía como un riesgo que en la Wikipedía todos pudieran cambiar y editar los textos, pero que, al final de cuentas, entre todos se detectan las mentiras e imprecisiones.
Fue cuando recordé que en algún momento eso me había pasado cuando edité la semblanza de Zacapu, mi lugar de nacimiento. Conociendo bien mi ciudad, una vez escribí que los bosques y lagos se veían amenazados por la mancha urbana, e incluía varios datos olvidados de los fundadores de escuelas, cines, comercios… Años después alguien había borrado mis datos ecológicos.
El profesor lo tomaba todo esto con calma.
Cree, como yo, que hay que construir un discurso sobre los usos y abusos de la tecnología, hay que organizar una reflexión, pero hay que empezar desde las escuelas, hay que enseñar a filosofar, como también dice Fernando Savater.
Esa tarea es difícil por la rapidez con que ha ocurrido los cambios de la tecnología cibernética, el consumo.
Y a manera de ejemplo dice que si él hubiera tenido un auto como los de ahora cuando empezó a manejar quizá hubiera chocado.
“Yo crecí manejando, crecí con los cambios de los autos”.
Del 2004 cuando apareció el Facebook, al 2010 cuando, tenía 400 millones de usuarios, el profesor experimentó un extraordinario cambio, pero ¿para qué?.
“El problema es que fue como si todo lo que se decía en un bar lo dijeran de repente en las redes sociales”.
La seducción y el entusiasmo que produce lo nuevo es algo que siempre distorsiona las necesidades, más ahora en estos tiempos de una explosión publicitaria nunca antes vista.
El me lo explica mejor: “la relación entre entusiasmo tecnológico y pensamiento mágico es muy estrecha y va ligada a la confianza religiosa en la acción fulminante del milagro. El pensamiento teológico nos habla y nos hablaban de misterios, pero argumentaba y argumenta para demostrar hasta qué punto son concebibles o bien demostrables. En cambio, la fe en el milagro nos muestra lo nominuoso, lo sagrado, lo divino que aparece y actuar sin demora”
Para Eco la cuestión de cómo usar la tecnología tiene que ver con los filtros que da la preparación académica, la filosofía, la revisión de los cambios que hubo en otras ocasiones.
Mucha gente confunde el “reconocimiento”, “la fama”, el protagonismo, con otras cosas banales… Y tarde o temprano aparecen las consecuencias: por ejemplo un presidente que en lugar de explicar cuestiones complejas, envía “tuits” sobre cualquier cosa que se le ocurre, y dice que los medios son unos deshonestos.
Como como todo pensador, el profesor no se ocupa de todo los problemas que ha traído consigo la nueva tecnología, o lo que desde la revolución industrial han llamado “progreso”.
Como buen conversador con los signos, ahí escrito unas cuantas ecuaciones que las siguientes generaciones habrán de responder.
De lo que si advierte es que se necesita un buen filtro para saber lo que es relevante, ya que los días no son tan extensos, ni la vida larga.
Pone de ejemplo el cuento de Jorge Luis Borges “Funes el memorioso”, el tipo que podía memorizar todo, incluyendo lo más irrelevante.
“Internet esa hora como Funes. Como totalidad de contenidos disponibles de forma desordenada, sin filtro ni organización, permite a cada uno de nosotros construirse su propia enciclopedia, esto es su libre y personal sistema de creencias, nociones y valores… Así que, en teoría, podrían existir 6000 millones de enciclopedias diferentes, y la sociedad humana se reduciría al diálogo fragmentado de 6000 millones de personas, cada una con su propia lengua distinta que sólo entendería el que el habla”.

—José Fuentes-Salinas, tallerjfs@gmail.com. Con datos del libro “De la estupidez a la locura”, Umberto Eco, Ed. Lumen, Ensayos.

 

Los cinturones, los cinturonazos y otras otras formas de tortura

INTERNETO AGORAFOBICUS se andaba dando una vuelta por el Swap Meet de Carson con Canario Pikitoeoro. Pasaron por un puesto de ropa donde había unos maniquís desnudos.

—Oiga, don Neto, ¿por qué estos maniquíes no tienen ropa? —preguntó Canario.

—¿Qué no ve?… Estos maniquíes tienen medidas perfectas 50-30-revienta… Y ahorita casi toda la gente es fodonga, por eso no les ponen ropa de esas medida… Jaa jaja…

—No sea mamila —insistió Canario- a mi se me hace que son los que se trajeron del Sports Chalet, que acaban de cerrar, y ahorita los quieren vender.

