Cambria

No hay “M”, o “KFC”, gigantescas, o dominós o campanas. En Cambria no se aceptan los comederos públicos de las cadenas de comida rápida.
Y aunque eso no siempre significa, Mejor calidad, lo cierto es que en ese pueblo costero, que está a mitad de camino entre San Francisco y Los Ángeles, también se está a la mitad entre las aberraciones de la cultura y la belleza extrema de la naturaleza.
En San Simeón, seis millas al norte, Está lo que fue la mansión-castillo de William Randolph Hearst que aún conservas rocas esculpidas por los egipcios hace 3,000 años, mientras que a 15 millas al sur está una enorme roca esculpida por el mar que es el principal atractivo del Morro Bay.
La plata de minas cercanas, la tala de Pinos, la cacería de ballenas y hasta la construcción de La Casa Encantada, con osos polares y cebras, con fragmentos de conventos y castillos europeos, de el millonario, sacudieron la economía de Cambria.
Hoy, basta con que tenga buena vista al mar, y que esté cerca de Paso Robles, donde hay buenos vinos para apreciar más reposadamente el espectáculo que nadie desearía comprar.

Fotos y texto: José Fuentes-Salinas, Jun., 10, 2017

Un guía de turistas explica el arte de los Siglos XVI que adorna lo que fue La Casa Encantada de William Randolph Hearst, en San Simeón, California.

Las rocas, la galería del mar en Moonstone Beach.

Sin negocios de franquicias, ni letreros espectaculares, Cambria es un pueblo que destaca solamente el atractivo natural del mar.

EL INVESTIGADOR

José Fuentes-Salinas
tallerjfs@gmail.com

En 1971, cuando Richard M. Nixon declaró la guerra al cáncer, Brian Henderson era virólogo, uno de esos especialistas que se encargan de ver como los bichos cambian de disfraz para atacar el organismo.
De ser virólogo, se convirtió en cancerólogo.
Fue una de las autoridades más importantes en la epidemiología del cáncer en el mundo.
Dijo muchas verdades incómodas: que lo que comemos y respiramos produce ciertos tipos de cáncer.
Salvó muchas vidas: de quienes se tomaron en serio estos descubrimientos.
Pero trabajando por muchos años en la Universidad del Sur de California, no se pudo sustraer a respirar el mismo aire que el resto de los angelinos.
Murió de cáncer del pulmón, a los 77 años.

LA VISIBILIDAD

Los oaxaqueños son indígenas y mestizos. A veces son sujetos de una doble y triple discriminación: por ser indígenas, por ser inmigrantes y, muchos, por ser indocumentados.
Pero esto no les preocupa a muchos de los que viven en California, quienes son de los mejor organizados para hacer festivales como el de la Guelaguetza y para enloquecer el paladar de los consumidores con sus delicias culinarias.
El día en que la Ciudad de Los Angeles declaró el “Mes de la Herencia Oaxaqueña”, platicaba en el cabildo con la antropóloga alemana Ingrid Kummes, quien trataba de dar una explicación a estas expresiones culturales.
“Lo más importarte es que les da visibilidad. Muchos inmigrantes están acostumbrados a esconderse”, o a ser demasiado discretos.

