CRONICAS: El Dorado Park, Long Beach, California, en tiempos de pandemia por el COVID-19

ESTA SOLO. Son las seis de la mañana y la humedad del pasto apenas se está levantando.  En el Parque El Dorado, las huellas del coronavirus son evidentes: letreros que indican a las personas la distancia segura para caminar con sus mascotas, y las canchas de basquetbol y otros juegos con el letrero de “CLOSED”.

En la temporada de cuarentena por el COVID-19, la ciudad de Long Beach instaló letreros para advertir de la necesidad del distanciamiento preventivo entre los visitantes a El Dorado Park. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS Instagram: taller_jfs

YO LLEGO aquí porque está cerca de casa y porque estoy pagando por este parque, como muchos otros pagadores de impuestos. Pero con frecuencia me siento como un millonario que habita en una gran mansión con varios acres de jardines que son cuidados por manos expertas. Por la mañana de estos días largos de verano, aseguraría que somos menos de diez los que llegamos. Uno de ellos es un padre que llega empujando a su bebé en una carreola y con un perrito a un lado que al llegar a los límites del campo de golf lo suelta para tirarle una pelota y que haga sus ejercicios. Otra de ellas es una mujer que solo va a caminar y lleva en la mano su mascarilla para prevenir el contagio del coronavirus por si acaso se encontrara con otras personas.

PERO la realidad es que el atractivo de ir temprano al parque es que no hay mucha gente, y quienes van pueden estar a una gran distancia de los demás. De hecho, con nadie más.

UNO puede ver el sol levantarse lentamente en el horizonte desde los campos de golf, y ver como las siluetas de los viejos pirules dan la imagen un hermoso árbol desgarrado de verde. La compañía Azteca Landscaping es la primera que empieza a trabajar algunos días. Con una podadora gigantesca en un tractor llegan a podar la extensa area del parque. O bien, con una sopladora de polvo llegan a barrer el camino asfaltado echando desde la orilla el polvo hacia las áreas verdes.

Cuando cerraron los gimnasios para prevenir los contagios por el COVID-19, algunos elegimos el parque como alternativa para hacer las rutinas mañaneras. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS, Instagram: taller_jfs

LOS ANIMALES del parque parecen no preocuparse, mientras las grullas se paran al borde de los tambos de basura para ver si les dejaron un pedazo de pizza, las ardillas tratan de buscar también algo que comer, antes que un halcón se las desayune.

A VECES también pasa por ahí un homeless caminando o en bicicleta, que al igual que las aves busca algo de valor en la basura, aunque en su caso se trata de botellas de plástico para vender en los centros de reciclaje.

EL PARQUE El Dorado tiene algo para todos. Inclusive, para un niñita, ese es el lugar para comunicarse con Dios, con el cielo, adonde cree que se fue su madre. Una pequeña cartita pegada al tronco de un anchuroso árbol dice “to my mom in heaven”.

En uno de los viejos árboles del Paruqe El Dorado una niña dejó una carta dirigida al cielo adonde se fue su madre. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS. Instagram: taller_jfs

POR MI PARTE, después de que cerraron los gimnasios en la cuarentena por el COVID-19, los ejercicios en este parque son lo más cercano a esa sana rutina de empezar el día trotando, estirando los músculos, respirando profundo, para estar listos a todo lo que salga durante el día.

ESTA COSTUMBRE tempranera tiene algo de la vida rural, en la que uno tiene que seguir el ciclo solar: levantarse cuando aparece la luz, y dormir cuando hay suficiente oscuridad.

SI. Es cierto que extraño los gimnasios, pero ahora que anuncian que los abrirán este 12 de junio no es muy probable que vaya. No sé qué protocolo sanitario contra el COVID-19 vayan a seguir, pero es casi seguro que las mascarillas, el distanciamiento y ese temor flotante de contagiarse le quitará buena parte del placer que habían tenido  hasta antes de la pandemia: el gusto por saludar a los amigos, por bromear, por compartir pesas y aparatos, y nadar lado a lado.

YO DIRIA que este parque tan solitario a estas horas seguirá por un buen tiempo siendo mi gimnasio al aire libre, haciendo ejercicios aeróbicos sobre una banca de concreto y levantando dos pares de pesas de 20 y 15 libras, con mis audífonos de lujo Bose conectados a las puyas colombianas de Calixto Ochoa, o a la soca y cumbia que tengo grabadas en el iPhone.

En este viejo árbol que destaca por su extensas raíces, una niña dejó una carta adherida al tronco dirigida al cielo, donde está su madre. Foto: JOSE FUENTES-SALINAS. Instagram: taller_jfs

CRONICAS: La jardinería como ejercicio de la percepción y una forma de descanso

POR José FUENTES-SALINAS/Tlacuilos.com

Estaba pensando en los estilistas.

