Las compañías

EN LA ESQUINA de la Avenida Los Coyotes y Carson, el hombre enfrenta su soledad frente al tráfico.
Mientras cambia de luz el semáforo, enciende un cigarro para sentirse solidario con los autos que pasan echando gases también.
Luego llega otro hombre solitario a la esquina, pero al verlo echar humo se queda parado a una cierta distancia.
El fumador hace un gesto de disculpa.
Los dos solitarios cruzan la calle, separados a cierta distancia.

-José Fuentes-Salinas, Instagram: taller_jfs, cronistadeguardia@gmail.com

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TENGO una ventana que cabe en el bolsillo.
POR la noche se enciende y me dice qué horas son.
A VECES la uso de linterna para encontrar los calcetines o para ir a orinar al baño sin tropezarme.
EN MEDIO del tedio de las salas de espera, la abro y veo al mundo por medio de los ojos de mis amigos cibernéticos.
ALFREDO me lleva a pasear por las calles de la Ciudad de México. Me enseña rostros de putas, murales, mendigos y desempleados.
EDUARDO no se cansa de pintar fachadas en ruinas, Viejas puertas y ventanas, donde cuelgan tantas carencias.
MILA, desde Rusia, me lleva a recorrer estanques y bosques.
LOREDANA reclama mi atención en playas fatigadas de mareas, y tantos detalles de sombras y luces de los viejos barrios de México.
JONNA me ofrece un pastel de zarzamoras que ella misma recogió de un bosque noruego.
PEDRO, el viejo maestro de los lentes, recupera los rostros de sus contemporaneous y hace bromas mostrando sus intestinos en una pantalla, luego de una colonoscopía.
A VECES, a mi ventana le dicto un poema o se lo escribo sobre una foto de hojas de bamboo y me quedo pensando y pensando, como si realmente esa ventana me permitiera escaper del tedio de tanta tecnología.

-José Fuentes-Salinas, tallerjfs@gmail.com

LA DIGNIDAD

NO TRABAJA sucia. No lleva vestido desgarrado y maloliente. Es cortés con el chofer y lleva su basura limpia en dos bolsas de plástico en un carrito plegable de ruedas. Sus canas y rostro arrugado se combinan con su paso firme que busca el primer asiento del autobús de la Ruta 173 de Long Beach.

Todos los pasajeros la admiramos por su faldita de tablas planchadas, su sweater limpio y a veces su gorrito tejido de estambre. La admiramos en silencio, porque sabemos que es una viejita a la que muy bien, otros ya la hubieran mandado a un asilo. Podría ser acaso “ilegal”, una inmigrante sin documentos que por esa razón no pide ayuda del gobierno. Pero en todo el autobús ella es la “Ley”, la Moral, la Dignidad. De todos los que vamos ahí, ninguno trabaja más árduamente que ella, la más anciana.

Sin poder aguantarme las ganas de conversar, dejo de leer el periódico, y me entero de que su trabajo empieza a las 5:30 de la mañana. Me entero del precio de la libra de botellas de plástico y botes de aluminio que recoge todos los días en los callejones.

-Pero últimamamente ya está muy competido -me dice.

Siguiendo por la Pacific Coast Highway, de pronto pide su parada.

No hay mucho tiempo para hacerle la pregunta que todos llevamos en la cabeza.

-¿Cuántos años tiene?

-¿Cuántos me echa?

-Veinte -le digo en broma- todavía se ve muy maciza.

-Ja jaa -alcanza a reí.

Y mientras va saliendo, termina:

-Nomás 85, haga cuentas.

 

José Fuentes-Salinas,    18, Jul., 2009. tallerjfs@gmail.com

ADAPTACION

HABIA QUE adaptarse a todo. Para ser aceptado por los salvadoreños, Santa Clause, el viajero del Polo Norte, tuvo que entrar a un concurso de comer pupusas en Los Planes de Renderos.

Jordano Salvador Adolfo veía como los demás concursantes se vomitaban cuando rebasaban el número de 20 pupusas devoradas.

Su más duro contrincante era un abuelo que tenía fama de comer medio centenary.

Jornado, el Santa Clause que encubría a un estudiante de medicina, vió cómo a la pupusa 36 empezó a vomitar.