JFS, 08.22.2015. -tallerjfs@gmail.com

Guia NO oficial de la hispanidad en el Sur de California

Del 15 de Septiembre al 15 de Octubre se celebra el “Mes de la Herencia Hispana” en los Estados Unidos.
Tantos nombres de calles y de ciudades hispanas serían suficientes para que los hispanos y No
hispanos celebraran el mes.
Lo que ocurre es algo diferente.
En la ciudad con el nombre hispano más largo del mundo, el mes de la herencia hispana se vive como un gracioso reconocimiento al “mercado hispano”.
En la ciudad “Nuestra Señora Reina de Los Angeles del Río de la Porcíuncula”, abreviada como “L.A.”,
en el intermedio de un partido de futbol, una marca de salsas hace un juego de gatos en el campo arrojando enormes sombreros como si fueran las piezas del tic-tac.
Los supermercados publican ofertas con “flyers” donde aparecen maracas, flores y sombreros.
El criterio del mercado vende la idea de que la hispanidad es colores rimbombantes, tequila, tacos y mariachis.
El discurso dominante, desde el inicio de Hollywood hasta nuestros días, reduce a una de sus partes la cultura de los “otros”. Esta suele ser la parte más vendible, más manejable.
Rascándole a la costra de los estereotipos, otra imagen aflora.
TAXONOMIA DE LOS ESTEREOTIPOS
LOS SOMBREROS.- El modelo de sombrero de enorme ala fue popular entre los campesinos mexicanos de hace un siglo. También lo usó el General Emiliano Zapata. Las largas jornadas “de sol a sol” de los campesinos en el porfiriato los justificaba. Pero otro caudillo mexicano, Pancho Villa, el Centauro del Norte, usaba un sombrero de cazador como los que los norteamericanos usaban en los safaris en Africa. Pero el sombrero más popular entre los mexicanos de ahora se debe a las películas norteamericanas de cowboys. Casi todos los artistas de música regional mexicana usan sombreros de vaqueros Stetson.
EL TEQUILA.- Emborracharse con tequila es casi tan estereotípico como ponerse a dormir la siesta bajo un cactus a la sombra de un sombrero. En el Siglo XXI, las canciones de la música regional mexicana le apuestan más al whisky escocés y a la cerveza, que fue implantada en México por los cerveceros austriacos.
EL REBOSO.- Las palabras “camisa” y “pantalón” son tan árabes como el reboso. Cuatro siglos de dominación árabe en España, explican por qué los más mexicanos o hispanos de los mexicanos son también un poco árabes.
“SEX, SOCCER AND SOAP OPERAS”.- Cuando se analiza el tráfico en la Internet, las categorías que más aparecen son sexo, telenovelas y futbol. El sexo en su expresión comercial, la pornografía, es un producto muy norteamericano y francés. De las famosas tarjetas postales francesas del Siglo XIX y XX, los norteamericanos las llevaron al video porno. El Valle de San Fernando, en Los Angeles, es la capital mundial de la pornografía. El soccer, como se sabe, fue un producto inglés que se enriqueció en Sudamérica. Las telenovelas es una adaptación mexicana y colombiana principalmente de las teleseries norteamericanas. Lo curioso es que el basquetbol, algo que refleja más que muchos otros deportes el atletismo norteamericano, según el “Libro de los Orígenes” de Panatti, tuvo su origen en el Ollamalitzli prehispánico. En una excavación en Chiapas, México, donde se iba a contruír una cancha de basquetbol en una escuela secundaria se encontró las ruinas de una cancha de juego de pelota prehispánico.

(CONTINUARA)

-JOSE FUENTES-SALINAS, tallerjfs@gmail.com

El Jardinero

En el Cementerio de la “Holy Cross” de Culver City, la sequía de California no parece existir. Las colinas verdes en la Avenida Slauson parecen absover el ardiente sol del mediodía.
Juan Hernández, el jardinero de Autlán, Jalisco, se toma un descanso y atiende a un raro visitante que llega vestido de negro.
-Drácula está ahí enterrado, en la cuarta hilera, más arriba está Rita Hayworth… Y, ahí, mire, está Sharon Tate.
Juan no sabe mucho de cine, ni reconoce el nombre de John Ford, pero le da gusto trabajar ahí por más de 26 años, en un lugar donde las celebridades están al mismo nivel que los Hernández, Martínez, Duartes, González…
Cuenta que a veces el silencio del cementerio se interrumpe por la llegada de bandas mexicanas o conjuntos norteños.
Y aunque se ha llegado a quedar en la noche, hasta ahorita no ha visto que los artistas de Hollywood salgan a protestar por la invasión de los inmigrantes mexicanos.

-José Fuentes-Salinas, 4, Octubre, 2014

Historias en el Bus

TLACUILOS SOBRE RUEDAS

Ver lo diferente en lo cotidiano es el propósito del fotógrafo que sale a las calles con propósitos artísticos.