El trabajo de la jardinería es a veces como el trabajo de los estilistas, de agarrar unas tijeras y podar las ramas que se han excedido en su crecimiento.

No es fácil entender esto. ¿Cómo saber que una rama ha crecido demasiado?

La primera cosa que se me ocurre es que el jardinero es como un juez que imparte justicia a las plantas que siempre están compitiendo por la luz. El níspero, por ejemplo, había crecido demasiado y le estaba tapando la luz al maguey y al guayabo, pero las de la izquierda estaba adecuadamente extendiéndose hacia la bugambilia. Ahi, cumplían la función de hacer una cortina para tener un poco de privacidad en el jardín trasero.

El trabajo de jardinería algunas veces se parece al de los estilistas, aunque las tijeras sean un poco diferentes. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Los estilistas generalmente observan por unos minutos el rostro del cliente, el tipo de cabeza, y mientras van cortando el pelo, se detienen brevemente a observar, luego prosiguen. También imagino así a la jardinería. Uno hay que detenerse en ciertos momentos a observar el crecimiento de las plantas, a ver cómo corre la luz, y cómo se proyectan las sombras. A veces, uno no está como para agarrar las tijeras y empezar a podar, pero puede contemplar, mientras acaso se comen una manzana al regresar del trabajo, y ya, cuando tiene la certeza de que hay que cortar, corta sin miramientos.

Esto es lo que he hecho desde hace unos días. El arbusto de la esquina, un día llegué del trabajo y zas zas… le hice un corte profundo con el que eliminé algunas ramas viejas plagadas de mosquitas blancas.

—Va a retoñar muy bien en la Primavera —me dijo el vecino.

Ocurrió también con el naranjito injertado de limón, y con el “orgullo de Madeira”, una planta que produce unos conos de flores violeta que son una delicia para las abejas. Esa me la dio Gordon en una maceta, y ahora compite en estatura con la lima, que aquí le llaman “mexican sweet lemon”. La cosa es que el orgullo de madeira ya tenía demasiada fronda y proyectaba demasiada sombra a la lima. Entonces tuve que hacerle una buena podada, a pesar de que sus ramas habían tomado unas formas caprichosas que lucían muy escultórica.

Trabajo de podar los arbustos. Al fondo se ve el “orgullo de Madeira”, una planta originaria de Portugal, a la derecha está la bugambilia jaspeada, el níspero y algunas plantas de las llamadas suculentas, incluyendo la sábila verdinensis, el agave suave y el agave Reina Victoria. Foto: José FUENTES-SALINAS.

He aprendido que el trabajo de jardinería también está a la mitad entre la arquitectura y la agricultura. El níspero, el guayabo, el naranjo, la bugambilia… todas las plantas producen frutos y flores, y algunas veces uno no quiere sacrificar una rama que está floreando, o produciendo frutos. Pero uno tiene que pensar en la forma que está adquiriendo, y cortar sin miramientos. Y no solo pensando en los placeres de la vista cuando uno se sienta en el jardín, sino, también, hay que atender las necesidades de los pájaros y de los insectos. Unos, con frecuencia vienen a pararse en las ramillas a refrescarse del calor, otras llegan en su necesario trabajo de polinización.

La enredadera de uvas concord que tapaba el tejaban por mucho tiempo produjo una excelente sombra muy disfrutable para los meses de verano. Pero llegó el momento en que tlacuaches y mapaches llegaba a hacer un gran bacanal que no nos dejaba dormir, y, al siguiente día el patio quedaba como mermelada. Fue cuando, con gran pesar, tuve que cortarla.

En su lugar, puse agaves, nopales, nísperos… pero también estos hay que meter en un orden, principalmente luego de la temporada de lluvias de invierno, cuando crece el zacate y las demás plantas.

El zacate y las malas yerbas las he ido arrancando constantemente como una forma de descansar del trabajo frente a la computadora. El otro trabajo, el de podar, lo he dejado para después, cuando hay un poquito de más tiempo, y cuando el tambo de la basura tiene suficiente espacio. Si, entiendo. Las ramas no las debería de tirar, sino, más bien, reciclar. Pero el jardín no es muy grande, y no hay un espacio para hacer un montón de ramas que se degraden. A lo mucho, lo que he hecho es meter en un agujero las cáscaras de naranjas y las rosas luego del Día de San Valentín.