Casi a finales de Octubre, el clima aún era caluroso. Algunos vendedores preferían irse pasado el mediodía, como el Bigotes, que ese día no había logrado vender ni las revistas de comics de Kalimán, ni los DVDS de películas.

Canario, de repente se acercó al puesto de los cinturones.

—¡Ah Jijo!, aquí están los instrumentos de tortura —dijo.

Puesto de cinturones en el Swap Meet de Carson, California, con el Tío Caimán. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Puesto de cinturones en el Swap Meet de Carson, California, con el Tío Caimán. Foto: José FUENTES-SALINAS.

—No invente —corrigió Interneto— esos son prendas para que no se le caigan los pantalones, como esos chamacos que andan enseñando media nalga.

—Cómo se ve que a usted no se lo han agarrado a cintarazos. Mire, allá en la época de las cavernas, cuando los papás no habían estudiado la psicología de Piaget, se sacaban el cinturón a la primera provocación, cuando los chamacos no les hacían caso y ¡reatas!. Los papás decían que esa era la forma de educar a los hijos… ¡Qué va!… Cuando se necesita la violencia para hacer que alguien haga lo correcto eso no es educación. Por eso, los chamacos golpeados se hacían golpeadores con sus parejas…

—Yaaaaa… No me diga que a usted nunca le sacudieron el polvo —interrumpió Interneto.

—Pues no es por presumir, pero yo tuve unos pájaros muy chingones. Mi madre era una calandria y mi padre un jilguero. Ellos eran buenos para saber decir las cosas. Por eso yo desarrollé el “criterio”, eso es algo como una vocecita interna que le dice lo que está bien y lo que está mal, sin necesidad que lo jodan. Y, en lugar de temerles a mis padres, no sabe cómo los apreciaba cuando salíamos a comer mosquitos y chapulines.

—Ay, ay ayyy… no sea mamón. Camínele que está haciendo mucho calor.

—Es la pura neta —insistió Canario—. Afortunadamente, mis padres eran grandes contadores de historias, y con historias nos educaban. Aunque algunas eran de terror.

—Ja jaaa… ¿Cómo que de terror?

—Si. Mire, ahora que se acerca el Día de los Muertos, recuerdo que nos contaban la historia de la niña a la que se le secó la mano por levantársela a su mamá, o los niños que se encontraron con el diablo en forma de marrano porque andaban de vagos.

—Tiene razón —dijo pensativo Interneto— lo malo es que ahora los padres no tienen tiempo para contar o inventar historias. No se permiten ser un poco niños, y, de repente, quieren educar a los chamacos con puras amenazas y extorsiones: “si haces esto, te doy esto”… Total, que los educan para que sean unos ciudadanos corruptos, que no hacen las cosas por deber, sino porque van a recibir “una mordida” por lo que hacen, hasta las cosas más elementales. O sea como dijo Gibrán: “si el objetivo de la religión es obtener un premio, si el patriotismo responde a intereses egoístas, y se utiliza la educación como instrumento de lucro, prefiero ser ateo, apátrida e ignorante”.

—¡Ah chingao!… Ahora si me salió más cabrón que bonito.

—Pues, ay nomás, pa’l gasto, mi querido pajarín… Y córrale que ya nos está esperando el Tío Caimán.

—José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com

 

Maniquíes del Swap Meet de la Villa Alpina, de Carson, California. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Maniquíes del Swap Meet de la Villa Alpina, de Carson, California. Foto: José FUENTES-SALINAS.

El chile, la cultura del sabor de los mexicanos en California

HABLEMOS pues de las delicias, ahora que la vida se ha hecho tan cara. Hablemos pues de cómo agradar al paladar y a la salud sin tanto costo. Busquemos a Tlatlahuaqui, diosa del chilito rojo, hermana de Tlaloc, para que nos dé un consejo.

Primera cosecha el chile piquín proveniente de la Casa de Don Antonio Arriola, de Zacapu, Michoacán, junto al agave suave. FOTO: José FUENTES-SALINAS.

Primera cosecha el chile piquín proveniente de la Casa de Don Antonio Arriola, de Zacapu, Michoacán, junto al agave suave. FOTO: José FUENTES-SALINAS.

“Díganos usted señora que cajita de semillas habremos de buscar. Díganos si habremos de probar primero la chillaca en rajas, o el poblano para rellenar. Díganos usted qué mata más el hambre y el aburrimiento, si es el cuaresmeño o el piquín. Díganos de esas mil quinientas variedades, dónde habremos de poner el habanero y el chiltepín, y si en la cueva de Coxcatlán también había frijoles y tortillas, díganos por favor”.

José FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com

Cuentos de California: La palma y el jardinero

Por José FUENTES-SALINAS/tallerjfs@gmail.com ***

“Discúlpeme por ponerme sentimental”, dijo el jardinero y levantó la mirada hasta lo más alto de la palmera.

“Ha de entender que yo la cuidé bien desde que la trajeron aquí desde Coachella”, prosigue. “Ayudé a que la bajara la grúa y le tiré las primeras paladas de tierra. Le puse las luces para que luciera de noche y cuando le crecían demasiado las hojas, me trepaba a recortárselas como un chango”.

La palma no decía nada. Sabía que su suerte estaba echada.

El nuevo propietario de los edificios había contratado a un arquitecto al que se le ocurrió deshacerse de varias de ellas.

Lo cierto es que es que el el propietario quería pagar menos impuestos, y, haciendo unos cuantos arreglos podría justificar más gastos.

El jardinero no tenía más que opinar. Poco a poco se fue acercando la grúa para derribarla.

El jardinero se disculpó por haberle clavado las espuelas de fierro para subirse cada año.

Sus compañeros encendieron las sierras de cadena y desde la plataforma de otra grúa empezaron a cortarla en pedazos. Uno a uno empezaron a caer, hasta que quedó la última parte cerca del suelo.

“Este pedazo lo voy a cortar para que hagas un banquito”, le dijo su compañero.

Ya quedaban solo las raíces, cuando otra máquina, con unos cables, la arrancó definitivamente.

Luego hubo un silencio. Los trabajadores se fueron a almorzar. Entre un montón de mangueras, varillas y cables se veían los restos de esa altiva palmera que alguna vez entretuvo cuervos y se meció con el viento.

El jardinero que pensaba que su trabajo era el de cuidar plantas, vio con preocupación las máquinas mezcladoras de concreto que pronto rellenarían de cemento esa superficie.

“Disculpalos”, murmuró, “no saben que están haciendo su tumba”

"...La palmera no sabía la suerte que le esperaba. Altiva, por mucho tiempo dio albergue a los cuervos y se meció por el viento". -JFS

“…La palmera no sabía la suerte que le esperaba. Altiva, por mucho tiempo dio albergue a los cuervos y se meció por el viento”. -JFS

"...finalmente, todos se redujo a un montón de cables, mangueras, varillas y raíces".

“…finalmente, todos se redujo a un montón de cables, mangueras, varillas y raíces”.

 

Ejercicios de percepción: Las formas de los árboles

* De cómo la forma de percepción estética se va organizando desde las primeras experiencias infantiles.

Por José FUENTES-SALINAS/ textos y fotos

tallerjfs@gmail.com

Los he visto desde niño extendidos sobre el huerto, sin entender la diferencia entre árboles y arbustos.

Formas dactilares de los árboles. a2 a3Duraznos priscos y amarillos, chabacanos y granados, casuarinas y jacarandas.

Sus brazos retorcidos y engomados, áridos y fuertes, con hojas como agujas o como mariposas desprendiéndose.

Los caprichos de la naturaleza fue mi introducción al arte. ¿Qué rama sostiene a cuál? ¿cuál es el diseño de los abrazos de la fronda?

Mis maestras me dijeron que era la fotosíntesis, la cacería de los rayos del sol, la competencia de las ramas por la luz.

Así también los cuadros y las esculturas, las razones y las proporciones, los ángulos de la luz y las miradas.

En mi infancia no hubo los conos perfectos y aburridos, en la Navidad fueron las ramas cortadas de los pinos que aromatizaron el portal.

Luego empecé a salir, vi la arbitrariedad de los encinos y los nopales, la semejanza entre las formaciones rocosas de La Piedrera y el Malpaís.

Me fui dando cuenta que en la naturaleza había disciplina y rebeldía, ritmo y dispersión. Las ramas, tanto como las raíces eran las huellas dactilares de los árboles: ninguna era igual a la otra.

Luz y humedad, la búsqueda de lo esencial tiene diferentes rutas, la única constante es la vida.

Así, fui recorriendo los ecosistemas, los bosques de California y Michoacán, los parques de las ciudades y las iglesias.

En Tzintzuntzan vi un viejo árbol completamente hueco y quemado que aún reverdecía.

Y entre aquí y allá, he hecho colección de formas, cáscaras de eucaliptos, laberintos de arbustos, frondas que parecen tallar el cielo de nubes.

Museos vegetales.