También es el propósito de los escritores que tratan de salvar del olvido unas cuantas estampas de lo que escuchan y ven.

Para disfrutar más de una vez lo mejor de lo que ocurre todos los días, los fotógrafos toman imágenes, los escritores apuntes.

Que eso se convierta en un álbum, un “blog” o en un libro es algo que frecuentemente carece de importancia… A menos que haya tantas personas que quieran compartir esa experiencia.

LA LECTORA

Mientras espera su bus, la señora aprieta y abre muy grandes sus ojos.

-Ya casi no puedo ver -dice-. Tengo diabetes y cataratas, pero la doctora no me quiere operar hasta que me cure un poco. Algunas veces solo veo movimientos de luces y sombras, como fantasmas.

La señora ríe cuando platica su tragedia.

Sin embargo, noto que lleva una Biblia en español Edición Reina Valera en su bolsa.

-Veo mal, pero trato de leer la Biblia, aunque sea un poquito. Mira, me la compré en Walmart, y si no entiendo algunas cosas, me las imagino.

LA GORDURA

Entra con problemas al autobús.

-Excuse me, excuse me… -dice al pasajero que ocupa uno de los dos asientos donde sienta media nalga. Su enorme volumen hace que el otro pasajero lea con dificultad el texto del teléfono celular. Prefiere apagarlo.

-Excuse Me… I’m sorry -vuelve a decir el gordo, que por comodidad, no porque le guste hacer ejercicio, lleva unos pants y una sudadera.

Los autobuses de Torrance, más viejos que los de Long Beach, no se hicieron para los volúmenes de los pasajeros del Siglo XX. Dos terceras partes tienen “exceso de equipaje”, y una tercera parte de ellos tiene un volumen que los hace viajar con incomodidad. En tres asientos longitudinales de la entrada van una madre y una de sus hijas sentadas, la otra va parada. El volumen de las tres crean una barrera visual en una cuarta parte del autobús.

Hay otros asientos en los que, una vez que se ha sentado un gordito en asiento y medio, ya nadie se atreve a usar ese fragmento, y no porque no les guste rosarse con sus volúmenes, sino por que no les gusta viajar con una nalga en el espacio.

El problema no es solo en los autobuses. La gordura es una discapacidad que suele unirse con otra discapacidad. Por eso hay sillas de ruedas reforzadas y con amortiguadores especiales. Son las equivalentes a las camionetas Hummer.

Los espacios para las sillas de discapacitados en los autobuses fueron hechas para sillas normales. Cuando entran las “Supersillas” crean todo un problema para su acomodo, algo que requiere de la paciencia de los pasajeros y la pericia del chofer para sujetarlas detrás del espacio donde van las ruedas delanteras del autobús.

¿En qué momento la gordura se masificó?

En mi infancia en Michoacán, recuerdo haber conocido algunos gordos: el Gordo Vega, el Gordo Pineda, las panaderas Filigonias, “Nacha” la que inyectaba a todo el pueblo…

Dicen que la gordura que conocemos se masificó con los autos y hamburguesas.

En la película “Supersize Me” hay un  tipo que se dedica a comer solo papas y hamburguesas, y soda. Va midiendo su volumen día a día, como en un experimento social. También muestra cómo los pollos son engordados, teniéndolos encerrados en jaulas, sin que se puedan mover.

Quizá el problema de la gordura se inició cuando las compañías nos vieron caras de pollos y se dedicaron a engordarnos enjaulados en autos y oficinas, para luego irnos comiendo poco a poco en hospitales. (-3.23.2010).

LAS TRES AMIGAS

Mientras viajo de Torrance a Long Beach, se escucha esta plática en el autobús:

-Pues si, María, ese perrito que me dieron parece un niño. Ya sabe cuando voy a llegar y se pone contento, también sabe cuando me voy a ir y se pone a llorar… ¿Y tu crees que sabe lo que pasa?… Lo trato bien, no creas, ya le puse su colchoncito para que se duerma y a veces anda jalándolo de un lado a otro.