Las rocas cumplen una función decorativa, tanto como las plantas. Las rocas son el elemento constante, el de permanencia. Aquí, usé rocas volcánicas para crecer plantas de bajo consumo de agua. Foto: José FUENTES-SALINAS.

La jardinería es algo más que podar pasto o cuidar macetas. Es un trabajo de observación y reacomodación de plantas, rocas y otros elementos.

Para quienes utilizamos la jardinería como una forma constante de descanso, el trabajo de observar arriba y abajo, lo general y lo particular, lo lejano y lo cercano, lo fijo y el movimiento…

Es un placer constante porque siempre hay algo que hacer, siempre hay una posibilidad de acomodar algo. Por supuesto, eso no ocurre en los jardines aburridos donde simplemente hay pasto y dos o tres arbustos. Los jardines, por muy pequeños que sean, siempre invitan a la interacción.

Antiguamente, también, eran un pretexto para la convivencia y el trueque, para la colección. Mi madre hacía crecer su galería de plantas con el trueque de plántulas, ramas, y esquejes para reproducir. Hoy, la gente parece no tener la misma confianza. Aún así, en este jardín, hay te de Guam que me regaló Doña Lupe Chon, un cactus y un orgullo de Madeira que me regaló Gordon Wilvang, dos guayabos de Zacapu y un chirimoyo que me regaló Luis Coria… y acaso lo más chistoso son los nopales. En una carne asada en el patio, a a esposa de Luis Arritola se le ocurrió plantar una de las pencas que íbamos a asar, y de ahí ha crecido una nopalera.

Si tuviera un vivero, en este contenedor habría suficientes ramas como para crecer una gran cantidad de plantas, incluyendo kaloncheas, nopales y agaves. Foto: José FUENTES-SALINAS

COLONOSCOPIA: Crónicas médicas de cómo preparase para una revisión de la cañería

Por José FUENTES-SALINAS/ tlacuilos.com

ES UN MOMENTO IMPORTANTE para apreciar los trabajos sucios, la plomería y la endoscopía. Un día antes, piense que es un desamparado o un líder sindical y que hará un ayuno en protesta de algo.

TOMARA GELATINAS, jugo de uvas verdes, o caldo enlatado si es usted masoquista. Nada rojo que confunda a los doctores. Aproveche la inmovilidad para justificarse un ocio que no se suele dar.

ESCRIBA, ABURRA a sus amigos con cualquier ocurrencia en el Facebook, pero evite ver fotos de comida, y si insisten en ponerlas hágales “Unfollow”. Poco a poco, conforme avanza el ayuno su mente se aclarará, pero todavía viene lo mejor.

Escritorio con la biografía de Sigmund Freud, de Peter Gay. Foto: José FUENTES-SALINAS/tlacuilos.com

LA TORTURA EMPIEZA por la tarde cuando los olores de la cocina le llegan con aroma de cilantro y ajo, de filetes de pescado y pan horneado. En ese momento habrá que imaginarse que ha cometido un grave crimen y que le harán beber 4 litros de agua salada, con dosis cada 15 minutos de 240 ml.

NO SE ALEGRE de que los primeros vasos le supieron a una margarita o a una Michelada mal hecha. Lo bueno viene después, cuando hagan efecto las dos pastillitas y el primer litro de agua, o cuando apenas va la mitad y ya quisiera declararse culpable de cualquier crimen inventado.

ENTONCES, RECONOCERA, en lo que entra y en lo que sale, que en nuestros infatigable días acumulamos demasiadas porquerías. Tendrá entonces, un poco de sentido de humildad y mirará lo valioso de tener un baño al lado de su cama. Hasta ahorita no se había dado cuenta, pero el cuarto de su casa lo había convertido en un cuarto de hospital.

SI YA VIO DEMASIADA TELEVISION y se enteró en el Facebook de que el mundo se está acabando, de que los gobiernos no funcionan, de que dios lo arregla todo, de que uno se murieron y otros acaban de nacer, de que hay fórmulas para llorar y para no llorar… Si de tantas pantallas sus ojos, no solo su ano, están irritados, ciérralos, recuéstese y empiece imaginar el capítulo de esa biografía que está leyendo.

REPASE MENTALMENTE cómo ese hombre que exploró las profundidades de los sueños, escribió sus explicaciones reconociendo los suyos y los de sus pacientes. Si casi cercana a la medianoche siente que ya está por vomitar cada vasito de agua salada que va a tomar y que la botella de cuatro litros parece no bajar, lea nuevamente las instrucciones y alégrese de ver que lo que sale se está haciendo tan transparente como lo que entra.