El se comió una pupusa más, pero su pecado de gula, unido a una bebida gaseosa fue castigado que le hizo expulsar pupusas hasta por la nariz.

Ganó 3,000 colones y mayor fama en el Metrocentro, donde ejerce el oficio de las risotadas –Jo jo jooo- y el modelaje.

¡Lo que tiene que hacer un Santa Clause para ser aceptado en Latinoamérica!

 

-José Fuentes-Salinas, datos de El Diario de Hoy, 2/8/1998.

EL OLVIDO

DE TODOS los males, el mal del olvido es uno de los peores. Cuando más necesitan los recuerdos, dejan a los ancianos huérfanos de historia, huérfanos de identidad, quemándose por el ácido de la duda.

Se creía que la enfermedad del olvido era una cosa inevitable, que también la vejez era una enfermedad, y que la demencia senil era un nombre seguro para entenderla.

Pero en 1906 el psiquiátra bávaro Dr. Alois Alzheimer dudó. Pensó que hacerse Viejo y ser demente eran dos cosas distintas.

Años después, el Dr. Robert Katzman se llenó también de otras dudas, pero de esas dudas que no son producto de una enfermedad, ni corroen el espíritu.

El Dr. Katzman se preguntaba si el cerebro reaccionaba como los músculos, que si no se usan se atrofian. Se preguntaba por qué no todos los viejos quedan desmemoriados cuando comparten sus memorias y narran, reflexionan, estudian…

Y cuanto más buscaba, más evidencias encontraba.

Cuando murió a los 83 años, con los nuevos juguetitos de investigación de los científicos, el Dr Katzman había demostrado lo que en la naturaleza es bien sabido: “úselo o piérdalo”.

Marx tenía razón: “La práctica es la gran maestra”.

 

José Fuentes-Salinas -tallerjfs@gmail.com

-Con datos de L.A. Times, Set.20, 2008.

LOS ESTUDIANTES

SON DOS niños que aún no se inhiben de hablar español. Dicen que van bien en matemáticas y en inglés, pero no tan bien en ciencias. El cronista les pregunta de ecuaciones que saben resolver. Luego les muestra un periódico en el que pueden leer sin tropiezos el pie de foto del enterramiento de 1,689 cadáveres no reclamados en Los Angeles hechos cenizas.

-¿Es usted maestro? –pregunta.

Luego salen del bus, deseando que el cronista tenga un “buen día”, porque, además de matemáticas e inglés, han tenido clases de Cortesía… en sus casas.

 

José Fuentes-Salinas, Carson, California

tallerjfs@gmail.com

LOS CHOCOLATEROS

Era la banda de viento y las orquestas
de los Martínez y los Rodriguez.
Eran las ferias regionales y los onomásticos
En Quréndaro, Huaniqueo, Cuto o Nocupétaro.
Era el asunto de cuidar el santoral
Y provocar la fiesta con unas “Mañanitas”,
Pasando del chocolate al banquete.
“Los chocolateros”, músicos que empezaban
con el desayunto y terminaban con la cena.
Días aquellos, Don Fausto, con su Orquesta Bohemia
De trombones, cuerdas y trompetas.
Músicos de infantería, que caminaban
Con instrumentos y cobijas.
Tiempos sin rutas vehiculares.
Músicos de pueblo en pueblo,
De hacienda en hacienda,
Ejecutantes líricos: Román Mendoza,
Nazario Rodriguez, Ladislao Flores,
El abuelo Nicanor, Victoriano Salinas,
Adalberto López, Sóstenes Flores,
Eduardo Villaseñor, Tano León,
José Valladares, Luis Rodriguez,
“El Seco de Lola”, Martín Romero “el tamborero”,
los Hermanos Ortiz y Efrén Espinoza…
Maderas y metales jóvenes y viejos,
Hoy todo se ha ido, sin videos ni grabaciones…
De esos “músicos chocolateros”, solo quedó
Su otro oficio: curtidores y sastres,
Carpinteros y albañiles,
Comerciantes y peluqueros…
¡Ah!. Los músicos de los lejanos pueblos
de la Plaza Grande y las Serenatas Domingueras.