-Ese perrito no entiende ni siente lo que le dices o lo que te pasa. Es un travieso. Eso es todo.

-Pero, María, si vieras cómo me hace compañía, porque yo, pobre de mí, hay veces que me siento sola.

-Si. Y mientras más crezca, más te va a acompañar, hasta que se muera o estire la pata… Ja jaaaa… Pero debes tener un dinero guardadito porque los veterinarios salen caros… Así como me dices, a ese perrito lo separaron muy temprano de su madre… ¿cuántos días tenía?… ¡Uyyy no!… A los perros hay que separalos hasta las seis semanas de nacidos.

-Pues, fíjate que a estos, el señor los separó luego luego y los regaló a todos. Eran doce, imagínate nomás, pero lo bueno es que yo le doy su leche y se queda dormidito, así como bolita.

-¡Ay qué bárbaro señor!… Nomás quería hacer dinero o no quería alimentar más bocas… Imagínate los perros como del tamaño de ratones.

-María, ¿y cómo es que tu no quisite uno?… Si vieras cómo acompañan.

-Yo, con la experiencia que tuvo Chui fue suficiente. Mira, ella que ya tenía un Chihuahua grande, lo regaló.

(Interviene Chui)

-Pues sí, ¿para qué íbamos a sufrir los dos?. Ya con que yo me sintiera encerrada era suficiente. ¿Para qué hacerlo sufrir también a él. Mejor lo regalé, que al fín ni patio tengo, y ahí nomás se la íba a pasar encerrado. (4.02.2010).

PARADA DEL BUS

Pacific Coast Avenue y Pacific Coast Higway.- “¡Aquí apeeesta!”, dice el loco que se tomó la bebida energética y tira la lata de aluminio al tráfico.

¿A quién desafía con su bastón?

-¡Aquí apesta! -dice viendo al tráfico.

En la banca de la parada del autobús, otra mujer de mala facha con un tatuaje del signo del dinero “$” en el cuello se desespera porque no llega el autobús de la Ruta 173.

-¡Aquí apesta! -insiste el loco, babeando y fumando un cigarro.

El tráfico de las seis de la tarde se hace más abundante y desordenado.

Una mujer de una falda diminuta entallada y un poco gorda, al igual que la mayoría de los que llegan a cargar gasolina, se levanta de la banca, al ver que dos patrullas se han detenido a escudriñarla. La mujer se aleja de la parada, da una vuelta a la cuadra y regresa a sentarse. Luego, pregunta si los camiones dan vuelta en el Long Beach Boulevard.

-No. Se van recto. El 172 y 173 dan vuelta en Ximeno. Pero puedes caminar dos cuadras y agarrar el metro o los buses que se van por el Long Beach Boulevard. -le digo.

Ríe, como si fuera una mala palabra “caminar”. Se queda callada.

-¡Aquí apesta! -insiste el loco, con las venas del cuello tensas como si hiciera un gran esfuerzo, como si sintiera coraje hacia algo imaginario.

-Yo no aguanto a este -dice la mujer del tatuaje y se va caminando hacia el Long Beach Boulevard.

La rabieta del loco, en cambio, le parece graciosa a un joven que llega vestido con aretes, ropa gótica negra y un cinto con una hebilla de otra de las miles de versiones del Che Guevara.

Luego llegan dos gais, uno de ello tatuado con serpientes en los brazos. Charlan como dos enamorados bajo la escasa sombra del tablero de las rutas de los buses.

A la gasolinera Chevron no dejan de llegar viejos autos lamentables de donde bajan personas que cargan gasolina y miden con preocupación cuántos galones pueden pagar.

Hace 30 años, la pobreza excluía la posesión de un auto y el uso de tecnología nueva.

Hoy no. La gente que vive al límite de sus ingresos puede traer teléfonos celulares y viejos autos que consumen demasiada gasolina y castigan más sus bolsillos.