AL DIA SIGUIENTE, cuando el doctor Lee, así como lo hacía el doctor Freud, haya explorado las partes más turbias de su persona se sentirá tremendamente relajado al saber que no hay por ahora motivo de preocupación, y que la cañería está bien.

Consultorio Médico. Foto: José FUENTES-SALINAS/Tlacuilos.com

LOS ANGELES: Don Robert, un pintor sin más apuros

Cementerio de El Calvario, East Los Angeles.- El niño flaquito de corbata era el que expresaba más espontáneamente su dolor.

Cuando dieron vuelta al ataúd para sacarlo de la capilla, se limpió las lágrimas y ayudó a escoltar al abuelo.

Si supieran los abuelos de lo doloroso que son estas despedidas, seguro que no se mueren, o quizá se mueren con más tranquilidad.

Yo no era familiar de Robert Rodriguez. Fui su amigo en su etapa tardía, desde aquella vez que nos presentó su hija en un “Block Party” del 4 de Julio. Yo sabía que le gustaba pintar y que lo hacía muy bien. Su hija conservaba algunas de sus pinturas. También, sabía, que como yo, pintaba “por gusto” y se había enseñado a sí mismo. Era evidente, entonces, que teníamos mucho en común. Ambos pensábamos que el arte latino era muy digno de presumir, y no se reducía a las pinturas nacionalistas, sino que también era el cubismo, surrealismo… y las estelas mayas.

Era la persona mayor de aquellas reuniones, y la más joven. No había ido a la universidad, pero era la única con quien podría hablar de Picasso y de Tamayo. Por eso, desde que lo invité a mi casa, aún con bastón llegaba, o su hija me invitaba a conversar con él cuando la visitaba. Además de ser un autodidacta en el arte, Don Robert era bilingüe, y en un perfecto español, conversábamos de nuestro oficio sin galerías comerciales.

La última vez que lo vi, hacía unos meses que había enviudado. Pero su semblante no era la de un hombre apagado. Con una gran serenidad y a veces con una risilla, me contaba de lucha por sostener una familia, y por aprender al mismo tiempo a maravillarse con el arte.

Mi última conversación con mi amigo Robert Rodriguez. Foto: José Fuentes-Salinas.

Me habló de algunos amigos que quedaron en el camino, y de la forma en que dar pinceladas sobre una manta, dar forma a los colores, lo hacía más cuerdo.

Los hombres mayores que cultivan la creatividad son muy certeros en decir lo que vale la pena compartir.

La última vez que conversamos, Robert me habló de dos cosas: de esas machitas que le habían encontrado en los pulmones y de el gusto que le daría abrir el patio de su casa para enseñar a los jóvenes ese oficio que el aprendió por él mismo con tanta paciencia, sin pensar en recibir premios, ni venderlo en las galerías.

 

—José Fuentes-Salinas, Long Beach, California., 4 de Enero, 2019. Instagram: taller_jfs, tallerjfs@gmail.com

CRONICAS DE FUTBOL: Una para Pablo Bussato

Long Beach, California, 1995

EN EL EXTREMO derecho estoy yo, con ese pantalón de pechera de mezclilla que aún conservo. En el extremo izquierdo está Pablo Bussato. En el centro está mi hijo Marlon y el sobrino de Pablo, Santiago “Santi”. Un mexicano y un argentino nos dedicábamos a entrenar a un grupo de chamacos todos los jueves por la tarde en el Parque El Dorado.

En la Liga AYSO, donde “todos juegan” eso significaba que nosotros mismos nos mezclábamos con los chamacos del equipo “Blue Flames” para patear unos balones.

“Ustedes los latinos tienen el futbol en la sangre”, me decía una vez el padre de uno de ellos, quien nos había regalado el banderín.

“La verdad es que también los ingleses, y los europeos”, le dije.

El equipo infantil de futbol en Long Beach, California, “Blue Flames”. Cortesía.

Tanto Pablo como yo, sabíamos que el juego era eso: un juego. Pero en el proceso sabíamos que esa era una forma de acercar familias de diferente origen social para que aprendieran a interactuar en equipo.

Ahí estaba, por ejemplo, el hijo de un militar jamaiquino-americano casado con una mujer japonesa, el chamaco de una mexicana casada con un norteamericano que vivía con su abuelo, el hijo de una familia que tenían varias franquicias de Pollo Loco…

 

El Guachito y Santi representaban la tradición mexicano-argentina. Ellos eran como dos chapulines que buscaban con insistencia y picardía el balón. Otros, eran excelentes defensas… Pero, al final, sabíamos que no competíamos tanto por los trofeos, sino por el gusto de patear el balón.

Luego de trabajar en el Centro de Los Angeles, y agarrar el Metro hasta la estación Willow, llegar a las cinco de la tarde al Parque El Dorado era el premio a mis trabajos en la redacción de La Opinión. Pablo, me parece que era biólogo, y trabajaba en el Condado de Los Angeles. El ya murió de cáncer, según supe, pero con frecuencia me acuerdo de él cuando voy a El Dorado.

Las rutinas eran estas: ejercicios de calentamiento, patear balones y organizar la “cascarita”. Con Pablo comentábamos que uno de los problemas de algunos chamacos es que no veían futbol en la televisión, y acaso eso no les permitía tener un sentido de la dinámica del juego.

Con todo eso, los padres se organizaban para llevar las aguas y los “snacks” para los juegos del sábado, y eso les servía para socializar entre familias que de otra forma nunca se hubieran encontrado.

Arbol de el Parque El Dorado, muy cerca de donde alguna vez entrenamos a los Blue Flames. Foto: Josee FUENTES-SALINAS.

  • José FUENTES-SALINAS, 10282018.

 

CRONICAS DE PERROS: De la lealtad, las costumbres y la mierda

Zacapu, Michoacán, 1960’s

El sol iniciaba su lento ocultamiento detrás de los cerros, donde al pié de ellos estaba el burdel y las tabiqueras. El humo de los hornos se destacaba atravezados por los últimos rayos del sol.

Mientras, doña Paula se sentaba en su piedra a la entrada de su casa, y el Firpo se acurrucaba a sus pies para servirle de tapete. Esto que hacía el veterano Doberman, era lo mismo que hacían los primeros perros hace 14,000 años: calentarles los pies a los hombres y mujeres de las cavernas.

Los perros, antes de que los convirtieran en psicoterapeutas y payasos de los “homo urbanus”, tenían muchas funciones: compañías y comedores de sobras, ayudantes para cuidar el ganado y cosechas, y asistentes de la cacería.

Para cuando mi padre, un gallero, músico, maestro y sastre, decidió que los Doberman eran los mejores para cuidar los gallineros y la casa, yo no sabía nada de ellos. Los Doberman fue una raza que producida por un recolector de impuestos alemán en 1870 que mezcló perros pastores, agregando genes luego del Manchester Terrier y Greyhounds.

http://tlacuilos.com/las-calumnias/

El primer Doberman se lo regaló un amigo gallero de la Ciudad de México, don Jorge Salcedo. Pero no podría decir cómo es que el Firpo fue el sobreviviente de varios que llegaron a la casa: Atila, Topolín, Laica… Quizá la razón fue que Firpo tuvo una madrina que casi era enfermera.

Mi hermana Eva, que tomaba cursos por correspondencia de Hemphill School y en la escuela de las monjas de San Vicente de Paul, le salvó la pata a Firpo aquella vez que se le dejó ir a un camión de 18 ruedas, molesto acaso por el tremendo ruido que hacía al bajar de las colinas.

Desde entonces, Firpo se hizo un tipo muy cauteloso, pero no por eso dejó de cumplir sus tareas de jugar con nosotros en la huerta de duraznos, ni de vigilar los gallineros, ni de calentarle los pies a mi madre mientras tejía.

Podría decirse incluso que aprendió a controlar sus impulsos heredados de los genes de sus ancestros, y dejó de agredir a los rebaños de chivas y vacas que pasaban por la casa. Aunque, los pastores lo veían siempre con cierto temor.

De Laica, Atila y Topolín no recuerdo muchas virtudes, excepto que cuando mi hermano Salvador estaba dando el servicio militar, llevó a dos de ellos a un desfile.

No sé si mi hermano sabía que los Doberman Pinscher eran la mascota oficial del United States Marine Corps en la Segunda Guerra Mundial, pero mi hermano se veía muy impresionante luciendo a Laica y Atila con su uniforme militar.

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https://warfarehistorynetwork.com/daily/wwii/the-dogs-of-war/

Los perros son de las pocas especies que han sido testigos de los vicios y cualidades del ser humano en tres Eras del planeta. Y, a veces, cuando critico la estupidez con que algunas veces se convive con estas mascotas me lo toman a mal.

Es cierto lo que dice el Papa Francisco: el perro no sustituye la compañía de un ser humano, y yo, como psicólogo graduado les digo: no, el perro no es un psicoterapeuta, y si alguien por ahí dice que es “el mejor amigo del hombre”, lo dice porque un perro no puede contradecirle y ponerlo en su lugar cuando se están diciendo disparates.

Un perro es dependiente de usted, y no tiene otra alternativa más que ser “agradecido”. Pero no es como para que el animal diga: “mira, aunque no me des de comer, yo ahorita voy a trabajar, y al rato vengo para hacerte compañía y jugar”.