Uno de esos autos es una patrulla usada, pintada de un amarillo chillante a la que aún se le transluce el número y diseño de la policía.

-¡Aquí apesta! -insiste el loco, ahora con su bastón haciendo una especie de cruz contra el tráfico.

Pasan por la calle adolescentes con sus bebés cargados, trabajadores cansados, dos o tres de ellos en bicicletas desafiando el tráfico.

No sé a qué horas debe pasar el próximo bus. No hay forma de preguntarle a alguien por teléfono, a pesar de que ahora todos traen un teléfono “inteligente”. Siempre contesta una máquina. No hay absolútamente ningún punto visual para descansar la vista. Adondequiera que uno voltee solo hay rostros cansados, cuerpos deformes y excedidos, negocios decadentes, signos incompletos, excepto las gasolineras…

No hay una estética urbana. A nadie le interesa plantar árboles. Si por cada anuncio o cada diez autos que pasan hubiera uno…

-¡Esto apesta!… This stings! -dice el loco que no se sube a ningún autobús, ni se va de la banca de la parada del bus. (05.21.2010)

 

La comerciante

Martha Vasquez quería poner una tienda de artesanías en el corazón de Los Angeles, pero se equivocó y puso un museo.

Su padre, Fortino Medina Santacruz, oriundo de León, Guanajuato, fue uno de los primeros distribuidores mexicanos de artesanía de cuero en la Placita Olvera.

Su negocio se llamaba “Bajamar Imports” y estaba en la Colonia Libertad, de Tijuana.

Martha creció en Baja California viendo cómo manos simples de artesanos creaban belleza que luego todos apreciaban.

Pero se tuvo que alejar de ella cuando se casó y se fue a vivir a Tracy, California, donde se enfermó de nostalgia por lo mexicano.

No aguantó. Se divorció de ese estilo de vida rural, y de su marido. Luego se asentó en Los Angeles con su negocio “Olverita’s”. En 1986, la última tienda de la calle Olvera, adonde llegaban los turistas que visitan el centro histórico, era un lugar al que no se le ponía mucha atención.

“Era propiedad de la Familia Tapia y solo vendían macetas, yeso y piñatas. A nadie le interesaba subir las escaleras”, recuerda.

Ella le puso vestidos llenos de arcoíris, sillas con soles de respaldo, cajitas de Olinalá, cruces del tamaño de cualquier Fe, calaveras catrinas, soles aztecas, flores, muchas flores…

Como queriendo atrapar todo el arte de México, le dió un lugar a los molcajetes de piedra y a los sombreros charros. Pero no queriendo seguir con un arte solo de turistas de paso, invitó a artistas mexicanos para que ahí mismo mostraran el trabajo que cuesta hacer arte.

Trajo al yerno de Pedro Linares a hacer alebrijes, diablos y calacas; llegó un artesano de Oaxaca a crear cajas llenas de lagartos mitológicos.

El aumento de piezas y visitantes la ciudad lo premió aumentándole la renta.

“Yo soy a que pago más renta en la Calle Olvera”, decía.

Clientes no le faltaron. El boxeador Fernando Vargas se compró ahí un traje de Azteca para ir a pelear a Las Vegas; Plácido Domingo, un sombrero para salir de charro en una portada de un disco.

Era la única tienda donde se vestían artistas, boxeadores, actores y meseras de restaurantes típicos.

También, con la Internet se hizo de clientes en Brasil y Japón, algo que nunca imaginó el viejo Fortino Medina Santacruz, quien, con toda su horfandad vivida desde los 4 años, le dijo a su hija Martita que la vida era una obra de arte, una corrida de toros o no era nada:

“De la plaza sales en hombros o te quedas ahí tirada sobre la arena”.

Por eso, quizá, Marta se equivocó y, en lugar de una tienda, puso un museo… que todos se quieren llevar.