La confusión sobre la naturaleza y cuidado de los animales ha llevado a muchas inmoralidades y faltas de sentido común.

Y mientras los perros en California tienen parques, hoteles, playas, cementerios, peluquerías, hospitales y boutiques (son tan buen negocio), hay individuos que mueren de hambre y que duermen en la calle o en sus autos.

De hecho, hay gente que tiene más empatía con los perros que con muchos niños y trabajadores inmigrantes.

http://tlacuilos.com/historias-en-el-bus/

Pero como el narcisismo proyectado a los animales no es muy consistente (así como muchas relaciones entre los propios humanos), los pobres animales suelen ser enviados al corredor de la muerte, a los “shelters”, donde si no son “adoptados” los “ponen a dormir”.

¿Se fija cómo en estos dos términos hay un intento de disfrazar nuestros vicios?.

Ya no se habla de adquirir, sino de adoptar, como si se tratara de un niño, y no se habla de matar, sino de “poner a dormir” o practicarles la “eutanasia”.

Give me a break!… “La eutanasia es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente desahuciado con la intención de evitar sufrimientos”, pero en el inglés se dice: “Each year, approximately 1.5 million shelter animals are euthanized (670,000 dogs and 860,000 cats)” .

https://www.aspca.org/animal-homelessness/shelter-intake-and-surrender/pet-statistics

Si viviera en el campo, y tuviera un espacio que se asemejara a la casa de mi infancia, donde un perro como el Firpo corriera a su antojo entre la huerta y el jardín de mi madre… Seguramente que me gustaría tener una mascota, y sentarme a leer por las tardes en el patio a un lado de él.

Pero me preocupa el rol que les están haciendo cumplir a las mascotas en las ciudades: los usan como pretexto para salir a caminar a las calles, y no pocas veces, los perros ponen en apuros las economías de las familias.

Una visita a una clínica les quita el dinero que tenían guardado para la renta o las vacaciones. También hay quienes ya no desarrollan esa habilidad de conversar con las personas en la calle, porque van con la mascota, y la mascota no les rezonga, ni les dice: ya cállate, estas diciendo puras pendejadas, te escuchas cursi.

¿Serán “felices” las mascotas cuando las sacan a cagar?

Se cagan donde les da la gana y hacen que sus dueños levanten la mierda en unas bolsitas de plástico… pero van encadenadas o amarradas.

El problema es cuando traen diarrea, como aquella familia que vi en el malecón de Santa Mónica (Pier). Al perro bóxer se le antojó defecar en medio de los visitantes que llagaban a la feria un sábado, y si no es porque todas las miradas estaban puestas en el dueño, seguro que ahí hubiera dejado el excremento pastoso.

Los perritos son muy limpios. Les encanta un césped bien podado para zurrar.

El  único problema es que el ácido clorhídrico que acompaña el excremento quema el pasto, y ya se están haciendo populares letreros que indican: “favor de no cagarse aquí”.

Letrero de un vecino que advierte a los paseadores de perros que ese no es un sitio para cagarse. Foto: José FUENTES-SALINAS.

 

LITERATURA Y MATEMATICAS: Crónica de números en un día soleado

Es la 1:00 de la tarde en la plaza del Town Center. Hay 100 mesas con sillas vacías, y frente a mi 20 salas de cine, adonde acuden solo dos o tres parejas de personas que deben haber repasado los 70 años. Aún lado, en la otra única mesa ocupada, dos mujeres llevan una hora hablando de los precios de las casas. Una de ellas dice que sus padres compraron una segunda casa en la costa este, por si ella decidiera dejar California, la quinta economía del mundo. A donde quieran que volteo no hay nada que me apresure. La fuente que está a la mitad, entre las 10 taquillas de los cines y este patio, cada 30 segundos alcanza una gran altura que llega al número 26 de los cinemas, en medio de un azul intenso de la 1:00 de la tarde, con una temperaturas de 78°. Estoy de vacaciones por una semana y he decidido hacer nada de 7:00 a 4:00 de la tarde que es cuando tendría que cumplir mi horario de trabajo de ocho horas.  Podría tener el tiempo de contar las hojas del árbol que está sobre mi cabeza, pero no estoy loco ni obsesionado por los números. Solo estoy vacilando.

 

—José FUENTES-SALINAS, Long Beach, California. 10102018

ECOLOGIA: Los ecosistemas en los jardines

FUE UN LIBRO pequeño de bolsillo, de esos que hacen para sintetizar la ciencia.

Ahí fue donde entendí que todos dependemos de todos, y muchas veces, la mayoría, nadie sabe para quién trabaja en un ecosistema.

40 años más tarde, esa idea me ampara para entender el jardín.

Hoy que llegué de trabajar, en el un rincón vi un montón de plumas esparcidas, y entendí que había llegado algún halcón a desayunar.

Las plumas estaban un paso del Naranjo bajo el cual el domingo encontré muerto un lagartijo sin cola. Esto sí me molestó porque se trata de una muerte sinsentido perpetrada por un gato alevoso y descuidado que andaba husmeando por ahí.

No hablo por los gatos que viven atrapados por las caricias de sus dueños, sino de los gatos que vagan por allí viendo a ver cómo chingan un ecosistema. Ya son varias veces que veo a sus víctimas descoladas e  incapacitadas para seguir limpiando el jardín de insectos dañinos de un lengüetazo.

Me siento responsable del ecosistema que es el jardín. Se que cultivando el árbol de nísperos estoy alimentando a las ardillas que a su vez terminan en el estómago de un ave de rapiña o de un coyote.

Y si dejé de cultivar la vid de la uva Concord, no fue porque me molestara que llegaran familias de mapaches y tlacuaches a cenar por la noche, sino porque eran muy escandalosos y cochinos. Había noches que no dejaban dormir y por más chorros de agua que les echara regresaba al banquete sobre el gazebo del patio.

En ese ecosistema que es el jardín ocurre la muerte y la vida todos los días, y esa es la gran lección, el mantenimiento de La Vida, con mayúsculas.

El primer sábado de primavera había sido espectacular.

Ese sábado había sido espectacular. La bugambillea jaspeada destacaba bajo el azul intenso. Foto: José FUENTES-SALINAS.

Después de una lluvia el viento había limpiado la atmósfera y el cielo era intensamente azul. Los colores brillantes de la bugambilia jaspeada destacaban con el azul intenso. Pero en una esquina del suelo ví a una mariposa muerta acaso en la tormenta del día anterior.

Lo natural no era ver las alas de la mariposa arrastrándose por el viento, sino verlas aletear en las flores de las bugambilia. ¿Me estaría mandando alguien algún mensaje?, me pregunte. Pensando en esto, iba entrando a la cocina cuando voltee a ver el jardín, y otra mariposa tigre estaba volando sobre la bugambilia, como si la otra hubiera resucitado.

Me da una gran alegría saberme responsable de tanta vida, aunque yo no soy de los que les pone miel a los colibries (no me gusta chantajearlos).

Me gusta saber que ese cedro tan tupido de ramas es el lugar del coro de los pájaros cantores de Long Beach, y que la “honeysuckle” o llamarada en su momento será un banquete para los colibries.

Hay mucha vida en este jardín aunque también habido trágicos accidentes como aquella vez en que salimos con mi esposa a comer pizza a Rizzini’s y dejamos una jaula de periquitos australianos colgando.

Esa vez, al regresar, encontramos a uno degollado y a otro haciéndose el muertito, mientras allá en lo alto sobre el cable una halcón se estaba limpiando los bigotes.

—José FUENTES-SALINAS, Long Beach, CA, 26, MAR., 2018. tallerjfs@gmail.com

Vinos de Stolpman Winery: María de los Tecolotes

DEBIA saberlo desde el principio. El nombre “Para María de los Tecolotes” significaba algo. Pero, así como así, fui a que me sirvieran una probadita, luego de tomar un Grenache. A’su madre!… Este era perfume para el paladar. Un perfume delicado y sabroso. Ma-ría de los Teco-lo-tes”. “You know what it means?”, le pregunté al empleado. It means: “For Maria of the Owls”.

Al chavo le valió madre mi explicación  (ya la sabía) y siguió atendiendo a la linea de probadores de vinos del viejo Tom Stolpman, un abogado que es bien reata con sus trabajadores mexicanos, al grado que les dejó un terreno para que ellos plantaran uvas e hicieran sus propios caldos.

Con John nos pusimos a platicar con Tom. Nos dijo que estaban plantando uva con una nueva técnica con la que no necesita tanta agua. “Este año los viñedos solo usaron la lluvia de la temporada”, dijo, luego de explicarnos que la vid hace raíces más profundas, y la piel de las uvas es más gruesa, pero a la vez los jugos son más dulces. La Chulita y Debbie fueron a agarrar unos bocadillos de quesos y fiambres.

En el changarro de la venta de vinos Stolpman en la Calle Broadway de Long Beach, a un lado de un Taco Bell y un estudio de Yoga, se organizan por turnos a los miembros del club para recoger sus botellas, pero al mismo tiempo ofrece unas probadas de vinos en el patio.