-Jun.30.2000.

www.olveritas.com

Los Pintores (II)

Alfonso Román quiso ser astrónomo, pero le faltó soñar con las estrellas y se quedó en cartógrafo; luego quiso ser pintor, pero le faltó jugar con la imaginación y se quedó en retratista; también hubiera querido ser sacerdote, pero le faltó decisión para profundizar en los misterios de Dios y se quedó en un solitario hombre célibe que a sus 72 años solo le preocupa el mapa del cielo y el infierno.

Con sus pinturas áridas, solo, en un departamento de jubilados del Centro de Los Angeles, Alfonso, el peruano, no quiere hablar de los cuadros de boxeadores y artistas mexicanos que adornan el Restaurant “Mi Tierra”. No quiere hablar del Pipino Cuevas y María Félix, sino de la “Historia del Cristianismo” hecha con datos sacados de las enciclopedias o del “Gráfico Escatológico del Poema Eternidad: Apocalipsis Bíblico”.

Acaso su mayor aventura fue haber ido en un tour a Tierra Santa, de la cual redactó un texto en su vieja máquina de escribir.

Su mapa donde explica las formas de la maldad y la ruta más corta para llegar al cielo está lleno de palabras como: “angustia, sufrimiento, virtudes, mártires, salvos, vírgenes…”

Pero detrás de su aparente misticismo, hay un hombre que confiesa: “Mi principal afición es la religión”.

“Soy un hombre pobre y flaco; sin títulos académicos, sin familia, ni propiedades”… Y acaso sin pasiones.

 

-4 de octubre, 1999.LaOp.

Los Pintores (I)

René Juarez Tujuy tenía 14 años cuando ya trabajaba ayudando al “Milusos” de su padre.

Arreglaban una clínica de Quetzaltenango, cuando al vaciar una cubeta de agua sobre un “volcán de arena” se produjo un relámpago que le quemó y arrebató los brazos.

-Había un cable de alta tensión escondido -dice en un salón del lujoso Hotel Bonaventure del centro de Los Angeles.

Participando en el Festival “Arte y Alma” (USA) platica que en aquel momento su madre le dió un segundo parto: “a partir de ahora tendrás otra vida, aprende todo lo que puedas mientras tengas a tus padres”.

René no fue a la universidad, pero aprendió a cargar sin brazos dos costales de azúcar en su espalda, de 108 libras cada uno.

En Quetzaltenango, la tierra del quetzal, René se levanta a las 5 de la mañana y vende La Prensa en el Mercado La Democracia. A las tres de la tarde, en lugar de usar sus dientes para masticar alimentos, les coloca pinceles con los que ha hecho mil cuadros. Sus cuadros tienen minuciosos detalles que le han tomado meses. Al final, unos van a dar a los muros de las casas de los turistas y extranjeros residentes en Antigüa Guatemala.

Su esposa, que se casó con él compartiendo un lugar en el Mercado La Democracia, se dedica al mismo oficio de descubrir horisontes y riveras que ahora mismo perfecciona en un cuadro del lago Atitlán.

-30 de mayo de 1999.

“La Serenidad”

A Los Angeles llegan todos vendiendo un poco de nostalgia a cambio de unos cuantos dólares: los baladistas de palabras desgastadas, los cantantes rancheros, los actores de chistes pícaros, los rockeros de estrenduosas guitarras…

En Los Angeles se producen kilómetros de sueños hollywoodenses y galones de lágrimas melodramáticas basadas en minitragedias periodísticas.

Ahí mismo, Carlos Ruiz Zafón escribió “La Sombra del Viento”, una novela que silenciosamente fue ganando más y más lectores en el mundo hispano y anglo, hasta que por accidente los medios hispanos de Los Angeles se enteraron de que aqui trabajó el escritor que fue reverenciado en la Feria del Libro de Guadalajara.

En el otro extremo, las editoriales persiguen cuentachistes de la radio y a los  locutores de la televisión para convertirlos en éxitos de ventas instantaneas.

A Carlos Ruiz Zafón no le preocupan los lectores que no leen. Le preocupan los que irán tras su segunda novela y la recomendarán de boca en boca.

-José Fuentes-Salinas.Dec.5.2004