Hoy, el domingo estaba muy nublado, como para echar la hueva en la casa, pero los vinitos eran una tentación incapaz de resistir. Por eso fuimos.

La Chulita había decidido hacerse socia del club desde que supo lo bien que Stolpman trata a sus trabajadores, y la forma que incluso uno de sus vinos -La Cuadrilla- lo hacen ellos. Pero “María de los Tecolotes” era otro vino que ameritaba una explicación. Por eso averigué que se trata de la esposa de Rubén, la mayordoma que anda en cuatrimoto supervisando los  viñedos.

María Solórzano es del pueblo de Santa Cruz, a dos horas de Guadalajara, Jalisco, no muy lejos del rancho donde nació su esposo Rubén. Ahí se les llama a sus habitantes los tecolotes. La familia Stolpman pensó que así como el vino “Angeli” honraba a la inmigrante italiana suegra de Tom, ahora le tocaba a la paisana María hacer historia.

María Solórzano/ Cortesía Stolpman Winery www.stolpmanwinery.com

La llegada de “María de los Tecolotes” ocurrió en el 2014. En el tercer año de sequía, sorpresivamente, sin irrigación especial, las plantas que estaban colgadas en los viñedos empezaron a madurar. Produjeron unas uvas dulces y concentradas que le dieron sentido al sudor de los paisanos inmigrantes.

Ese jugo especial de la uva Syrah produjo el vino digno de una mujer como “María del los Tecolotes”.

José FUENTES-SALINAS/Tlacuilos.com

La Basurometría como nueva disciplina de las Ciencias Sociales

LA BASUROMETRIA es la disciplina de las Ciencias Sociales emergentes que se encarga del estudio de la relación entre lo que desperdicia una sociedad y la economía. Esta idea no me fue sugerida por Paul Krugman, Premio Nobel de Economía, sino por un trabajador de la basura del Condado de Los Angeles. En plena recesión económica, me dijo: “a la puchica!… habías de ver vos el tipo de basura que ahorita están tirando, esa si que hiede”. Mi amigo me dice que en tiempos buenos, la gente se deshace de una pantalla de televisión relativamente nueva, o unas lámparas estilo Tiffanny, o mesas de centro estilo Provenzal con solo unas cuantos raspones… Hoy comprobé que la economía está en buen estado, ahora que se anunció que se ganaron más de 234,000 empleos en Febrero. Pues resulta que llevé a la Goodwill de la Avenida Wardlow unos cuantos tiliches que ya estorbaban en el garaje: una silla mecedora de ratán, un reloj de pared que no calificaba para antigüedad, pero tampoco funcionaba del todo bien, una silla… Esperaba que el encargado de la bodega que está detrás de la tienda me dijera: “oiga señor, muchas gracias, déjeme darle su recibo”. Pero, en su lugar, me dijo displicentemente: “ahí déjelos”. Y lo que ocurre es que hoy Domingo tenía mejores tiliches que le acababan de traer. A la entrada de la bodega, estaban varias mesas de centro estilo provenzal, un comedor de madera muy elegante, una vitrina… Ya me daban ganas de solamente hacer un intercambio. “No cabe duda que la economía está mejorando”, pensé. Cuando regresé al garaje, vi a mi alrededor las cosas que estaban esperando ser vendidas en una venta de garaje, o en Craig List, como objetos que no tenía sentido conservar. Me quedé pensando más bien en la idea de poco a poco regalárselas a mis compas del Mercado de Pulgas, el Swap Meet de la Villa Alpina de Carson. Si, quizá al Bigotes o al Cowboy de Zacatecas le sirvan más. Hace poco, le llevé a una pareja de Cocula, Jalisco una bolsa de ropa, con unas playeras deportivas, y la señora (cómo es noble mi gente) no me dejó ir sin que le aceptara un billete de cinco dólares.

Ando algo cansado de la espalda, y más vale que me ponga a escribir dos o tres pendejadas. Pero me siento satisfecho de haberme enfrentado en un segundo round a ese monstruo del garaje, donde todo el lío empezó porque “hay gato encerrado” y el Departamento de Control de Animales de Long Beach nos dijo que le pusiéramos una jaula al susodicho, porque esta es la temporada en que los gatos andan “como burros en Primavera”, y no nos vayan a querer hacer un regalito que no deseamos.

Bodega receptora de artículos para donar en las tiendas Goodwill, de Long Beach, California. Foto: JFS

-Long Beach, California, 12 de Marzo, 2017. José Fuentes-Salinas, tallerjfs@gmail.com